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lunes, 26 de febrero de 2018

El libertino (2000)




Título original: Le libertin
Director: Gabriel Aghion
Francia, 2000, 1998

« On n'arrête pas le progrès ! »

El libertino (2000) de Gabriel Aghion


MORALE, s. f. (Science des mœurs) c’est la science qui nous prescrit une sage conduite, & les moyens d’y conformer nos actions.

S’il sied bien à des créatures raisonnables d’appliquer leurs facultés aux choses auxquelles elles sont destinées, la Morale est la propre science des hommes ; parce que c’est une connoissance généralement proportionnée à leur capacité naturelle, & d’où dépend leur plus grand intérêt. Elle porte donc avec elle les preuves de son prix ; & si quelqu’un a besoin qu’on raisonne beaucoup pour l’en convaincre, c’est un esprit trop gâté pour être ramené par le raisonnement.

L’Encyclopédie/1re édition (1751)



Amparándose en una estampa del siglo XVIII tan tópica como superficial, El libertino adaptaba la pieza teatral homónima de Eric-Emmanuel Schmitt que puede verse estos días en el Poliorama con Abel Folk y Àngels Gonyalons encabezando el reparto. Los protagonistas de la versión cinematográfica fueron Vincent Pérez, en el papel de Diderot, y la mítica Fanny Ardant como Madame Therbouche, la avispada retratista que, procedente de Berlín (donde ya ha pintado a Voltaire), convence al filósofo para que pose desnudo.

Tanto en la obra como en la película, quizá el trasfondo histórico resulte lo más interesante, con un Diderot apremiado por las circunstancias para redactar una entrada sobre la moral en la hora decisiva de la confección de la Enciclopedia. Seguramente, las cosas no acontecieron en la vida real con ese aire de vodevil, aunque no deja de ser divertido imaginar al erudito francés como el desenfrenado calavera de vida disoluta que aquí se nos presenta, rodeado de secundarios aún más tronados, si cabe, como la voraz Baronesa de Holbach (Josiane Balasko) o la insaciable Marquesa de Jerfeuil (Arielle Dombasle).



Desde el punto de vista estrictamente cinematográfico, Le libertin se enmarca en una clara política divulgativa, por parte de la industria francesa, empecinada en la vulgarización de figuras clave de la cultura de aquel país tales como Molière (personaje central de Las aventuras amorosas del joven Molière, dirigida en 2007 por Laurent Tirard) o el Jean de La Fontaine de Le défi (2007) de Daniel Vigne. Todo ello como consecuencia lógica de la onda expansiva generada por el bombazo que supuso, en 1990, el Cyrano de Rappeneau.

Tal vez sea en ese afán por llegar a amplias capas del público donde haya que buscar la razón de por qué la banda sonora, compuesta por el hoy célebre Bruno Coulais (autor, entre otras, de la música de Los chicos del coro), adolece de un aire un tanto discotequero que desentona con el resto de la ambientación histórica en aras de hacerla más cercana al espectador. Aunque, en ese sentido, quizá lo más divertido del filme, aparte de ver cómo fracasa en su política reaccionaria el cascarrabias Cardenal interpretado por un veterano Michel Serrault que fallecería pocos años después, sean los continuos paralelismos con el presente. Así pues, y siempre de la mano de la extravagante baronesa, veremos a los personajes probando (con más curiosidad que placer) nuevas emociones como el chocolate, el caviar o, incluso, las palomitas de maíz durante una proyección de linterna mágica.


lunes, 5 de febrero de 2018

13,99 euros (2007)
















Título original: 99 francs
Director: Jan Kounen
Francia, 2007, 101 minutos

13,99 euros (2007)

De principio a fin, una locura de película: en la línea de El show de Truman (Peter Weir, 1998), repleta de mil referencias y guiños al espectador, desde la realidad paralela de Matrix (hermanos Wachowski, 1999) hasta la isla desierta de Náufrago (Robert Zemeckis, 2000) pasando por la escena del replicante bajo la lluvia de Blade Runner (1982), 99 francs es un torrente continuo de imágenes con la mira puesta en desenmascarar la ampulosidad de todo el mamoneo que gira en torno al mundo de la publicidad.

Su protagonista, Octave Parango (encarnado por un Jean Dujardin anterior a la consagración internacional gracias a The Artist), es el típico creativo con ínfulas de gurú, diseñador de exitosas campañas de marketing (como la del yogur) para la multinacional Madone, al que le encanta llenarse la boca con máximas apocalípticas del tipo: "Todo está en venta" o "El hombre es un producto como otro cualquiera..."



Pero ni su gloria va a ser eterna ni está exento de las fisuras que amenazan la estabilidad de todo ser humano: a partir de un momento dado, el mundo de Parango se desmoronará con la misma facilidad con la que ascendió vertiginosamente hasta lo más alto. Como en toda sátira irreverente que se precie, es de hecho la caída del personaje lo que en verdad definirá la esencia de su carácter vanidoso.

Basada en la novela homónima del siempre polémico Frédéric Beigbeder, 99 francs presenta una realidad caleidoscópica, artificial, enferma de consumismo. Un mundo que se nos muestra como si fuese el mejor de los posibles, con sus postales de playas paradisíacas anunciando productos derivados del petróleo, pero en el que la publicidad no es más que un coloso despiadado que mueve millones.


viernes, 6 de enero de 2017

Secretos de Estado (2008)




Título original: Secret défense
Director: Philippe Haïm
Francia, 2008, 97 minutos

Secretos de estado (2008) de Philippe Haïm


Pone los pelos de punta pensar que muchas de las cosas que se dicen en una película de hace nueve años hayan ido sucediendo después punto por punto. Pero así de cruda es la realidad de hoy día y los terribles atentados perpetrados no sólo en Francia sino también en otros puntos de la geografía europea marcan un antes y un después en la política internacional.

Centrándonos en Secret défense, lo más destacable en ella es su reparto. Encabezado por Gérard Lanvin en el papel del frío Alex, formador de los futuros agentes de la DGSE (los Servicios Secretos del país galo), le secundan Vahina Giocante (Diane, una joven que se verá forzada a pasar de la prostitución de lujo a la acción en Oriente medio), Nicolas Duvauchelle (Pierre, captado por los islamistas radicales tras una breve estancia en prisión) y Simon Abkarian (Al Barad, el cerebro de toda una compleja red terrorista).

Pierre (Nicolas Duvauchelle)


Otro de los puntos fuertes de Secretos de Estado es su estructura narrativa: tratándose de una cinta de acción era vital dotarla de un ritmo ágil, cosa que su realizador, Philippe Haïm, consigue mostrando hasta cuatro tramas de forma simultánea y paralela. La idea de fondo es que los dos mundos que aquí se retratan responden realmente a parámetros del todo simétricos. Así pues, Diane y Pierre han llenado el vacío de sus vidas integrándose en bandos opuestos, pero regidos en ambos casos por férreas jerarquías, Y lo mismo podría decirse de los calculadores Alex y Al Barad, enemigos y a la vez unidos por su capacidad de liderazgo y unos métodos impasibles.

Se trata, tal vez, de una forma de contar historias más propia del lenguaje televisivo, lo cual avalaría el hecho de por qué su director sólo ha trabajado en ese medio durante la última década. En todo caso, su habilidad a la hora de construir un ritmo trepidante no encubre las incongruencias del guion (por otra parte, muy bien documentado: eso es innegable), como por ejemplo ¿por qué Diane se deja enredar por Alex, una vez que el chantaje emocional al que pretendía someterla deja de tener sentido? Claro que, pensándolo bien, tampoco conduce a nada buscar fallos de guion en una película de estas características...

Diane (Vahina Giocante) y Al Barad (Simon Abkarian)

domingo, 27 de septiembre de 2015

Los exiliados románticos (2015)




Director: Jonás Trueba
España, 2015, 70 minutos

Desde la tierra mítica de Grecia
llegó hasta el norte el soplo que la anima
y en el norte halló eco, entre las voces
de poetas, filósofos y músicos: ciencia
del ver, ciencia del saber, ciencia del oír. Mozart
es la gloria de Europa, el ejemplo más alto
de la gloria del mundo, porque Europa es el mundo.

Luis Cernuda



Nacido Jonás Rodríguez Huete (Madrid, 1981), Jonás Trueba va camino de convertirse en digno heredero de la saga iniciada por su padre (Fernando) y continuada por su tío (David). De momento son ya tres los largometrajes firmados por el menor de la estirpe (Todas las canciones hablan de mí, 2010, y Los ilusos, 2013, fueron las anteriores).

En Los exiliados románticos vuelve a contar con varios de sus actores de confianza (Francesco Carril, Vito Sanz o la suiza Isabelle Stoffel) a los que ahora se unen la italiana Renata Antonante y el televisivo Luis E. Parés (colaborador habitual de Historia de nuestro cine en La 2 de TVE). Su director define este último trabajo como una película rodada "sobre la marcha" y a buen seguro que el calificativo es bastante certero si se tiene en cuenta que sus tres protagonistas masculinos dedican doce días a viajar desde Madrid hasta París (haciendo escala, previamente, en Toulousse y, posteriormente, en Annecy) a bordo de una destartalada furgoneta Volkswagen.

Una vez allí, se van a reencontrar con antiguos amores de juventud que han ido a buscar expresamente. De ahí el título, que además coincicide con el de un libro del historiador británico Edward Hallett Carr (Londres, 1892-1982). Asimismo, las tres ciudades elegidas están históricamente vinculadas con el exilio español republicano. También de la italiana Natalia Ginzburg se habla bastante, en especial de su libro de cuentos Las pequeñas virtudes, publicado originalmente en 1962. Como se ve, las referencias literarias son constantes: todavía, en los créditos finales, se incluirá una cita de Blaise Pascal.



Se palpa muchísimo amor por el cine y la cultura franceses en Los exiliados románticos, lo cual no es de extrañar viniendo de un Trueba (es conocida la debilidad, tanto de David como de Fernando, por todo lo procedente del país galo). Así pues, no sólo los exteriores se han rodado en Francia (especialmente en su capital) sino que en los títulos de crédito se ha jugado con los colores de la bandera de aquel país (como puede observarse más arriba, en la primera imagen que precede esta entrada).



En su frescura y canto a la juventud, la película de Jonás Trueba conecta tanto con el espíritu de la Nouvelle vage como con algunas de las producciones independientes más recientes del cine francés (2 otoños 3 inviernos o La chica del 14 de julio serían buenos ejemplos). También contiene algo, si bien en menor grado, de la calma zen del coreano Sang-soo Hong. Ficción y realidad se mezclan a partes iguales. Por eso los personajes se llaman exactamente como los actores que los encarnan. Hay, en ese sentido, una aparición del también director Sigfrid Monleón interpretándose a sí mismo en el transcurso de una cena en la que Luis admite estar escribiendo una tesis doctoral sobre el exilio (exactamente igual que Luis E. Parés en la vida real).

Desayunando a orillas del Garona en Toulousse (con el Pont Neuf al fondo)
Luis E. Parés (sin barba) flanqueado por Isabelle y Renata
y (con barba) a la derecha de Francesco Carril
Renata Antonante e Isabelle Stoffel en el lago de Annecy


Otro de los rasgos que ponen de manifiesto la esencia libre del film son las canciones de Tulsa cantadas por Miren Iza y cuyas letras actúan en cierta manera de guion oficioso. De hecho, en Los ilusos se incluía también música en directo, lo cual supone una puesta en escena a veces cercana a la estética del videoclip. Y ¿qué decir, por otra parte, de su carácter políglota? En Los exiliados románticos se incluyen diálogos en italiano, francés, inglés e, incluso, en alemán. Nada extraño tratándose de una generación cuya patria será, sin duda, el mundo.

Aunque rodada con una cámara de fotos (¿quién lo diría?), esto es, en fin, lo que deparará la película de Jonás Trueba a quien quiera subirse a la furgoneta: soñar es libre y Francia está a un tiro de piedra. ¿A quién no le apetece liberarse de convencionalismos innecesarios a estas alturas para darse un chapuzón en un lago de aguas cristalinas?

El director Jonás Trueba