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domingo, 28 de abril de 2019

17 fois Cécile Cassard (2002)




Título en español: 17 veces Cécile Cassard
Director: Christophe Honoré
Francia, 2002, 105 minutos

17 fois Cécile Cassard (2002) de Christophe Honoré


En 71 fragmentos de una cronología al azar (1994), Michael Haneke tomaba como referencia una serie de instantes, aparentemente inconexos, con los que construía un mosaico tan gélido como turbador. En realidad, si uno va tirando del hilo hasta llegar, en última instancia, al primero que concibió semejante manera de contar una historia, es muy probable que topáramos con Stefan Zweig (1881-1942), autor de novelas como Veinticuatro horas de la vida de una mujer (1929) o los relatos históricos de Momentos estelares de la humanidad (1927).

Sin llegar a tanto, Christophe Honoré se valió de un recurso más o menos parecido en su ópera prima, esbozo de una joven viuda que, bajo el elocuente título de 17 fois Cécile Cassard, recorría lo más significativo de la trayectoria vital de la protagonista.



Con su banda sonora a base del típico guitarreo de finales de los noventa —entonces el no va más, pero que hoy suena un tanto obsoleto— la película tiene un no sé qué de onírico, a veces incluso de fantasmal. Cécile (Béatrice Dalle) deja atrás un hijo y el ambiente provinciano de su ciudad para adentrarse en el terreno desconocido de las pensiones herrumbrosas y los callejones malolientes.

Un entorno, el de los barrios bajos de Toulouse, en el que habitan seres tan desamparados como ella y que, en lo sucesivo, se van a convertir en sus amigos inseparables: Matthieu (Romain Duris), Erwan (Ange Ruzé), Lucas... Aunque no todo es tan sórdido: también hay lugar para el humor. En ese aspecto, resulta memorable la parodia que se marca Matthieu cuando se atreve a remedar un conocido número musical de la Lola (1961) de Jacques Demy.


lunes, 24 de septiembre de 2018

Nueva vida en Nueva York (2013)




Título original: Casse-tête chinois
Director: Cédric Klapisch
Francia/Bélgica/EE.UU., 2013, 117 minutos

Nueva vida en Nueva York (2013) de Cédric Klapisch


La ventaja de ver seguidas una película y su secuela es que se advierten, aquí y allá, pequeños detalles que el director ha querido repetir, quizá como homenaje al filme precedente o, tal vez, porque pretende sacar partido de la fórmula que le dio el éxito con la anterior entrega de la saga.

Última pieza del "rompecabezas chino" que se iniciara en 2002 con L'auberge espagnole y que continuaron las posteriores "muñecas rusas" de 2005, Nueva vida en Nueva York suponía la entrada en plena madurez de sus protagonistas, a punto de convertirse en cuarentones. Personajes que son ya, definitivamente, ciudadanos de la aldea global, después de haber seguido sus aventuras por París, Barcelona, Londres, San Petersburgo y, ahora, la capital oficiosa del mundo, donde serán capaces de fingir un matrimonio de conveniencia con tal de obtener el correspondiente visado.



Aunque, volviendo a los paralelismos a los que antes aludíamos, lo primero que llama la atención es ver con qué brío corre Xavier (Romain Duris) por las calles de la Gran Manzana: se diría que no ha perdido ni un ápice de la vitalidad con la que, una década atrás, él y sus compañeros de apartamento galopaban, en Una casa de locos, por los callejones del Barrio Gótico con tal de evitar que el novio de Wendy (Kelly Reilly), un muchacho algo atolondrado e inoportunamente llegado de Inglaterra, descubriese la infidelidad de ésta con un apuesto yanqui de Santa Fe. Por cierto, que la misma situación vuelve a darse aquí, sólo que, en esta ocasión, los ya no tan jóvenes amigos se movilizarán para que la pobre Ju (Sandrine Holt) no sepa que Isabelle (Cécile de France) le pone los cuernos con la canguro del hijo de ambas...

Como se comprenderá, no se trata del único guiño luego de tres exitosas partes, pero sí de uno de los más evidentes, junto con la aparición un tanto fantasmagórica de antiguos filósofos nórdicos (en la primera película de la serie era Erasmo el que hacía acto de presencia). Otras semejanzas, en cambio, son mucho más sutiles: un vals de Chopin que ya sonaba en Una casa de locos, un antiguo vecino de Xavier al que reencuentra justo antes de la presentación de su último libro, etc. En fin. Ha pasado el tiempo y los mozalbetes de antaño son hoy padres de familia casados, separados, arrejuntaos y revueltos que debaten por Skype con el editor parisino de sus novelas o en perfecto dialecto mandarín con el consejo de administración de una importante multinacional china: asentados y algo más curtidos, sí, pero tan alocados como siempre.


Una casa de locos (2002)




Título original: L'auberge espagnole
Director: Cédric Klapisch
Francia/España, 2002, 122 minutos

Una casa de locos (2002) de Cédric Klapisch


Observo con asombro cómo ha envejecido una película que en su momento me pareció todo frescura (en realidad, la peli sigue siendo en esencia la misma: es uno el que se ha hecho mayor...) No importa. De hecho, ésa era la idea: con este filme, el director Cédric Klapisch ponía la primera piedra de un tríptico que precisamente había de dejar constancia de la trayectoria y posterior evolución de un grupo de estudiantes universitarios a los que el destino (y el programa Erasmus) reunía en Barcelona.

Sin llegar a los extremos de experimentos tipo Boyhood (2014) de Richard Linklater o la progresiva transformación en adulto del Antoine Doinel de Truffaut y Jean-Pierre Léaud, L'auberge espagnole (Una casa de locos, en la traducción castellana) daría paso, tres años después, a Les poupées russes (Las muñecas rusas, 2005) y, finalmente (al menos de momento), a Casse-tête chinois (Nueva vida en Nueva York, 2013).



Algunos de los integrantes del reparto coral de esta primera entrega —caso de Romain Duris, Audrey Tautou o Cécile de France— se consagrarían en lo sucesivo como grandes estrellas del cine francés. En efecto, ellos son prácticamente los únicos (junto con la británica Kelly Reilly) que intervienen en las tres películas de la serie: Xavier (Duris), aspirante a economista y escritor en ciernes, amén de narrador en primera persona de la historia; su apesadumbrada novia Martine (Tautou), afligida en la distancia mientras él se pega la gran vida en la ciudad condal; Isabelle (Cécile de France), la belga lesbiana amiga de Xavier que se lía con su profesora de flamenco...

Ya se sabe cómo funcionan este tipo de cintas, construidas a partir de una estructura episódica y a base de multitud de tópicos a propósito de las costumbres locales o de las distintas nacionalidades que se dan cita en el piso que comparten los protagonistas. Así pues, al rechazo inicial que, por ejemplo, suscita, sobre todo entre los alumnos francófonos, el hecho de que en la facultad las clases se impartan en catalán, le seguirá un espíritu de camaradería entre festivo y desinhibido, multicultural y tolerante, que convierte la estancia de estos jóvenes en la capital catalana en una especie de rito iniciático previo a su entrada en el mundo adulto.


sábado, 22 de septiembre de 2018

Madame Hyde (2017)




Director: Serge Bozon
Francia/Bélgica, 2017, 95 minutos

Madame Hyde (2017) de Serge Bozon


Sólo la cinematografía francesa, tradicionalmente avezada a la innovación y a las propuestas intelectualmente audaces, podía alumbrar una película tan arriesgada como Madame Hyde. Con ese toque entre surrealista y absurdo que puede encontrarse en los filmes de Bruno Dumont o en la obra de otros cineastas menos conocidos como el Samuel Benchetrit de La comunidad de los corazones rotos (Asphalte, 2015), el actor y director Serge Bozon se ha atrevido a revisitar el mito de Jekyll y Hyde para situarlo en un instituto de enseñanza secundaria de Lyon.

La protagonista, una Isabelle Huppert premiada en el Festival de Locarno por su electrizante papel de profesora de física, hace gala de insólitas facultades sobrenaturales tras haber sido alcanzada por un rayo mientras llevaba a cabo un experimento en su laboratorio.



¿Comedia metafísica o extravagante ciencia ficción? Pues, a decir verdad, ni lo uno ni lo otro, si bien Madame Hyde bebe indefectiblemente de ambos géneros. "Ninotchka se encuentra con El pequeño salvaje" titulaba su reseña el Festival Internacional de Cine de Toronto. Y nos parece una definición de lo más acertado, habida cuenta del hieratismo de la Huppert (nada que envidiar al de la Garbo en la mítica película de Lubitsch) y de la domesticación que la señora Géquil y su alter ego, Madame Hyde, llevan a cabo con Malik (Adda Senani), quien gradualmente pasará de querer emular a los raperos de los suburbios a entusiasmarse con la resolución de problemas sobre vectores.

Sin embargo, la imagen final del Lycée Arthur Rimbaud en llamas haría pensar en un trasfondo mucho más oscuro que el optimismo ilustrado del susodicho filme de Truffaut. A fin de cuentas, Bozon fantasea con la posibilidad de una docente justiciera, casada con un amo de casa (José García) tan complaciente como calzonazos, porque parte de la base de que la realidad que se vive en las aulas dista años luz de dicho ideal, estando más cerca de las continuas faltas de respeto que padece la protagonista, tanto por parte de unos alumnos maleducados que se ensañan con ella impunemente como de un director (Romain Duris) ridículo y engreído. Aun así, hay que reconocer que, a pesar de lo subversivo de su puesta en escena, Madame Hyde hace más por la educación que no planteamientos un tanto buenistas tipo Entre les murs (2008) de Laurent Cantet.


martes, 17 de julio de 2018

La bruma (2018)




Título original: Dans la brume
Director: Daniel Roby
Francia/Canadá, 2018, 89 minutos

La bruma (2018) de Daniel Roby


He aquí la típica película de desastres y cataclismos planetarios que la crítica se va a cargar sin demasiados miramientos a pesar de lo logrado de sus efectos especiales. Para empezar, por fallos de guion imperdonables (¿cómo es que esa bruma que, procedente del subsuelo, inunda las calles de París y que, en teoría, es tan nociva para la salud humana no irrita los ojos ni la piel de los protagonistas?) Pero también por la vaguedad de las razones que puedan llegar a explicar el origen y posterior desarrollo de los hechos.

En ese sentido, la hija de Mathieu (Romain Duris) y Anna (Olga Kurylenko) vive encerrada en el interior de una cápsula que la protege de las amenazas a que teóricamente se vería expuesta dada la enfermedad rara que padece. Teniendo en cuenta que la mencionada cabina puede seguir funcionando con baterías pese a la falta de suministro eléctrico y que la acción se sitúa en un futuro no muy lejano en el que los automóviles estarán provistos de semejantes artilugios, mantener en marcha la cámara hiperbárica se va a convertir en la principal preocupación de unos padres que se han quedado aislados en el apartamento de arriba junto a una pareja de ancianos.



Tanto temática como visualmente, La bruma recuerda a filmes de similar factura catastrofista como La niebla (The mist, 2007) de Frank Darabont o La guerra de los mundos (2005) de Spielberg. Cintas de hace más de una década cuyo mensaje apocalíptico se mantiene, sin embargo, vigente por mor de los crueles atentados terroristas en los que la capital francesa se ha visto envuelta en los últimos tiempos. Aun así, la pirueta final viene a desmentir los posibles vínculos metafóricos con el yihadismo abogando por una explicación más de tipo generacional según la cual los progenitores se verán forzados a padecer las consecuencias ambientales que se derivan de no haber sabido cuidar el planeta que deberían haber legado impoluto a sus hijos.

Al margen de lo que digan los críticos, hay que señalar que Dans la brume posee un ritmo narrativo trepidante que la convierte en opción ideal para una de estas tardes del mes de julio en que la combustión ocasionada por las altas temperaturas puede llegar a ser tan o más desesperante que esta neblina con acento francés.


lunes, 25 de mayo de 2015

Una nueva amiga (2014)




Título original: Une nouvelle amie
Director: François Ozon
Francia, 2014, 108 minutos
Una nueva amiga (2014) de François Ozon


No cabe duda de que François Ozon es uno de los directores de cine más audaces que hay ahora mismo en Europa. Lo que Ozon no se atreva a hacer pocos osarían ponerlo en práctica. Con su última película el cineasta francés ha vuelto a rizar el rizo una vez más (y ya van unas cuantas). En esta ocasión se trata de ahondar en el travestismo, una práctica que, pese a ser tabú en nuestra sociedad, ha dado pie a grandes filmes como Con faldas y a lo loco (1959), Tootsie (1982), Viridiana (1961) o ¿Víctor o Victoria? (1982).

Con doce candidaturas a los premios César, Una nueva amiga denota una más que evidente influencia almodovariana: en títulos del manchego tales como Tacones lejanos (1991) o Todo sobre mi madre (1999) intervienen personajes que recuerdan al David/Virginia a los que ahora da vida Romain Duris.



En cuanto a ciertos toques de fetichismo necrófilo (que haberlos, haylos: véase, si no, la escena inicial en la que se viste al cadáver de Laura [Isild Le Besco] con su vestido de boda), el referente más inmediato podría ser La piel que habito (2011). Añádase a esto su poco de trama folletinesca (dos amigas inseparables desde la más tierna infancia, una muere y le hace prometer a la otra que se ocupará de su hijita recién nacida...) y ya tenemos el esbozo principal de lo que es Une nouvelle amie.

Aun así, a pesar de la libertad y la valentía con la que Ozon aborda el tema de la condición sexual de sus protagonistas, cabe señalar que el resultado final es totalmente inverosímil (aunque quien conozca su cine sabe que este tipo de incongruencias son bastante habituales en él, puesto que parece no importarle sacrificar la credibilidad de sus historias en aras de derribar ciertos prejuicios bastante arraigados).