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martes, 27 de junio de 2023

Bajo la arena (2000)




Título original: Sous le sable
Director: François Ozon
Francia, 2000, 93 minutos

Bajo la arena (2000) de François Ozon


Dirigida por François Ozon en los albores del siglo XXI, Sous le sable (2000) explora la lucha interna de una mujer de mediana edad (Charlotte Rampling) después de que su esposo Jean (Bruno Cremer) desaparezca inesperadamente a plena luz del día a orillas de una playa. A partir de ese momento, la película se centra en la experiencia emocional de Marie mientras ésta intenta asumir su pérdida. 

De hecho, conforme avance la trama se irá profundizando en su negación y en cómo llega a crear una realidad paralela con tal de mantener viva la esperanza de que el marido regresará alguna vez. En ese aspecto, la interpretación de Rampling resulta excepcional al hacer verosímil el dolor y la soledad de la protagonista.



Asimismo, se logra crear una envolvente atmósfera melancólica, valiéndose de paisajes costeros y escenas íntimas para transmitir las dificultades a las que se enfrentan los personajes. De ahí que la cinta destaque por su representación realista de las diferentes etapas del duelo y la forma que tiene cada individuo de superarlo. Por ejemplo, el pragmatismo de Gérard (Pierre Vernier) y Amanda (Alexandra Stewart) contrasta vivamente con la terquedad con la que Marie, pese a tener delante el cuerpo sin vida de Jean, seguirá negando los hechos en su afán por encontrar paz en medio de la tragedia.

En resumen, Ozon subraya la fragilidad de las relaciones humanas a través de una inteligente puesta en escena, introspectiva y conmovedora, que se desarrolla en un ritmo pausado, permitiendo que el espectador pueda empatizar con la angustia vital de Marie. Lo cual no impide que la trama deje en el aire determinadas incógnitas sobre el futuro inmediato que aguarda a esta mujer, sobre todo en lo concerniente a su nueva relación con Vincent (Jacques Nolot), repleta de silencios elocuentes que agregan profundidad narrativa y permiten, a la vez, un final hasta cierto punto abierto.



sábado, 10 de junio de 2023

Todo ha ido bien (2021)




Título original: Tout s'est bien passé
Director: François Ozon
Francia/Bélgica, 2021, 113 minutos

Todo ha ido bien (2021) de François Ozon


Emotiva cinta en torno al siempre controvertido asunto de la eutanasia, Tout s'est bien passé (2021) nos devuelve al Ozon más intimista, capaz de abordar temáticas que toquen la fibra del espectador, tal y como ya hiciera en anteriores títulos de su prolífica filmografía como, por ejemplo, Mi refugio (2009) o El tiempo que queda (2005). En ese aspecto, la situación de un octogenario gravemente impedido tras sufrir un derrame cerebral (magníficamente interpretado por André Dussollier) propicia que el director francés lleve a cabo un delicado ejercicio de introspección que tiene su principal baza en la entrega de las dos hijas del hombre (Sophie Marceau y Géraldine Pailhas) a la hora de eludir los escollos legales que pudieran impedir el cumplimiento de la última y conmovedora voluntad paterna.

Sin embargo, la relación familiar entre unos y otros a lo largo de los años no ha sido precisamente un camino de rosas, en especial con la madre (Charlotte Rampling), escultora de renombre pero desdichada a causa del infeliz matrimonio con un individuo que jamás ocultó sus inclinaciones homosexuales. De hecho, aún pulula por el hospital un curioso personaje (Grégory Gadebois) cuyo vínculo con el anciano irá paulatinamente quedando claro conforme los familiares venzan sus reticencias iniciales para permitirle el acceso a la habitación.



El protagonismo, no obstante, recae plenamente sobre Emmanuèle (Marceau), escritora e hija "predilecta" del convaleciente pese a las muchas rencillas que la mujer arrastra de una infancia difícil junto al ahora venerable anciano y que irá sucesivamente rememorando mediante diversas secuencias retrospectivas. Ante ella se abre, por tanto, el espinoso dilema, en forma de sándwich mordido, de si ayudar a morir al que fuera un mal padre no será, al mismo tiempo, un cruel ajuste de cuentas.

Basada en la obra autobiográfica de una antigua guionista del propio Ozon, Emmanuèle Bernheim (1955-2017), la película plantea cuestiones de hondo calado ético que el cineasta resuelve con su habitual estilo entre melodramático y ligeramente frívolo. A destacar la presencia en el reparto de Éric Caravaca, en el papel de Serge Toubiana, y, sobre todo, de la legendaria Hanna Schygulla como responsable de la organización helvética que garantiza la muerte digna de quienes se acogen a sus servicios.



sábado, 8 de diciembre de 2018

Los fantasmas de Ismaël (2017)




Título original: Les fantômes d'Ismaël
Director: Arnaud Desplechin
Francia, 2017, 135 minutos

Los fantasmas de Ismaël (2017) de Arnaud Desplechin


¿Cómo definir una película que es de todo menos convencional? Baste decir que se trata de un filme de Arnaud Desplechin (Roubaix, 1960) y ya no hará falta añadir nada más. Hay, eso sí, en Les fantômes d'Ismaël diversos estratos sobre los que se irá saltando de un modo tan caprichoso como inesperado. Así, por ejemplo, la acción arranca en un cónclave de espías que se preguntan por el paradero del misterioso Ivan Dédalus (Louis Garrel), su agente más avispado, aunque luego resulta que ello no era más que la visualización de los diálogos que Ismaël, cineasta profesional, está escribiendo para su próximo proyecto.

Este Dédalus es, según parece, el hermano de un personaje que lleva años transitando a lo largo de la filmografía de Desplechin y cuyo nombre aparece, además de aquí, en Comment je me suis disputé... (ma vie sexuelle) (1996), Un conte de Noël (2008) y la más reciente Trois souvenirs de ma jeunesse (2015). Casi siempre interpretado por Mathieu Amalric, si bien el actor se mete, en esta ocasión, en la piel del ya mencionado Ismaël Vuillard (y Vuillard era, por cierto, el apellido de la familia que se tiraba los trastos a la cabeza en Un cuento de Navidad).

Carlotta (Marion Cotillard) e Ismaël (Mathieu Amalric)


Todo conectado, pues, aunque no por ello más claro... Aun así, el propio Desplechin nos aporta algunas claves, en forma de referencia cinematográfica, para arrojar algo de "luz" sobre la verdadera naturaleza del relato que estamos viendo. En ese sentido, el hecho de que Ismaël toque al piano el tema central de la banda sonora que Bernard Herrmann compusiera para Marnie (1964) no deja de ser un tanto equívoco, ya que es, sobre todo, de Vértigo (1958) de donde más bebe el director francés. Como sucedía en la mítica cinta de Hitchcock, Carlotta (Marion Cotillard) regresa "de entre los muertos" veintiún años después de que se la diese por desaparecida. Rasgo de tono fantasmagórico que la emparenta con la mujer que interpretaba Kim Novak hace ahora seis décadas y que —como curiosamente sucedía, asimismo, en 8 mujeres (2002) de François Ozon— nos mira fijamente desde el interior de un inquietante retrato al óleo que cuelga de la pared en casa del protagonista.

Sylvia (Charlotte Gainsbourg) es, por último, el eslabón que faltaba para completar un puzle de compleja resolución en el que no todas las piezas encajan con la misma facilidad. En cualquier caso, ella es la esposa resignada que ocupó el vacío dejado por Carlotta y que ahora deberá enfrentarse, con flemático estoicismo, a la repentina e inesperada irrupción de su predecesora (que es, por cierto, la hija de un neurótico director de cine judío con el que Ismaël tiene también sus más y sus menos y al que éste acompañará hasta Tel Aviv con motivo de una retrospectiva que allí le dedican).

Sylvia (Charlotte Gainsbourg) junto a Ismaël en el cementerio


En fin, ¿alguien da más? Y eso no es todo: quien tenga la paciencia de aguantar hasta el final las más de dos horas del montaje del director también podrá ver a la Cotillard bailando al son de Bob Dylan, así como identificar (o al menos intentarlo) las citas textuales extraídas de las obras de Lacan o Philip Roth que contienen los diálogos... No es, pues, de extrañar la frialdad con la que Los fantasmas de Ismaël fue acogida en su presentación en el Festival de Cannes del año pasado: es prácticamente la misma que le ha dispensado la cartelera barcelonesa, donde el filme sólo puede verse en un par de salas...


El director Arnaud Desplechin en pleno rodaje