jueves, 26 de marzo de 2015

Las mil y dos tretas (1915)












Título original: Tysyacha vtoraya khitrost
Director: Evgenii Bauer
Rusia, 1915, 18 minutos



A través de la cerradura...

En el plano inicial, vemos al anciano marido (interpretado por S. Rassatov) sentado a la mesa de su estudio hojeando un libro que a continuación mostrará a la cámara: 1001 tretas de mujeres (instrucciones para viejos maridos). Se trata de un raído manual compilado por un tal Abracadabra. Tras consultar la artimaña número 78, el venerable esposo procede a espiar a su mujer a través del ojo de la cerradura de su tocador. La silueta de la joven esposa (Lina Bauer, casada en la vida real con el director de la película) aparece recortada en pantalla como si la estuviéramos viendo a través de los ojos de su marido.

Mediante carantoñas que usa como ardid, la mujer intenta engatusarlo. Pero él se mofa aduciendo uno de los consejos de su libro que aparece sobreimpresionado en la pantalla: "El hombre sabio nunca hace promesas sin conocer antes la petición". Pero cuando ella decide arreglarse y salir a la calle él corre tras su mujer para controlarla. Nada más salir, lucirá sus piernas ante un regocijado barrendero y después hará lo propio con un ufano empleado de correos. Ambos serán sucesivamente increpados por el marido enfurecido, a lo cual ambos hombres responden con sus risas burlonas. Pero cuando la esposa se detiene frente a un escaparate entonces será ella la que se enfade ante la negativa del marido de comprarle el capricho que le pide.



El manual de la discordia

Ya de vuelta en casa, ella aprovechará una siesta del esposo para introducir a su amante (encarnado por Sergei Kvasnitskii) en la habitación contigua. En pleno flirteo, el anciano despierta y ella obliga al amante a esconderse en el armario. Colérico, el marido busca al intruso. Mas cesará en su empeño cuando la mujer le haga "comprender" que, por culpa del dichoso libro, se está volviendo un maniático desconfiado. Él lo tira al suelo al sentir que se ha quitado un peso de encima y abandona la sala dando saltos de alegría. La mujer libera entonces al amante de su encierro en el armario y celebra haber descubierto una treta nueva para engañar a su crédulo marido: la número 1002...

Por lo desenfadado e incluso atrevido de su argumento, esta comedia de Bauer (probablemente, el cineasta más destacable de la Rusia prerevolucionaria) parece anticiparse al famoso toque Lubitsch. Alternativamente, los personajes se burlan los unos de los otros, si bien al final acabará triunfando la astucia femenina, contra la que nada puede hacer el consabido manual.


miércoles, 25 de marzo de 2015

Close-up (1990)











Título original: Nema-ye Nazdik
Director: Abbas Kiarostami
Irán, 1990, 98 minutos

En el interior de un coche que recorre las calles de una zona residencial de Teherán, el periodista Hossain Farazmand y un grupo de policías se dirigen al domicilio de los Ahankhah. Allí procederán a detener a Hossian Sabzian, quien se encuentra en el interior de la vivienda. Pero el reportero cae en la cuenta en ese preciso instante de que necesita una grabadora para inmortalizar el momento y sale corriendo por el vecindario en busca de una.

La trama salta entonces al tribunal en el que se está juzgando a Sabzian por el insólito delito de haber suplantado la identidad del realizador iraní Mohsen Makhmalbaf. A lo largo de muchos minutos el acusado y demás testigos irán desgranando los pormenores de tan inaudita historia.

Rodada en un estilo semidocumental, Close-up está protagonizada por las personas que se vieron involucradas en el hecho real que dio pie a la película interpretándose a sí mismas. Llama la atención la humanidad que desprende el proceso judicial, puesto que el impostor será exculpado con la condición de que pida perdón a la familia afectada. Con lágrimas en los ojos y maceta en ristre, Sabzian implorará y obtendrá la compasión de todas las partes implicadas.

Makhmalbaf y Sabzian en el fotograma más recordado de Close-up

lunes, 23 de marzo de 2015

Pasolini (2014)












Director: Abel Ferrara
Francia-Bélgica-Italia, 2014, 86 minutos




A priori, una película titulada Pasolini, que trata de Pasolini, protagonizada por Willem Dafoe, con la participación estelar de Ninetto Davoli (el que fuera actor fetiche y amante del propio Pasolini) y dirigida por Abel Ferrara genera todas las expectativas habidas y por haber. Otro muy distinto cantar es el que resulta cuando el espectador se sienta frente a la pantalla, ávido por degustar lo que supuestamente debía ser una obra maestra, y sin embargo se encuentra, para su sorpresa, con un manido biopic repleto de los acostumbrados lugares comunes. ¿Era realmente necesaria esta película? ¿Qué aporta que no se haya dicho ya a estas alturas sobre el director italiano?

Si el objetivo era reconstruir las últimas horas de vida antes de su brutal asesinato, el film de Ferrara supone a todas luces un intento fallido, teniendo en cuenta que no profundiza en detalle alguno y que ya otros trabajos anteriores (como Pasolini, un delito italiano, dirigido en 1995 por Marco Tullio Giordana) llegaron mucho más lejos. Si, por contra, se perseguía un acercamiento más penetrante a su personalidad, de nuevo la tentativa va manifiestamente errada: por mucho que Willem Dafoe lleve a cabo una excelente labor, no existe mejor testimonio sobre Pasolini que sus propias películas y los cientos de horas de entrevistas que se conservan.

Aunque, a fin de cuentas, no debería sorprendernos en absoluto nada de lo arriba expuesto. Era de esperar que acabara sucediendo algo por el estilo, ya que estos italoamericanos pueden ser muy peligrosos cuando se ponen intelectuales.



domingo, 22 de marzo de 2015

El viento nos llevará (1999)













Título original: Bad ma ra khahad bord
Director: Abbas Kiarostami
Irán-Francia, 1999, 115 minutos



Extrañamente, los paisajes del film tienen algo de van Gogh

La poetisa iraní Forough Farrokhzad (1935-1967) dejó tras su prematura muerte algunos bellos poemas, como el que contiene el verso que da título a esta película de su compatriota Abbas Kiarostami y que a continuación reproducimos:

"El viento nos llevará..."

En mi noche, tan breve, ¡ay!
El viento está a punto de encontrar las hojas.
Mi noche tan breve está llena de devastadora angustia.
¡Escucha!¿Oyes los susurros de las sombras?
Esta infelicidad que siento ajena a mí.
Estoy acostumbrada a la desesperación.
¡Escucha!¿Oyes los susurros de las sombras?
Allí, en la noche, algo está ocurriendo.
La luna está roja e inquieta.
Y, agarrada a este tejado,
podría derrumbarse en cualquier momento.
Las nubes, como una multitud de mujeres de luto,
esperan el nacimiento de la lluvia.
Un segundo, y luego nada.
A través de esta ventana,
la noche tiembla
y la tierra deja de girar.
A través de esta ventana, un extraño se preocupa por
mí y por ti.
Tú, en nuestro césped,
pon tus manos -aquellos abrasadores recuerdos-
en mis tiernas manos
y pon tus labios, llenos de calor vital,
en contacto con mis tiernos labios.
¡El viento nos llevará!
¡El viento nos llevará!

Un grupo de hombres llega de improviso en un todoterreno a una pequeña aldea del Kurdistán llamada Valle Negro. Aunque, medio en serio medio en broma, harán creer al niño protagonista que están buscando un tesoro, lo cierto es que forman parte, en realidad, de un equipo de cine que pretende rodar, en secreto, el funeral de una anciana del pueblo. Se nos va a mostrar, por tanto, una comunidad idílica en la que las personas todavía se ayudan mutuamente porque allí no han desembarcado aún el progreso y sus funestas consecuencias deshumanizadoras. A tal efecto, es enormemente significativa la última imagen: lanzando el fémur al riachuelo, el ingeniero parece rendirse al orden natural que impera en la aldea. Restituye a la naturaleza lo que es suyo y contribuye así a que continúe el ciclo de la vida.

Como es habitual en sus filmes, el estilo de Kiarostami se mueve entre lo documental y lo contemplativo. No faltan las escenas en el interior de un vehículo en marcha ni la repetición de acciones (como la del ingeniero interpretado por Behzad Dorani cada vez que tiene que subir al cementerio, en lo alto del pueblo, para obtener cobertura y poder hablar por teléfono con su productora).

Aunque a los seguidores de Kiarostami el área rural en la que se ubica El viento nos llevará les tiene que resultar por fuerza familiar, ya que recuerda bastante a la localización de otras películas suyas como, por ejemplo, ¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987), Y la vida continúa (1992) o A través de los olivos (1993). Así lo atestiguan las casitas tradicionales con sus irregulares balcones de madera o el colorido de los campos.

Collage con diferentes escenas del film

Ten (2002)













Título original: Dah
Director: Abbas Kiarostami
Irán-Francia, 2002, 89 minutos




En las películas de Hitchcock siempre aparecía el director durante unos instantes; emulando al gran maestro, Martin Scorsese hace lo propio en las suyas; en las de otros cineastas también pueden hallarse elementos que, a modo de leitmotiv, se repiten una y otra vez como si de una marca se tratara. Por ejemplo, la diminuta anciana que a duras penas logra introducir el casco de una botella en un contenedor de reciclaje en la trilogía Tres colores de Krzysztof Kieslowski (o incluso en la póstuma El infierno, dirigida en Francia en 2005 por Denis Tanovic sobre guion del propio Kieslowski).

En el caso del director iraní Abbas Kiarostami su personal obsesión son los coches. Y es que no hay film de Kiarostami en el que los diálogos de alguna de las escenas no estén rodados en el interior de un coche en movimiento. Rizando el rizo, en Ten se atrevió a llevar al extremo dicho motivo, pues toda la película consiste en las conversaciones que mantiene la conductora (una divorciada que interpreta la actriz Mania Akbari) con su rebelde hijo y otras tantas personas que comparten trayecto con ella: una anciana que se dirige a un mausoleo para rezar, una mujer repudiada, una prostituta...

De las personas que copilotan el coche y de lo que dicen se desprenden al pronto varias conclusiones: en primer lugar, que la sociedad iraní, al menos en Teherán, es más diversa y abierta de lo que tenemos tendencia a creer en occidente; y, por otra parte, que el protagonismo absoluto en esta película se lo llevan las mujeres: no solo por ser mayoría abrumadora en el elenco sino sobre todo por la libertad con la que se expresan al referirse a cuestiones como el sexo o sus propios derechos.

A nivel técnico, la factura de Ten es, asimismo, de una austeridad insólita: una única cámara fija que en cada una de las diez secuencias deja fuera de campo a uno de los dos intérpretes, sonido ambiente, ausencia de música (excepto la pieza al piano "Walking on the air" en los créditos finales), iluminación natural... ¿Qué más se necesita para hacer buen cine?

sábado, 21 de marzo de 2015

Ella (2012)













Director: Juan Montes de Oca
España, 2012, 20 minutos



La historia que cuenta Ella tiene lugar entre dos puntos del globo teóricamente bastante alejados: la Palma de Mallorca del 2011 y el Nueva York de 1965.

Pero, ¿qué es exactamente EllaElla es un cortometraje de animación que fue realizado en 2012 por la Unidad de Animación y Tecnologías Audiovisuales de la Universidad de las Islas Baleares (LADAT) y dirigido por Juan Montes de Oca. A partir de la canción "My girl", de los Temptations, se recrea una entrañable historia sobre el reencuentro, las casualidades y las segundas oportunidades que a veces da la vida. También nos habla del poder redentor que puede poseer la música, de los sin techo, del alcoholismo, de la tercera edad, de cómo la inocencia de un niño tiene consecuencias sobre una antigua pareja de enamorados.

Desde que se estrenara en Palma hace ya tres años, Ella ha recibido más de cincuenta premios nacionales e internacionales, entre los cuales el galardón al mejor cortometraje de animación del festival de cine The Spirits of the Earth que se celebra cada año en Turín (Italia).

Ella es producto de las innumerables horas de trabajo que los profesores del LADAT llevaron a cabo bajo la supervisión de Juan Montes de Oca tras impartir sus clases en la UIB. A tal efecto. utilizaron la misma tecnología que enseñan en el Máster MA ISCA, unos estudios para los que no se requiere ninguna titulación en especial más que tener la destreza y determinación suficientes.

Queda claro, pues, que aquí también es posible concebir películas de animación de calidad, ya que lo esencial, más allá de los medios materiales, es la creatividad artística.

Joel ha visto algo desde su habitación
Joel regala música a un vagabundo
Hoy un alcohólico, pero ayer...
Nueva York, 1965
Palma, 2011

Gritar al diablo (1976)














Título original: Shout at the Devil
Director: Peter Hunt
Reino Unido, 1976, 115 minutos

Cartel original de Gritar al diablo (1976)

El ya desaparecido Peter Roger Hunt (1925-2002) dirigía en 1976 Gritar al diablo, una pretenciosa mezcla de drama histórico, aventuras bélicas y acción. Hunt debutó en la dirección en 1969 con 007 al servicio secreto de su majestad y previamente había sido el encargado del montaje en varias producciones de la saga Bond: Agente 007 contra el Doctor No (1962), Desde Rusia con amor (1963) y James Bond contra Goldfinger (1964). Curiosamente, nunca dirigió a Roger Moore encarnando al agente británico. Sí que lo haría en 1974 en Oro, otra cinta de ambientación africana que comparte con Gritar al diablo no solo actor protagonista y guionista (Wilbur Smith) sino también parte del equipo de rodaje.

En el caso de Shout at the Devil, además del ya citado Roger Moore (quien interpreta a Sebastian Oldsmith), en el resto de papeles principales encontramos a Lee Marvin (dando vida al alcoholizado coronel Flynn O'Flynn), Barbara Parkins (como Rosa, la hija de O`Flynn y mujer de Oldsmith) e Ian Holm (Mohammed, el criado mudo de O'Flynn).

La acción se sitúa en Zanzíbar en 1913, justo antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, cuando el coronel americano Flynn O'Flynn se aprovecha del joven e inexperto aristócrata británico Sebastian Oldsmith para que le ayude a obtener furtivamente el marfil procedente del territorio controlado por los alemanes en el Este de África, hecho que motivará el ser perseguidos encarnizadamente por Herman Fleischer, el comandante local Provincial germano. Cuando más tarde Oldsmith se contagie de malaria recibirá los cuidados atentos de Rosa, la hija de Flynn, de la que se enamorará, y con la cual se casará y tendrá una hija: Maria. Finalmente, al declarar Gran Bretaña la guerra a Alemania y agravarse el conflicto, se planea en última instancia llevar a cabo un audaz ataque (con bomba de relojería incluida, escondida en una caja de habanos) contra el acorazado alemán Blücher (el mismo que arrolla en alta mar a los protagonistas al inicio de la trama), el cual se halla camuflado en un estuario local.

Como película que pretendía entroncar con una tradición cinematográfica muy concreta, Gritar al diablo se hacía eco de los tópicos más habituales del género: los occidentales mezclados con los locales en las calles y cafés de una ciudad colonial al modo de Casablanca (1942); la adicción a la ginebra del personaje de Lee Marvin que recuerda a la de Bogart en La reina de África (1951) así como las diversas escenas fluviales; los momentos de cacería como en Mogambo (1953) o la banda sonora de Maurice Jarre que hace pensar en Lawrence de Arabia (1962). También habría algo de Las minas del rey Salomón o, incluso, de El corazón de las tinieblas, la novela de Conrad que a tantos cineastas ha inspirado.

En fin: el cine y, sobre todo, el mundo iban ya por otros derroteros muy distintos en 1976. Aun así la película contiene un cierto aire crepuscular, si bien muy lejos de los modelos en los que se inspira.

El duro Lee Marvin moriría en 1987 de un ataque al corazón
O'Flynn (Marvin) acabará enredando a Oldsmith (Moore) en repetidas ocasiones
Rosa (Barbara Parkins) junto a Sebastian (Roger Moore)
Fleischer (Reinhard Kolldehoff) en pleno festín
Ian Holm interpretando al mudo Mohammed

viernes, 20 de marzo de 2015

Alondras en el alambre (1969)












Título original: Skrivánci na niti
Director: Jirí Menzel
Checoslovaquia, 1969 (estrenada en 1990), 94 minutos

Alondras en el alambre (1969)

La escritora Teresa Pàmies solía comentar que los checos son gente muy instruida, de un nivel cultural destacable. Y si lo decía era, sin duda, con total conocimiento de causa, ya que durante varios años residió exiliada en Praga. De las inquietudes intelectuales y políticas que se vivían en dicho país durante el periodo comunista da buena cuenta Alondras en el alambre, la película que Jirí Menzel rodó en 1969 como ejemplo representativo de la Primavera aperturista, pero que sería inmediatamente secuestrada por las autoridades: de hecho, su director permanecería cinco años inhabilitado y la película prohibida durante más de veinte.

Pero, ¿a qué fue debido tanto revuelo? Quizá si pasamos a comentar su argumento se vea más claro: hacia 1950, durante los severos procesos de "rectificación" llevados a cabo por los comunistas, un conjunto de personajes represaliados muy particular es enviado a una fundición en la ciudad de Kladno para que reciclen los restos del antiguo orden y fabricar con ellos nuevos tractores y herramientas. Alondras en el alambre hace referencia, por consiguiente, al tratamiento que recibían los antiguos elementos burgueses sospechosos: un profesor, un saxofonista y un lechero, en este caso, que han sido destinados a dicho depósito de chatarra para obtener su rehabilitación.

Resulta, a tal efecto, especialmente llamativo el punto de vista cáustico que posee esta brigada de trabajadores. Sobre todo en contraste con el grupo de prisioneras siempre sonrientes que también están allí condenadas a trabajos forzados. Y en medio de estos dos grupos que inevitablemente se sentirán atraídos se perfila la figura de un torpe guardián incapaz de impedir la bella historia de amor que acaba surgiendo entre la prisionera Jitka y Pavel el cocinero.

Como queda claro, demasiada ironía para un régimen autoritario que no podía tolerar que se cuestionasen sus métodos. Luego vendrían los tanques soviéticos y, más tarde todavía, el restablecimiento de las libertades democráticas tras la caída del muro de Berlín. Cuando finalmente se pudo estrenar en el festival de cine de esa misma ciudad en 1990, Alondras en el alambre obtendría el Oso de Oro.

La novia acabará bañada en vino
"La chatarra de hoy serán tractores mañana"
Andel, el guardián, absorto
El joven cocinero Pavel y la prisionera Jitka

jueves, 19 de marzo de 2015

Symphonie bizarre (1909)












Director: Segundo de Chomón
Francia, 1909, 5 minutos



Symphonie bizarre (1909)

El pionero aragonés Segundo de Chomón (Teruel, 1871-París, 1929) dejó para la posteridad una pléyade de pequeñas joyas como esta Symphonie bizarre que produjeran los hermanos Pathé allá por 1909. A menudo eclipsado por Méliès, el español destacó por su imaginativo uso de los trucajes.

En el caso de la extraña sinfonía que ahora nos ocupa, todo comienza con unas siluetas dibujadas al carbón sobre una pared callejera. Las sombras crecen rápidamente ante la mirada atónita del espectador que las ve convertirse en un grupo de ocho chiflados, la mayoría disfrazados de payasos y todos interpretando algún instrumento musical.

Comienza entonces un disparatado pasacalles en el que los diferentes miembros de la troupe se van transformando en diversos objetos. Primero parecen ser engullidos por el bombo de uno de ellos y más tarde se opera una espléndida metamorfosis colectiva en sombrillas.


miércoles, 18 de marzo de 2015

2 otoños, 3 inviernos (2013)













Título original: 2 automnes, 3 hivers
Director: Sébastien Betbeder
Francia, 2013, 91 minutos

Treintañeros desorientados

2 otoños, 3 inviernos (2013)


A simple vista, 2 otoños, 3 inviernos no parecería el mejor de los títulos posibles, habida cuenta de que la última película de los hermanos Dardenne se titula Dos días, una noche. Sin embargo, el film del francés Sébastien Betbeder (Pau, 1975) se estrenó justo un año antes que el protagonizado por Marion Cotillard: en mayo de 2013 el primero y en el mismo mes, pero de 2014, el segundo. Luego es a los belgas a quienes debería acusarse de falta de originalidad.

Aunque no son estos detalles tiquismiquis los realmente destacables en este caso sino el hecho de constatar cómo, poco a poco y de un tiempo a esta parte, se va haciendo evidente en el último cine galo una cierta tendencia a intentar recuperar la frescura por la que en su día descollaron los directores de la Nouvelle vague. Títulos como, por ejemplo, Declaración de guerra (2011), La fille de nulle part (2012), La chica del 14 de julio (2013) o este mismo 2 otoños, 3 inviernos son inmejorable prueba de ello.

En la película que ahora nos ocupa Arman (Vincent Macaigne)  toma la determinación, a los 33 años, de darle un giro radical a su existencia. Así pues, los fines de semana sale a correr por el parque, decide dejar el tabaco y se propone buscar un empleo mejor. Entretanto se cruzará en su camino Amélie (Maud Wyler), una chica que también ha optado por hacer ejercicio los sábados. A lo largo de los dos otoños y tres inviernos que reza el título, las vidas de Amélie, Arman y su amigo Benjamin (Bastien Bouillon) se entremezclarán, repletas de un sinfín de escollos que deberán ir sorteando con mayor o menor fortuna.

El planteamiento de la historia, a modo de piezas numeradas y con su propio título (como si se tratara de un puzzle) es atrevido si se lo compara con las tendencias al uso, aunque no novedoso. Quizá de ahí las diversas citas cinéfilas que contiene la película: se incluye un fragmento de La salamandra de Alain Tanner y otro de La noche de los muertos vivientes de George A. Romero; el protagonista tiene colgado en casa un cartel de Cuatro noches de un soñador de Robert Bresson... ¿Declaración de principios sobre la tradición cinematográfica con la que se pretende conectar? ¿O más bien caricatura de los gustos fílmicos de unos treintañeros que no han sabido encontrar su lugar al llegar a la edad adulta? Probablemente, lo uno y lo otro.

En todo caso, mientras ni aquí ni en casi ninguna parte se apueste por un tipo de cine más arriesgado y se siga insistiendo con denuedo en complacer por sistema al espectador, habrá que celebrar que al menos nos lleguen de vez en cuando propuestas algo más audaces desde el país vecino. Ya lo dijo Woody Allen en el desenlace de Un final made in Hollywood alzando los brazos al cielo: "Thank God the French exist!!" ("¡Gracias a Dios que existen los franceses!")


Benjamin y Arman: ¿treintañeros o tardoadolescentes?


martes, 17 de marzo de 2015

Le tempestaire (1947)












Director: Jean Epstein
Francia, 1947, 22 minutos



Títulos de crédito iniciales

La penúltima película dirigida por Jean Epstein recuperaba el ambiente hipnótico de La caída de la casa Usher. Una joven y una mujer mayor hilan en silencio en su morada a orillas del mar en una aldea bretona, mientras  afuera el viento sopla amenazador. A pesar de las señales de mal augurio, el novio de la muchacha (un temerario marinero) hace caso omiso de sus advertencias y decide hacerse a la mar. Desesperada, ella solicitará la ayuda de un misterioso anciano y de su mágica bola de cristal para calmar las aguas embravecidas.

Le tempestaire tiene algo que hace pensar en los ambientes opresivos calvinistas de la Dinamarca profunda que retratara Dreyer en películas como Dies irae (1943). Aunque aquí el verdadero protagonista es el mar de las costas de Belle-Île-en-Mer y Morbihan, en la Bretaña francesa. Y sobre todo el viejo marinero barbudo capaz de hacer retroceder las olas del temporal: en realidad, se trataba de un vecino de la localidad apodado Moule ("Mejillón") y su bola de cristal no era más que una de las boyas de vidrio que solían ir atadas a las redes antiguamente. Pero la imagen tiene ímpetu como representación visual de los arcanos insondables que rigen las fuerzas de la naturaleza y de cómo el hombre trata de domeñarlos.

Una vez más, Jean Epstein se revela como un poeta de enormes proporciones.


Los exteriores se rodaron en Belle-Île-en-Mer y Morbihan

La anciana a la joven: "No hay que creer en los malos augurios: ¡está prohibido!"

La fuerza del mar embravecido

La joven teme por la suerte de su prometido

El viejo Moule ve el mar a través de su bola

Se produce el milagro

lunes, 16 de marzo de 2015

Samba (2014)













Directores: Olivier Nakache y Éric Toledano
Francia, 2014, 120 minutos



La más reciente película de los directores Olivier Nakache y Éric Toledano fue la encargada de cerrar la última edición del Festival de cine de San Sebastián. Cuenta la historia del senegalés Samba Cissé (Omar Sy), quien lleva una década viviendo en Francia, tiempo durante el cual se ha visto obligado a desempeñar empleos modestos de todo tipo. En cambio, Alice (Charlotte Gainsbourg) es una ejecutiva que tuvo que abandonar su trabajo debido a una crisis de estrés que le hizo agredir a uno de sus compañeros.

Ambos se conocen en una oenegé dedicada a ayudar a inmigrantes, en la que ella participa como voluntaria con la finalidad de ir poco a poco recuperando su autoestima y adonde él acude dispuesto a hacer lo que haga falta con tal de conseguir regularizar su situación en el país galo. De modo que tanto Samba como Alice tienen en común su afán por superar sus respectivos baches vitales. Por eso, entre ellos acabará germinando un idilio tan sincero y tierno como de consecuencias imprevisibles.

La otra pareja del film es la formada por Manu (la compañera de Alice en la oenegé, interpretada por Izïa Higelin) y Wilson (el pseudobrasileño al que da vida el actor Tahar Rahim).



Sea como fuere, lo cierto es que Samba no acaba de convencer. Es una de aquellas películas en las que uno se pasa todo el rato esperando que suceda algo que no llega a ocurrir nunca del todo. Y ello sea debido quizá a dos factores: el primero es que nos repitieron tantas veces, por activa y por pasiva, que Intocable era una gran película que finalmente la idea acabó por arraigar, de tal manera que ahora todo el mundo espera que Nakache y Toledano vuelvan a repetir el mismo éxito con cada uno de los filmes que estrenen en lo sucesivo. El otro motivo es de una contundencia sin ambages: la historia explicada en Samba no se aguanta por ninguna parte de lo inverosímil que resulta. No solo es superficial sino que ni Tahar Rahim es creíble como seductor carioca ni nadie se cree que la ejecutiva Alice se prende del inmigrante ilegal (por más que la campaña promocional insista en que el guion está basado en los hechos reales que vivió la novelista Delphine Coulin).

Moraleja: los taquillazos no siempre se pueden fabricar. Afortunadamente.

Los directores junto a Sy y Rahim

domingo, 15 de marzo de 2015

Jean Epstein, jóvenes océanos de cine (2011)











Título original: Jean Epstein, Young Oceans of Cinema
Director: James June Schneider
Francia, 2011, 68 minutos

Jean Epstein, jóvenes océanos de cine (2011)

La Bretaña francesa supuso para Jean Epstein algo así como su abrupto paraíso redentor. Buscando nuevos horizontes, llegó allí cuando la industria cinematográfica no podía colmar por más tiempo sus aspiraciones personales. En el agreste y escarpado paisaje bretón hallaría el refugio ideal, conmovido por la feroz belleza de su mar eternamente enfurecido.

Finis terrae fue, en 1929, la primera de una serie de películas que presentan como telón de fondo el áspero mundo de los marineros de aquella región. Le seguirían Mor vran (1931), L'or des mers (1932), Chanson d'Armor (1934), La Bretagne (1936), La femme du bout du monde (1938), Le Tempestaire (1947) y, por último, Les feux de la mer (1948). Tras su paso por aquellos parajes, Epstein dejaría amigos para toda la vida; como por ejemplo François Morin, con quien se cartearía frecuentemente. Muchos de ellos intervinieron en estas películas, ya fuera como ayudantes durante el rodaje, extras o, incluso, actores secundarios.

El cineasta estadounidense afincado en Francia James June Schneider quedó tan hondamente impresionado por los filmes bretones de Epstein que decidió visitar aquellos parajes para rodar este documental. Complementado con una entrevista de archivo que en 1994 concedió Marie, la hermana de Jean Epstein, nos muestra cómo son en la actualidad algunos de los espacios filmados en su momento por el director francés. Sobreimpresionadas, se muestran, asimismo, algunas citas del Epstein teórico. Como aquella en la que dice: "El cine es el más poderoso medio de poesía, el medio más real de lo irreal. Es por esto por lo que algunos de nosotros hemos puesto en él nuestras más grandes esperanzas".

Acantilado bretón con cita de Epstein sobreimpresionada:
"El cine... pone a dios en todas partes"

¡Viva la vida! (1938)











Título original: Vive la vie!
Directores: Jean Epstein y Jean Benoit-Levy
Francia, 1938, 40 minutos

El movimiento AJISTE (Asociación de la juventud para los deportes y el ocio) encargó este documental con el objetivo de promocionar su nutrida red de albergues. Además de algunas canciones propias de dicha agrupación, se incluye una breve dramatización.

Tres jóvenes veinteañeros se conocen en uno de estos albergues, al que han acudido para esquiar y relacionarse con otros chicos y chicas de su edad. Uno de ellos, desoyendo las advertencias de los demás, se adentrará en la nieve durante un temporal nocturno. Finalmente, todo queda en un simple susto. Por las noches, la multitud eufórica bailará en corro alrededor del fuego, cogidos de la mano.

Jean Epstein (1897-1953)

sábado, 14 de marzo de 2015

Marius y Olive en París (1935)











Título original: Marius et Olive à Paris
Director: Jean Epstein
Francia, 1935, 67 minutos

Marius y Olive en París (1935) de Jean Epstein


Disparatada comedia sobre un par de amigos marselleses y sus andanzas en la capital francesa. El orondo Marius (encarnado por el actor Marcel Barencey) es un mediocre hombre de letras, miembro de la academia local: como todos sus colegas saben (y se burlan abiertamente de ello) siempre adereza sus discursos y anécdotas con la manida frase: "Y entonces vi dos puntos luminosos que me miraban en la oscuridad". Tanto él como el pusilánime Olive (René Sarvil) se embarcan en mil y una aventuras con el fin de casarse.

A tal efecto, se prestarán a enseñarles el acento marsellés (y lo que haga falta) a un par de jóvenes actrices que necesitan preparar su papel para una próxima película. A pesar de que ellas parecen ser chicas de moral relajada (llegan a huir por la ventana del hotel atando las sábanas como si fueran cuerdas) y de que un extraño señor extranjero que luce una larguísima barba de chivo intenta seducirlas, lo cierto es que la película acabará con el regreso de la pareja protagonista a Marsella y una boda doble.

Por su desenfado y lo tronado de muchas de las situaciones que plantea, Marius et Olive à Paris presagia con mucha antelación lo que treinta años después hará Jean-Luc Godard en filmes como Bande à part.



El arbolito que luce Olive en la mano será ofrecido a Napoleón ante la columna de la Place Vendôme

Estrafalaria pedicura

La Borgoña (1936)










Título original: La Bourgogne
Director: Jean Epstein
Francia, 1936, 21 minuos

Al igual que ya sucediera en La Bretagne, Jean Epstein vuelve a contar con el mismo equipo para plasmar en imágenes los rincones más pintorescos de la región francesa que da título a este documental. La narración está de nuevo a cargo de Leandre Vaillat y la música pertenece, una vez más, a Henri Casadesus (1879-1947). Por cierto que este Henri Casadesus es el padre de la hoy ya centenaria actriz francesa Gisèle Casadesus, famosa (entre otras cosas) por ser la venerable anciana protagonista de la película Mis tardes con Margueritte (La tête en friche), coprotagonizada por Gérard Depardieu y dirigida en 2010 por Jean Becker.

A los idílicos prados surcados por locomotoras del comienzo, seguirán detallados planos de las canteras, viñedos, bucólicos valles y monumentales iglesias borgoñonas, prestando especial atención a la ciudad de Dijon, la capital del departamento.

Tanto La Bretagne como La Bourgogne fueron, en realidad, encargos de la Red francesa de ferrocarriles. Es decir: trabajos meramente alimenticios en una época en la que Jean Epstein se veía acuciado por las deudas. Con todo, sus documentales sirvieron para preservar impresiones y paisajes de un tiempo pasado que, desgraciadamente, ya no existe y que no regresará jamás.

En el centro, Jean Epstein


viernes, 13 de marzo de 2015

Corazón de mendigo (1936)









Título original: Coeur de gueux
Director: Jean Epstein
Francia, 1936, 80 minutos

Cartel promocional de Corazón de mendigo (1936)

El pintor Jean Berthier y su mejor amigo son dos jóvenes de la alta burguesía que pasan la mayor parte de su tiempo asistiendo a fiestas y llevando una vida disoluta. Un día visitan una perfumería con el objetivo de comprar una esencia para la amante de Jean (una conocida artista de Music-Hall), pero Berthier quedará prendado de la dependienta (Claude, interpretada por Madeleine Renaud). Tras un fugaz idilio, Claude acaba embarazada pero, sintiéndose ignorada, se marcha a vivir a una pequeña aldea sin decirle nada a Jean. Allí, tras un fallido intento de suicidio, conocerá a un anciano bonachón jefe de una compañía de feriantes que se hará cargo de la madre y de la criatura como si de un padre adoptivo se tratara.

Entre los elementos destacables de la película, resulta especialmente cómico el amigo de Berthier, señorito estrafalario que suele enredarse en un muy personal galimatías cada vez que intenta argumentar algo. Por ejemplo, suele iniciar sus disquisiciones planteando alternativas que es incapaz de completar: "Por una parte, tal..." o "Esto es debido a dos motivos: uno sería cuál..." Pero cuando sus interlocutores, desconcertados, le preguntan anhelantes por la otra razón, él se encoge de hombros y zanja bruscamente la cuestión.

Madeleine Renaud y Ermete Zacconi

La Bretaña (1936)











Título original: La Bretagne
Director: Jean Epstein
Francia, 1936, 25 minutos

Estando en la cima de su carrera, Jean Epstein decidió romper con la industria del cine para instalarse en la península bretona y seguir desde aquel lugar una vía más personal e innovadora. El documental La Bretagne es parte del material que allí filmó.

Una voz en off y diversas canciones tradicionales sirven de hilo conductor para presentar esta estampa idílica de la región. Sucesivamente, se nos irán mostrando las jóvenes ataviadas con la típica cofia blanca mientras rellenan latas en una fábrica de conservas; la procesión de los santos locales (en realidad, vecinos envueltos en túnicas); las embarcaciones típicas en la zona de la costa; escenas de la vida cotidiana en diferentes lugares...

Montaje de James Schneider a partir de los paisajes bretones en los que filmó Jean Epstein.