lunes, 31 de octubre de 2016

El difunto es un vivo (1941)










Director: Ignacio F. Iquino
España, 1941, 73 minutos



Ensalzado por unos y denostado por otros, la figura de Iquino se nos aparece como una de las más prolíficas de la historia del cine español. En su caso, cine de evasión, concebido industrialmente en los estudios Kinefon de Barcelona, rodeado de un fiel equipo técnico y artístico, con la finalidad exclusiva de hacer olvidar a los espectadores las penurias de la reciente contienda. De esta su primera etapa seleccionamos hoy El difunto es un vivo, adaptación de la obra de teatro homónima que escribieran conjuntamente el propio Iquino y Francisco Prada y que sería objeto de un remake en 1956, dirigido por Juan Lladó.

Todo gira en el filme alrededor del actor Antonio Vico, quien interpreta hasta cuatro personajes distintos: su queridísimo papá don Heliodoro, su amantísima mamá doña Urraca, Fulgencio (el "vivo") y su hermano, el meticuloso y apocado Inocencio Manso y Remanso (el "difunto" y Presidente de la Sociedad protectora de animales). Entre ellos se llega a establecer un gracioso y original diálogo, con los padres hablando desde los cuadros del salón familiar.



El resto del reparto lo completaban la suegra doña Restituta (Guadalupe Muñoz Sampedro), la esposa Elsa (Mary Santamaría) y un desdentado Paco Martínez Soria en el papel de Luquitas.

La clave estará en cómo Inocencio se las ingenia para fingir un suicidio que le permita encarnar la personalidad de su hermano Fulgencio, afamado concertista y hombre mucho más atractivo que él, para así reconquistar el amor de su mujer.

Tal y como sucederá en la posterior Un enredo de familia (1943), el origen teatral de la producción queda enseguida patente, a juzgar por la escenografía y la disposición del decorado (obra de Emilio Ferrer), con una gran escalera en el centro. Es este un tipo de obra de réplica rápida, de humor blanco y tosco, con algo de cartoon y en la que desde un primer momento todo parece recordar a las comedias americanas del momento: los divertidos títulos de crédito, la música del maestro José Ruiz de Azagra o la canción central "Pu Pu Pi Du", compuesta por Juan Durán Alemany e interpretada por Mary Santamaría con el acompañamiento del cuarteto vocal Orpheos.




El perro (1977)










Director: Antonio Isasi-Isasmendi
España, 1977, 109 minutos



De Antonio Isasi-Isasmendi ya hemos hablado en este blog en un par o tres de ocasiones. La película que comentamos hoy, El perro, debió dejarle algún que otro remordimiento, lo cual explica que arranque con el siguiente AVISO AL PÚBLICO:

Antonio Isasi, director de la película, pone en conocimiento del público que ninguno de los animales que han intervenido en el rodaje de la misma han sufrido el menor daño.

La productora,
DEVA CINEMATOGRÁFICA

Tras lo cual, comienza la acción con otra advertencia:



De modo que ya, de entrada, se insiste en dos de las constantes del filme: una es la de recalcar que la acción transcurre en un país imaginario, por más evidente que resulte que la segunda parte de la historia está rodada en Caracas; la otra, identificar al dictador con la implacable bestia canina que hostiga incansablemente al prófugo protagonista: un Arístides Ungría encarnado por Jason Miller, el sacerdote de El exorcista.

Porque El perro, adaptación de la novela Como un perro rabioso (publicada en 1975 por Alberto Vázquez-Figueroa) es una de esas cintas de persecuciones, muy a la americana y construida según el modelo de El diablo sobre ruedas (Duel, 1971) de Steven Spielberg. Aunque, a decir verdad, tanto Isasi como Juan Antonio Porto intentaron darle al guion un enfoque más político, ribeteado, aquí y allá, por escenas eróticas que hoy se nos antojan innecesarias, pero que en la España del destape de finales de los setenta debían de ser muy necesarias para que una película funcionase en taquilla.



Es interesantísimo, al respecto, lo que la actriz Yolanda Farr comentaba hace apenas tres años en su blog personal: http://yolandafarr.blogspot.com.es/2013_06_01_archive.html. Parece ser que su personaje de campesina tenía originariamente más peso y que llegaba a padecer, incluso, una salvaje violación a manos de los soldados. Todo lo cual, a pesar de lo costoso que fue rodar la escena, sería después censurado y eliminado del montaje final.

Entre las restantes curiosidades que depara El perro merece la pena destacar el papel secundario que interpreta el también cineasta Juan Antonio Bardem (el locutor de radio y opositor en la clandestinidad Abraham Abatti), así como esas "exóticas" localizaciones de los cenagales pantanosos de la primera parte del filme que fueron realmente filmadas en Guadalajara.


domingo, 30 de octubre de 2016

Renacimiento (2011)












Título original: Yôkame no semi
Director: Izuru Narushima
Japón, 2011, 147 minutos

Renacimiento (2011) de Izuru Narushima

Que los niños monos son un reclamo infalible para ganarse las simpatías del público y conseguir así el tan ansiado éxito comercial es algo que los cineastas japoneses tienen clarísimo desde hace varios decenios. Véase si no la comedia familiar Ohayô (Buenos días), dirigida por Yasujirô Ozu y estrenada en el lejano 1959. No es éste un caso aislado, ni siquiera en la filmografía de Ozu, quien ya trabajara en los años treinta con niños, pero de todos modos llama la atención tanta insistencia.

No vamos a hacer ahora el recuento exhaustivo de películas niponas que en los últimos años hayan tirado de un recurso tan facilón. Baste mencionar los casos de Una familia de Tokio (Tôkyô kazoku, 2013) de Yôji Yamada o De tal padre, tal hijo (Soshite chichi ni naru, 2013) de Hirokazu Koreeda para confirmar que esta práctica sigue vigente (y eso sin contar con el cine de animación). Queda claro, por tanto, que estamos ante un fenómeno de raigambre cultural.

En Yôkame no semi se mantiene dicha tradición, como han tenido oportunidad de comprobar quienes esta tarde se han acercado hasta la Filmoteca de Catalunya para asistir al pase de la misma. Valía la pena, además, porque la sesión contaba con la asistencia de Mitsuyo Kakuta, autora de La cigarra del octavo día, novela en la que se basa la película. Kakuta ha estado firmando ejemplares de sus libros en el XXII Salón del Manga de Barcelona, hecho que explica su presencia entre nosotros.



Es Resurrección una película multipremiada por la Academia del cine japonés y enormemente bella en cuanto a su factura, con continuos saltos temporales, ligados a inteligentes paralelismos entre presente y pasado, y un ritmo acertado que justifica los 147 minutos de duración. Sin embargo, hay que decir que desde el punto de vista emocional estamos frente a una historia con trampa. Y ello es así porque la premisa mayor consiste en que el espectador debe identificarse con la secuestradora y no con los padres biológicos de Kaoru / Erina. De ahí que a la madre real se la muestre como una mujer histérica e incapaz de asumir una vivencia tan sumamente traumática. En ese sentido, tanto la novela como la película están impecablemente diseñadas para llevarnos de la mano hasta donde quieren director y novelista: que comprendamos los motivos que movieron a raptora y raptada a actuar como lo hacen. Cuánto mejor hubiera sido dejar al espectador que extrajese sus propias conclusiones...

Con todo, debe admitirse que la sensiblería no llega a extremos insoportables y que Resurrección contiene, por otra parte, una interesante galería de personajes secundarios, como la líder de la secta religiosa o, sobre todo, el misterioso fotógrafo de la isla en la que se refugian la niña y su "madre adoptiva".

¡Muerte a los hippies!! ¡Que viva el punk! (2015)











Título original: Tod den Hippies!! Es lebe der Punk!
Director: Oskar Roehler
Alemania, 2015, 104 minutos

¡Muerte a los hippies!! ¡Que viva el punk! (2015)

Cuando hace una década vi Las partículas elementales (Elementarteilchen, 2006) pensé que los aspectos más destroyer de su argumento procedían de la novela homónima de Michel Houellebecq en la que está basada. Pero ahora que acabo de ver la última película del director alemán Oskar Roehler (Starnberg, 1959) tengo serías dudas al respecto. Porque Tod den Hippies!! Es lebe der Punk! no se queda atrás en irreverencia transgresora.

Planteada como comedia escatológica y retrato generacional un tanto sui géneris, la película no deja de ser una parodia extremada de la efervescencia que se vivía en los ambientes más underground de la capital alemana a finales de los setenta y primeros ochenta. Los personajes que pululan por ella tienen en común que, procedentes de la marginalidad y hastiados de un mundo que no les entiende, hallan en el movimiento Punk un espacio donde compartir experiencias y darle un cierto sentido a sus vidas.

Robert Rother, su joven protagonista (interpretado por el actor Tom Schilling), dejará atrás a una madre novelista muy poco maternal, a un padre que enloquece tras militar en un grupo terrorista de extrema izquierda y a una novia posesiva e histérica, para buscar en el Berlín Occidental las emociones que no puede ofrecerle la asfixiante atmósfera provinciana en la que ha pasado su adolescencia.



Sin embargo, y a pesar de coincidir con Blixa Bargeld, Nick Cave o Fassbinder, enseguida tendrá ocasión de comprobar que no todo es allí de color de rosa. De hecho, visualmente se opta por mostrar los exteriores de la capital en blanco y negro, mientras que son las escenas de interior las que se ruedan en color. El método es un tanto burdo, pero queda claro así dónde se encuentra la diversión.

Por todo lo que tiene de caricatura y por el período que muestra, ¡Muerte a los hippies!! ¡Que viva el punk! hará pensar a más de uno en Los jóvenes (The Young Ones, 1982-1984), aquella mítica serie de la BBC con cuyo humor corrosivo parece haber querido conectar Oskar Roehler a la hora de hacer balance de lo que fue su propia juventud.

Oskar Roehler dando indicaciones en pleno rodaje

sábado, 29 de octubre de 2016

El barbero de Sevilla (1938)











Director: Benito Perojo
España/Alemania, 1938, 99 minutos



El barbero de Sevilla es una de las películas que en plena Guerra Civil se rodaron en el Berlín nazi con actores españoles y equipo técnico alemán y que sesenta años más tarde serían evocadas en La niña de tus ojos de Fernando Trueba. El argumento, un pastiche inspirado en los personajes de Beaumarchais y en la ópera homónima de Rossini, quizá sea lo de menos, toda vez que la finalidad de este tipo de cine era meramente la evasión: enredos palaciegos, elegantes bailes en lujosos salones rococó (donde lo mismo suenan el Minuetto de Boccherini que la Pequeña serenata nocturna de Mozart), empolvadas pelucas, refinamiento dieciochesco... pero también los ambientes populacheros de un casticismo de cartón piedra que encarna a la perfección la gitana interpretada por Estrellita Castro. A lo que sólo faltaría añadir el gracejo del Bartolo compuesto por Miguel Ligero para obtener el trinomio infalible: ópera, coplas y humorismo.

Un sentido del humor que reflejan los diálogos, trufados de pareados ("Para mí es dicha y honor besar la mano a una flor", dirá el Conde de Almaviva), y secundarios como Alberto Romea, quien da vida al glotón don Basilio:

BARTOLO: El Conde de Almaviva está en Sevilla y, si no está, llegará de un momento a otro. Tantos detalles he pescado, que ya estoy frito. ¿Quiere usted más? 
DON BASILIO: [con la boca llena] ¿Pescado y frito? 
BARTOLO: Sí. 
DON BASILIO: Bueno, que me traigan una barca. 
BARTOLO: ¿Pero usted no piensa más que en comer?

Y, mientras tanto, el pícaro Fígaro (Roberto Rey) lo mismo afeitará barbas que arrancará muelas, escribirá cartas en verso y hará las veces de simpático alcahuete.

"-¿Y si yo fuera a verte? ¿Qué pasaría?
-Que a lo mejor no canto de la alegría".
Roberto Rey y Estrellita Castro

viernes, 28 de octubre de 2016

Salvaje (2016)











Título original: Wild
Directora: Nicolette Krebitz
Alemania, 2016, 97 minutos



Desde luego que Wild es un título acertadísimo para una película que plantea el camino inverso al trazado por François Truffaut en L'enfant sauvage. Si en el caso del cineasta francés se rescataba a un niño de la naturaleza para devolverlo a la civilización mediante un severo proceso reeducativo, la alemana Nicolette Krebitz ha optado por liberar a una joven tímida y sumisa de las férreas cadenas de la hipocresía social.

Muchos son los ejemplos, tanto en cine como en literatura, de semejante vuelta a los orígenes, desde Jack London hasta Entrelobos (2010), el filme de Gerardo Olivares protagonizado por Juan José Ballesta que narraba la historia verídica de un chico criado entre dichos animales. Pero en el caso de Nicolette Krebitz se suma un cierto componente freudiano, un malestar en la cultura que lleva a la retraída Ania (Lilith Stangenberg) a desligarse de un mundo que nunca ha llegado a sentir como el suyo.



En ese sentido, son más que obvias las carencias afectivas de la muchacha: a la inexistencia de los padres hay que añadir la frialdad de la relación con su hermana y la agonía del abuelo en el hospital, además de la apatía que se respira en un entorno laboral marcado por la brutalidad de un jefe que la intimida y la indiferencia de unos compañeros que la ignoran. Lo cual lleva a plantearse una cuestión inexcusable: ¿es Ania simplemente una perturbada mental o, por contra, una visionaria capaz de ver más allá de la banalidad cotidiana que nos atenaza?

Se hace también inevitable en muchos momentos de Wild pensar en Der siebente Kontinent, aquel séptimo continente en el que Michael Haneke diseccionaba el proceso autodestructivo de una familia que se encerraba en su apartamento. Tal vez haya que ver por ahí alguna inquietante conexión cultural germánica, ¿quién sabe?

En todo caso, Wild no dejará a nadie indiferente: es una de esas películas impactantes, controvertidas incluso, pero siempre necesarias. Quizá por ello ha habido algún aplauso fugaz, tímido, al final de la proyección de esta tarde en la Filmoteca de Catalunya, como si uno no estuviese muy seguro de haber visto una obra maestra o una animalada (nunca mejor dicho). Sólo nos queda la duda de por qué Nicolette Krebitz nos habrá dado plantón a quienes esperábamos la presentación o coloquio que estaban previstos. ¿La habrá devorado el lobo...?


jueves, 27 de octubre de 2016

El último sábado (1967)












Director: Pere Balañà Bonvehí
España, 1967, 81 minutos

Día Mundial del Patrimonio Audiovisual



Presentación en la sala Chomón de la Filmoteca de Catalunya a cargo de Ferran Alberich, restaurador de películas. Se han proyectado dos anuncios publicitarios de animación dirigidos por Robert Balser a principios de los setenta: uno sobre Mirinda (sucedáneo de la Fanta de naranja) protagonizado por Mortadelo y Filemón y otro a propósito de los caramelos de menta Pectol. Y, a continuación, El último sábado, filme maldito y único largometraje que dirigiera Pere Balañà (1925-1995).

Tal y como ha señalado Alberich, el personaje interpretado por Julián Mateos presenta no pocas coincidencias con el Pijoaparte de Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé, así como con el protagonista de La piel quemada de Josep Maria Forn. Y lo curioso del caso es que tanto la novela como ambas películas salieron a la luz prácticamente por las mismas fechas, lo cual demuestra hasta qué punto la inmigración nacional se había convertido en inspiración de muchos creadores.

Hay en este José Luis Sánchez (el personaje central) una insatisfacción malsana, simbolizada por la motocicleta que tanto anhela, que lo empuja a querer siempre más: o, al menos, a querer abarcar más de lo que parecería corresponder a un simple charnego. Porque en el contexto social que muestra Balañà en El último sábado José Luis no deja de ser un ambicioso muchacho de barriada que se deja tentar por las veleidades de una burguesía que también pretende aprovecharse de él.

Da que pensar, al respecto, si tanto Balañà como Luis Romero, autores del guion, pretendieron castigar a José Luis por su atrevimiento, por relegar a su novia de toda la vida (una jovencísima Silvia Tortosa, en su debut cinematográfico) en beneficio de la seductora representante de una escudería italiana (Eleonora Rossi Drago). O por no haberse conformado con el humilde trabajo de repartidor de la editorial Seix-Barral o con el ambiente que se respira en el piso de su familia numerosa, donde el padre (Antonio Ferrandis) siempre está renegando y la madre (María Luisa Ponte) bregando con los niños y con la suegra.

En todo caso, y al margen de lo endeble que pueda ser la historia o la, en opinión de algunos, desmañada dirección de Balañà, lo realmente interesante de un filme como El último sábado es su innegable condición de documento de época, a medio camino entre el musical y el realismo social, que lo mismo muestra los bloques de pisos del extrarradio que el bullicio de los garitos y callejuelas más sórdidos del Paralelo (a veces filmados con cámara oculta) o de las boîtes de la Gauche divine barcelonesa donde actúan Karina o Los Sírex.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Cuando tienes 17 años (2016)












Título original: Quand on a 17 ans
Director: André Téchiné
Francia, 2016, 116 minutos

Cuando tienes 17 años (2016)

Lo que puede el sentimiento
No lo ha podido el saber,
Ni el más claro proceder
Ni el más ancho pensamiento,
Todo lo cambia el momento
Cual mago condescendiente,
Nos aleja dulcemente
De rencores y violencias,
Sólo el amor con su ciencia
Nos vuelve tan inocentes.

El amor es torbellino
De pureza original,
Hasta el feroz animal
Susurra su dulce trino,
Detiene a los peregrinos,
Libera a los prisioneros,
El amor con sus esmeros
Al viejo lo vuelve niño
Y al malo sólo el cariño
Lo vuelve puro y sincero.

Cantaba la chilena Violeta Parra aquello de "Volver a los diecisiete / Después de vivir un siglo...", consciente de la fuerza que a esa edad poseen determinados sentimientos. Tal vez inspirado por dicha canción, como ya le sucediera a Mia Hansen-Løve en Un amour de jeunesse (2011), el también francés André Téchiné presenta estos días en España su penúltima película, una historia de aprendizaje protagonizada por los adolescentes Damien (Kacey Mottet Klein) y Thomas (Corentin Fila).

La suya es una relación que oscilará del odio al amor a lo largo de los tres trimestres del año académico, que de hecho estructuran el relato. De ahí que los veamos asistir a clases de español, de matemáticas, de literatura (Damien recita de memoria a Rimbaud en una de las escenas iniciales) o incluso estudiando filosofía. Pero no se trata, sin embargo, del típico filme escolar. Como tampoco es una cinta de ambientación rural al uso, al estilo de la reciente Un doctor en la campiña (Médecin de campagne). Sí que es cierto que todos esos elementos están presentes como telón de fondo, si bien lo que acaba primando son las relaciones humanas.



Marianne Delille, interpretada por Sandrine Kiberlain y madre de Damien, es doctora, mientras que el padre es un militar de alta graduación que pasa largas temporadas destinado en zonas de conflicto. Quizá la ausencia de uno y la dedicación profesional de la primera harán que el adolescente se refugie en las sesiones de defensa personal que le imparte el veterano Paulo, vecino y amigo de la familia. Algo similar le ocurrirá a Thomas, hijo adoptivo de una pareja de humildes granjeros y con tendencia a aislarse, que inicialmente experimenta un rechazo visceral hacia su compañero de clase Damien.

El destino, con todo, hará que los Delille acojan temporalmente a Thomas mientras la madre de éste esté embarazada, lo cual servirá para limar asperezas entre ambos jóvenes pero también para provocar algún que otro conflicto. Aunque viendo cómo tiene Damien decorada su habitación (con pósters de la película C.R.A.Z.Y. o de David Bowie) es fácil intuir cuál acabará siendo su orientación sexual, así como la inminente atracción que sentirá hacia el otrora arisco Thomas.



De todas formas, que nadie se llame a engaño: Quand on a 17 ans no es La vida de Adèle ni tampoco Théo & Hugo. De hecho, se diría que Téchiné y su guionista, la también directora Céline Sciamma, han querido esbozar tantas cosas, demasiadas, que no logran concretar ninguna de ellas de forma convincente. Nos quedamos, eso sí, con la canción "Yafaké", del desaparecido cantautor de Burkina Faso Victor Démé: todo un acierto el incluirla como apoyo de la banda sonora.

De izquierda a derecha: Fila, Sciamma, Téchiné, Kiberlain
y Mottet Klein en el último Festival de Berlín

jueves, 20 de octubre de 2016

Cinefòrum 3 de novembre








Encetem, un curs més, les sessions de cinefòrum del Col·legi Sant Miquel. I ho fem amb una pel·lícula que de ben segur no deixarà ningú indiferent: Encuentros en la tercera fase (Close Encounters of the Third Kind), estrenada el 1977 i dirigida per Steven Spielberg.

Abans de triomfar amb E.T. (1982) i molt abans inclús de La guerra de los mundos (2005), el director nord-americà recreava la possibilitat d'establir contacte amb una civilització extraterrestre.

Guanyadora de l'Oscar a la millor fotografia i nominada en set categories més, Encuentros en la tercera fase compta, a més a més, amb diversos al·licients, com ara la participació del cineasta francès François Truffaut interpretant un dels papers principals.

La projecció tindrà lloc al saló d'actes de l'escola (Rosselló, 175, Barcelona), el proper dijous 3 de novembre a partir de les 17:15 h.

El cinefòrum, activitat totalment gratuïta i sense cap ànim de lucre, resta obert a tota la comunitat educativa del Col·legi Sant Miquel: alumnes i antics alumnes, famílies, professors...

Us hi esperem!

I per anar fent boca us deixem amb una selecció de cartells de la pel·lícula.








martes, 18 de octubre de 2016

Ambulamatógrafo de Perusa (1973-1976)











Título original: Perugia Ambulamatograph
Director: Dana Gordon
EE.UU., 1973-1976, 40 minutos



Casi casi podríamos hablar de antepasado del stop motion al analizar esta pieza prácticamente muda de cuarenta minutos en la que Dana Gordon recorre palmo a palmo la ciudad italiana de Perusa, donde trabajaba en aquel entonces ayudando a universitarios americanos que estudiaban en Europa.

Preguntado por alguno de los asistentes a la sesión que esta tarde le ha dedicado la Filmoteca de Catalunya sobre si le preocupa la reacción del espectador, el artista se ha limitado a responder que éste tiene únicamente dos opciones: o bien se levanta y se va si no le gusta lo que está viendo o bien se queda hasta el final. De hecho, a los cuatro cinéfilos irredentos que hemos aguantado hasta el final nos ha dado las gracias antes de comenzar el coloquio...

En la línea de otros cineastas vanguardistas como Michael Snow, si en su momento optó por trabajar de esta manera, ha continuado explicando, fue más bien por carecer de los medios de los que dispone el cine de Hollywood. En ese sentido, Gordon afirma que aunque a él no le interesa especialmente el cine de Andy Warhol ambos comparten la inquietud por hallar nuevas formas al margen del lenguaje cinematográfico convencional.

Algo que pretende seguir haciendo a través del formato digital y para cuya futura presentación en Barcelona ha sido ya emplazado por Esteve Riambau.

Para ver la película, visitad el siguiente enlace: https://vimeo.com/164905332.

No puedes cambiar las cosas aunque las filmes como si fuesen novelas de muerte (1974)












Título original: You can't alter facts by filming them over with dead romances
Director: Dana Gordon
EE.UU., 1974, 60 minutos



El pintor y cineasta vanguardista Dana Gordon dividió en tres fases este ensayo sobre la noción de simultaneidad que pretendía ser una investigación de los infrasistemas fílmicos. En la primera de dichas partes se muestra, mediante cámara subjetiva, un paseo por una pequeña ciudad americana: mientras dos hombres dialogan, las imágenes van fluyendo en forma de doble encuadre, uno superpuesto al otro. En la segunda fase, un individuo (de espaldas al objetivo) narra su vida a partir de las fotografías que se van proyectando (muchas de ellas, por cierto, tomadas en España). La tercera y última parte, rodada en blanco y negro, es una performance protagonizada por el propio Dana Gordon: la pantalla se divide en dos: a la izquierda, el director lee vestido pasajes de un libro; a la derecha, lee otros pasajes del mismo libro, pero completamente desnudo. En ambos casos, las referencias a Hitler son continuas.

El largo y revelador título, toda una declaración de principios sobre lo que para el autor debería ser una nueva narrativa cinematográfica, procede de una cita apócrifa atribuida a un tal John Drinkwater (1764-1839).

Quienes deseen visionar la película pueden hacerlo a través del siguiente enlace: https://vimeo.com/164902369. También es posible encontrar una selección de la obra pictórica del autor en: danagordon.net y en http://www.supremefiction.com/theidea/art/page/51/.

Aprovechando que estaba de paso por Barcelona, Gordon, acompañado por Esteve Riambau, ha presentado un programa doble en la Filmoteca de Catalunya, integrado por este filme y por Perugia Ambulamatograph (1973-1976).

Dana Gordon

lunes, 17 de octubre de 2016

Después de nosotros (2016)












Título original: L'économie du couple
Director: Joachim Lafosse
Bélgica/Francia, 2016, 100 minutos

« Que reste-il de nos amours ... ? »

Después de nosotros (2016)

« Que reste-il de nos amours ... ? » decía una conocida canción francesa, popularizada en su día por Charles Trenet o Boris Vian. Y eso mismo es lo que podrían decirse Marie y Boris, la pareja protagonista de L'économie du couple.

No hace apenas ni un mes que comentábamos Los caballeros blancos y ya nos ha llegado la siguiente película del belga Joachim Lafosse, quien vuelve a profundizar en las disputas familiares como ya hiciera una década atrás en Propiedad privada (Nue propriété, 2006). Si en aquel entonces mostraba el conflicto que enfrentaba a una madre (Isabelle Huppert) con sus dos hijos por la posesión de la casa, ahora hace lo propio con un matrimonio que, tras quince años de vida en común, entablará una dura batalla en la que el apartamento y sus gemelas serán el objetivo a conquistar.

Él (Cédric Kahn) está sin blanca; ella (Bérénice Bejo) le recuerda continuamente que la casa es suya y que debe marcharse. Pero Boris se niega, ya que, a fin de cuentas, él fue el responsable de llevar a cabo las reformas que han revalorizado el inmueble...

La situación es tan sumamente compleja que no tiene visos de cambiar. En un momento dado, la madre de Marie realiza un diagnóstico bastante certero de lo que está ocurriendo: "En nuestra época éramos capaces de arreglarlo todo: una nevera, el televisor... Pero ahora, si algo no funciona, se tira. Y con las relaciones ocurre lo mismo: cuando ya no hay pasión, se acabó todo."

Obligados a vivir bajo el mismo techo pese a estar en trámites de separación, la brusquedad de los altercados entre Marie y Boris resulta bastante violenta para el espectador, sobre todo porque Jade y Margaux son testigo y víctimas inocentes de semejante situación.

Un punto fuerte de la historia, sin embargo, es que no hay buenos o malos sino que ambos cónyuges van oscilando en sus sentimientos y comportamiento, de tal modo que tenemos la oportunidad de asistir a los aciertos y desaciertos de cada cual. En todo caso, cuando la jueza lea la sentencia y las miradas perdidas de los dos no lleguen a cruzarse pese a estar sentados uno al lado del otro se hará palpable el vacío de sus vidas. Una vacuidad levemente subrayada por las melancólicas notas del Preludio en Sí Menor de Bach.


domingo, 16 de octubre de 2016

Perder es cuestión de método (2004)













Director: Sergio Cabrera
Colombia/España, 2004, 105 minutos



Quizá porque lo abandonó su chica; quizá por el terrible dolor que le producen las hemorroides que padece; tal vez porque es lector empedernido de Roberto Bolaño... Sea por lo que fuere, lo cierto es que enseguida comprendemos que el periodista Víctor Silampa (Daniel Giménez Cacho) es un perdedor nato: nos bastan apenas unos segundos al inicio del filme para llegar a tan terrible conclusión. ¿Qué otra cosa cabe pensar de un tipo que no sólo tiene un maniquí en el salón de casa sino que además habla con él?

Por ahí se entiende que la película, basada en la novela homónima de Santiago Gamboa, se titule Perder es cuestión de método. En realidad, la frase la pronuncia el amigo loco de Víctor, atribuyéndola al escritor chileno Luis Sepúlveda, en el transcurso de una de las visitas que le hace al hospital psiquiátrico. Tiene, pues, un poco de cine negro y muchísimo de esperpento: ¿de qué otra forma, si no, se podría calificar al Coronel Moya y a su ridícula obsesión por comer y adelgazarse?




Porque la corruptela se encuentra tan enquistada en el seno de aquella sociedad, que no hay esfera de la misma, por reputada que parezca, que no se halle totalmente corrompida.

Pero al margen de cómo se adapta la imaginería del film noir a la realidad colombiana, uno de los aspectos simpáticos de la cinta es ese deje bogotano que tienen los personajes, plagado de momenticos y de vainas y que confiere a la historia, al menos a oídos de un español, un toque meloso a pesar de que lo que se cuenta no tiene nada de dulce.


sábado, 15 de octubre de 2016

One Piece Film Gold (2016)












Director: Hiroaki Miyamoto
Japón, 2016, 120 minutos



Me pregunto cómo es posible haber acabado viendo esta película japonesa de animación, para, acto seguido, responderme a mí mismo que los caminos del Señor son inescrutables y los de los festivales de cine aún más...

Nuestra segunda y última sesión en Sitges ha tenido lugar en el mítico Retiro, hecho que por sí solo bastaría para justificar el haber tenido que tragarse dos horas de griterío sin tregua. Bueno: gritos y ríos de oro. ¿Qué digo ríos?: ¡mares! Y un barco que es un gigantesco casino o ciudad flotante a la vez. Y un malo malísimo que responde al peculiar nombre de Gild Tesoro [sic] y al que se enfrentarán los Piratas del Sombrero de Paja...

Desde luego hay que reconocer que imaginación no les falta a los creadores de semejante engendro. Imaginación y energía, por supuesto. Y talento: porque por mucho que el anime no sea santo de nuestra devoción (este anime, por lo menos), debe admitirse el laborioso trabajo que hay detrás de una producción que, como ésta, retoma los personajes de una popular saga como pretexto para explayarse en una explosión sin límites de color y sonido.

Voyage of Time: Life's Journey (2016)












Director: Terrence Malick
EE.UU./Francia/Alemania, 2016, 90 minutos



Debutamos en el Festival de Sitges, y lo hacemos por todo lo alto: en el inmenso auditorio del Hotel Melià y con un filme igualmente mastodóntico. Es este Viaje del tiempo de Terrence Malick una producción que comenzó a gestarse a finales de los setenta, con un planteamiento muy distinto a lo que finalmente ha acabado siendo. Retomado años después, el proyecto inició su fase de rodaje en 2003 para acabar completándose más de una década después.



Como ya sucediera en algunos pasajes de El árbol de la vida (2011), Voyage of Time conecta en espíritu con 2001 de Kubrick, a partir del momento en el que su único y trascendental eje temático viene dado por las preguntas ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿adónde vamos? Y también por el tratamiento de la música que acompaña a las imágenes, teniendo en cuenta que la banda sonora la integran piezas de compositores que van de Gustav Mahler a Arvo Pärt, pasando por Beethoven y Haydn.



Narrada por la actriz Cate Blanchett y producida, entre otros, por Brad Pitt, la película se concibe como una interpelación de la especie humana a la madre tierra. Preguntas que difícilmente obtendrán respuesta, pero que acaban dando pie a la plasmación en imágenes de un proceso de millones de años que arranca con el Big Bang, continúa con la aparición de los dinosaurios o de la especie humana y que llega hasta la actualidad, a través una espectacular panorámica nocturna del Burj Khalifa de Dubai. Aunque también hay tiempo para insertar, aquí y allá, pinceladas de los diversos conflictos e injusticias sociales que asolan la tierra, en un afán por abarcarlo todo que puede acabar resultando abrumador pero que difícilmente dejará indiferente.



Claro que no faltarán quienes acusen a Malick de pretencioso, burlándose de unas preciosistas imágenes que más parecen salidas del National Geographic o de los fondos de pantalla de Windows que no de la historia real de la vida en el planeta. Cuestión de gustos: a fin de cuentas, lo que se proponía hacer el cineasta va mucho más allá de los límites estrictamente cinematográficos, lo cual es tan arriesgado como encomiable.


viernes, 14 de octubre de 2016

Mustang (2015)












Directora: Deniz Gamze Ergüven
Turquía/Francia/Alemania/Catar, 2015, 97 minutos

Bernarda Alba a la turca



Los mustangos (mustang en inglés) son una raza de caballos salvajes americanos, los mismos que desataban la pasión de Clark Gable y Eli Wallach en Vidas rebeldes (The Misfists, John Huston, 1961). Por su bravura, estos équidos darían pie a que un modelo de automóvil fuese bautizado con su nombre, quizá porque parece inevitable asociar la libertad indómita de dichos animales con la potencia de un motor de seis cilindros.

Con semejantes connotaciones era fácil que la realizadora turca (y francesa de adopción) Deniz Gamze Ergüven decidiera titular Mustang su primer largometraje, habida cuenta de las agallas que demuestran las cinco hermanas protagonistas del filme. Se trata, por lo que se ha dicho, de una historia con ribetes autobiográficos, aunque a juzgar por el celo con el que son confinadas en el recinto familiar la suya parece más una circunstancia surgida de la imaginación de García Lorca.

En todo caso, forzoso es decirlo, salta a la vista, en un plano ya más cinematográfico, el paralelismo evidente con Sofia Coppola y Las vírgenes suicidas (1999), película que también narraba las desventuras de cinco hermanas, si bien en el Detroit de los setenta.

De todas formas, lo realmente atractivo de Mustang, a nuestro entender, es la delicadeza con la que su realizadora ha sabido mostrar el choque cultural y generacional entre una Turquía que lucha por abrirse al mundo y su antítesis más integrista y reaccionaria. Porque, a fin de cuentas, el detonante que supondrá el infortunio de estas huérfanas no es más que un inocente juego malinterpretado por sus familiares.



En ese sentido, tiene un enorme valor simbólico el hecho de que la película arranque y concluya con la maestra de escuela que se muda a Estambul: es la manera que tiene Deniz Gamze Ergüven de decirnos que lo único que sacará a su país del secular oscurantismo en el que se halla sumido es la educación, en concreto la de las mujeres.

Deniz Gamze Ergüven

jueves, 13 de octubre de 2016

Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (2010)












Título original: Loong Boonmee raleuk chat
Director: Apichatpong Weerasethakul
Tailandia/Reino Unido/Francia/Alemania/España/Holanda, 2010, 114 minutos

Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (2010)
de Apichatpong Weerasethakul

No es muy habitual que en Cinefília Sant Miquel comentemos películas tailandesas. De hecho, Loong Boonmee raleuk chat es la primera. Ganadora en Cannes de la Palme d'Or, casi podría decirse que nos encontramos frente a la versión budista de 2001. Los monos fantasma, al menos, recuerdan en su aspecto físico a los homínidos concebidos por Arthur C. Clarke y por Kubrick (aunque también tienen algo de los simios voladores de El mago de Oz...) Pero el parecido no sólo es externo: es la sensación de adentrarnos en un mundo desconocido, más allá de las leyes del tiempo y del espacio, lo que emparenta a estos filmes. La impresión de estar redescubriendo el planeta, viajando a los confines del universo o a los inicios de la civilización, cuando el mundo era puro y salvaje.



De entrada, que los espíritus de la hermana/esposa y del hijo de los protagonistas regresen de improviso una noche para sentarse a la mesa como si tal cosa contribuye a crear una atmósfera única, entre lo esotérico y la ciencia ficción. O asistir a la historia de una antigua princesa thai que, apesadumbrada por su poco agraciado aspecto, logra ser amada por un barbo a orillas de una cascada de aguas límpidas. O que Boonmee, a pesar de su grave enfermedad de riñón y guiado por el espectro de su mujer, penetre junto a su familia en el interior de una gruta en lo más profundo de la selva, tal vez en busca no sólo de sus orígenes sino del origen de la propia humanidad.



Y entretanto se deja entrever el recuerdo de la guerra, de un antiguo conflicto que ocasionó unas secuelas aún perceptibles en el físico de los protagonistas (la cojera de la mujer, la enfermedad del hombre...) Secuelas físicas, sí, pero también morales, que conducirán a Tong a hacerse monje budista para, acto seguido, despojarse del hábito color azafrán y buscar refugio en una habitación de hotel junto a su madre y su hermana, terminando, poco después, en una anodina sala de karaoke...

miércoles, 12 de octubre de 2016

La dama del armiño (1947)













Director: Eusebio Fernández Ardavín
España, 1947, 93 minutos



Yo también como vos estuve en Italia aunque he nacido en Creta. Viví en Venecia y allí, además de conocer el esplendor casi pagano del Renacimiento, aprendí los secretos de mi arte en la paleta de Tintoretto, Veronese y Tiziano. De aquellos maestros, fieles a la bella verdad de la naturaleza, heredé la devoción por la realidad. Y como una gota de agua es semejante a otra, quise trasladar a los lienzos la forma y el color de los seres y de las cosas. Pero me atraía España y vine a Toledo, a esta tierra de panorama ardiente y alma desnuda. Entonces, viendo el negro terciopelo de los devotos y el sayal de estameña de los monjes desfilando en las procesiones, mi espíritu se llenó de inquietud y quise pintar algo más, quise pintar las almas. Y concebí la idea de alargar las figuras como tallos de lirios, crear miembros atormentados y retorcidos bajo la luz siniestra de los relámpagos y las lívidas tormentas sobre los páramos inmensos y el Jesús en tortura de las crucifixiones iluminado por la luz redentora en el áspero calvario. No sé cuál influencia sea la que esta luz y este paisaje han ejercido sobre mí, pero nunca sentí el arte tan deshumanizado y tan dramático.



Toledo, durante el reinado de Felipe II... Sin ser exactamente un biopic, La dama del armiño tomaba la figura del Greco como pretexto para narrar la historia de una conversión religiosa: la del judío Samuel Hebraim (Jorge Mistral), capaz de renunciar a su fe con tal de ganar el amor de Catalina (Lina Yegros), hija del pintor y eternamente acompañada de la dueña Gregoria (Julia Lajos).

Una furtiva lágrima: Samuel recibe la noticia de la detención de su padre

Basándose en la obra teatral de Luis Fernández Ardavín, su hermano Eusebio dirigía una de esas grandilocuentes producciones históricas tan habituales en el cine español de los cuarenta y primeros cincuenta, con decorados de Enrique Alarcón. Aunque, desde el punto de vista técnico, es ésta una película en la que se observa una clara tendencia a utilizar la profundidad de campo, quizá para emular visualmente el estilo pictórico del cretense.

El Greco (Fernando Fernández de Córdoba) pintando
el retrato de monseñor Fernando, el Inquisidor

En realidad, ni el Greco tuvo una hija que se llamase Catalina ni está claro si fue él quien pintó el cuadro que da título al filme. En todo caso, lo de menos es el rigor histórico: lo verdaderamente crucial era servirse de su fama como reclamo para ofrecer al público una historia de amor y, lo que es más importante, la apoteosis del cristianismo frente a los infieles hebreos y moriscos. Por cierto que estos últimos aparecen representados a través de la hermosa Jarifa (Alicia Palacios), cuyo nombre pone ya de manifiesto un conocimiento certero de la tradición literaria del Siglo de Oro.

Sea como fuere, en La dama del armiño participaron también otros dos profesionales que, andando el tiempo, llegarían a ser directores de renombre: por una parte Rafael Gil como guionista y, por otra, César Fernández Ardavín, sobrino de Eusebio y ayudante de dirección junto a Luis Berraquero.

Lina Yegros (Catalina) y Jorge Mistral (Samuel)