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lunes, 20 de mayo de 2019

La última locura de Claire Darling (2018)




Título original: La dernière folie de Claire Darling
Directora: Julie Bertuccelli
Francia, 2018, 94 minutos

La última locura de Claire Darling (2018)


Sería muy fácil despachar por la vía rápida el comentario de La dernière folie de Claire Darling (2018) limitándose a decir que la película explica el triste final de una señora enferma de alzhéimer. Fácil y, sobre todo, frívolo. Porque partiendo de una novela de la norteamericana Lynda Rutledge (Texas, 1950), Julie Bertuccelli ha sabido construir un filme de resonancias proustianas en el que el hallazgo casual de un anillo, olvidado durante decenios en el fondo del cajón de una cómoda, puede desencadenar mil y un recuerdos de un pasado tan remoto como doloroso.

Lo cual es otra de las características esenciales de la cinta: ese constante ir y venir desde el presente hasta épocas pretéritas según el modelo fijado por el Bergman de Fresas salvajes (1957). Y así, en su afán por desprenderse de los muchos enseres que ha ido acumulando a lo largo de su vida, el personaje de Catherine Deneuve se verá en la tesitura de tener que afrontar no pocos de los fantasmas que llevan atenazándola desde su juventud.

Deneuve / Mastroianni: madre e hija en la ficción y en la realidad


Una atemporalidad que forzosamente provoca el que los límites entre el aquí y ahora y las evocaciones de su memoria se hayan ido desdibujando hasta hacer de ella un ser frágil y a expensas de la codicia de los numerosos parroquianos que se cuelan en el jardín de la mujer, ávidos de apropiarse de sus libros y muebles.

Aunque los desvaríos de Claire tendrán, como contrapartida, la irrupción en escena de su hija (Chiara Mastroianni), ausente durante años del entorno familiar, y de la joven Martine (Laure Calamy), amiga de infancia del malogrado hijo de la vieja dama. Planteamiento que obliga a desdoblar la puesta en escena en dos niveles temporales, siendo Alice Taglioni quien interpreta a la madame Darling de hace tres décadas.


lunes, 25 de junio de 2018

Las guardianas (2017)




Título original: Les gardiennes
Director: Xavier Beauvois
Suiza/Francia, 2017, 138 minutos

Las guardianas (2017)


A sus apenas cincuenta años, el actor y director Xavier Beauvois va camino de convertirse en una de las voces más singulares del cine francés. Como intérprete hace poco que lo veíamos en Un sol interior de Claire Denis, mientras que el penúltimo de los diez títulos que hasta la fecha ha dirigido, la comedia negra El precio de la fama, se remonta a 2014: clicando sobre la etiqueta que lleva su nombre al final de esta entrada accederéis al comentario que, en su día, dedicamos a ambas películas. 

Aunque el filme que, sin duda, le ha valido un mayor reconocimiento por parte de crítica y público es De dioses y hombres (2010), aquella reposada cinta sobre las tribulaciones de una comunidad de frailes que decidía arriesgarse a permanecer en suelo argelino durante los aciagos días del fundamentalismo islámico.

Y es curioso porque en Las guardianas, la que, de momento, es la más reciente de sus incursiones en la dirección, parece haber recuperado aquel mismo tempo narrativo lánguido y sereno, ahora para centrarse en la labor de un grupo de mujeres en la retaguardia mientras sus maridos, hermanos e hijos se juegan la vida en las trincheras de la Primera Guerra Mundial.

Para interpretar a la adusta Hortense, la actriz Nathalie Baye
(izquierda) no ha dudado en avejentar su apariencia física


Por el retrato que lleva a cabo, en pleno contexto rural, a propósito de un matriarcado que debe apañárselas para sobrevivir sin presencia masculina a resultas de un conflicto armado que reclama sus servicios, la película de Beauvois presenta no pocas similitudes con la reciente La mujer que sabía leer. Y no sólo por el tema, sino también, a nivel visual, por una dirección de fotografía claramente inspirada en el universo pictórico de las espigadores de Millet.

"La guerra de los hombres / La batalla de las mujeres": el eslogan publicitario de Les gardiennes resume certeramente cuáles han sido las intenciones de su director a la hora de adaptar la novela homónima de Ernest Pérochon (1885-1942). Un texto que data de 1924 y cuya versión cinematográfica protagonizan Nathalie Baye (Hortense) y Laura Smet (Solange), madre e hija en la ficción y en la vida real: de hecho, casualidades del destino, el estreno de la película en Francia coincidió con el fallecimiento de Johnny Hallyday, exmarido y padre, respectivamente, de las susodichas.

Madre e hija: Nathalie Baye (Hortense) y Laura Smet (Solange)

martes, 31 de mayo de 2016

Tres recuerdos de mi juventud (2015)




Título original: Trois souvenirs de ma jeunesse (nos Arcadies)
Director: Arnaud Desplechin
Francia, 2015, 123 minutos

Tres recuerdos de mi juventud (2015)
de Arnaud Desplechin


El ligero barroquismo culturalista que transmiten sus películas es la marca de fábrica del cineasta francés Arnaud Desplechin (Roubaix, 1960): pasiones desbordadas, referencias novelescas o cinematográficas, todo vale con tal de conmover al espectador.

En Trois souvenirs de ma jeunesse (nos Arcadies) el protagonista vuelve a ser Paul Dédalus (de nuevo interpretado por el actor Mathieu Amalric), como ya sucediera en Comment je me suis disputé… (ma vie sexuelle), cinta dirigida en 1996 por el propio Desplechin y de la que estos Tres recuerdos... suponen la precuela. De hecho, el apellido Dédalus procede del universo literario de James Joyce, siendo ésta la tercera ocasión (la anterior fue en Un conte de Noël, 2008) en la que dicho personaje aparece en un filme del director.



Para su última película, Desplechin ha optado por conceder el papel principal a una pareja de jóvenes debutantes: Quentin Dolmaire (encarnando al joven Dédalus) y Lou Roy-Lecollinet (Esther). Mediante una estructura más bien deslavazada asistiremos a lo largo de dos horas largas a lo esencial de la adolescencia de Paul, marcada por un amor de los que dejan huella y que condicionará el resto de su trayectoria vital: lector de Yeats, antropólogo vocacional, entusiasta de la lengua griega, aficionado a los lieder de Hugo Wolf… las intensas (e inconexas) vivencias del muchacho permiten retratar un carácter inestable y sumamente sensitivo.

Once nominaciones a los premios César (de los cuales Desplechin obtuvo el de mejor realizador) avalan la validez de un planteamiento tan extremado como claramente deudor del lenguaje instaurado en su día por la Nouvelle vague. No es casual, en ese sentido, ni el uso de la voz en off ni la elección de determinados pasajes de la banda sonora que Georges Delerue compusiera en 1960 para Tirez sur le pianiste ! de Truffaut.

Mathieu Amalric vuelve a ser Paul Dédalus