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martes, 31 de enero de 2023

La vida sin ti (2022)




Título original: À propos de Joan
Director: Laurent Larivière
Francia/Alemania/Irlanda, 2022, 101 minutos

La vida sin ti (2022) de Laurent Larivière


Dos viejos amantes se reencuentran casualmente al girar una esquina: han transcurrido demasiados años desde que Doug (Stanley Townsend) y Joan Verra (Isabelle Huppert) coincidieron por última vez, cuando ambos vivían sin mayor ambición que robar carteras y beber pintas de cerveza en los pubs de Dublín. Luego el destino los separó, dejándoles un recuerdo agridulce y un hijo fruto de su relación. Aunque Joan, tal vez por despecho, decide ocultarle al padre la existencia del niño y educarlo por su cuenta...

A veces, las vidas no vividas llegan a adquirir una dimensión bastante más profunda que el simple cúmulo de experiencias que conforman la trayectoria vital de un individuo. Por paradójico que parezca, eso es justamente lo que le sucede a la protagonista de À propos de Joan (2022), una mujer cuyos recuerdos se revisten de la atmósfera irreal de los sueños. Tanto es así que no duda en dirigirse a la cámara para presentarse, entablando un vínculo con el espectador que, lejos de producir efecto de extrañamiento alguno, nos sumerge con total naturalidad en esa evocación repleta de continuos saltos temporales.



Es interesante remarcar, al respecto, cómo la fotografía de Céline Bozon adopta una textura acorde con el momento histórico en el que transcurre cada acción. Así pues, las escenas de los jóvenes Doug (Éanna Hardwicke) y Joana (Freya Mavor) en la Irlanda de los años setenta se tiñen de tonalidades decoloradas, en oposición a la vivacidad de las imágenes en épocas posteriores, una vez que la susodicha busca la estabilidad junto a un peculiar novelista alemán (Lars Eidinger). Todo ello debidamente aderezado por la hermosa banda sonora que Jérôme Rebotier ha compuesto para la ocasión.

De igual modo, la puesta en escena ideada en este su segundo largometraje como director por el francés Laurent Larivière (Montpellier, 1972) ofrece soluciones enormemente imaginativas a la hora de plasmar tan sutil argumento, con réplicas a caballo entre el pasado y el presente. Lo cual, unido a la particular evolución de Nathan, el hijo que gradualmente irá superando distintas etapas (infancia, adolescencia...) hasta convertirse en adulto (interpretado por Swann Arlaud), supone un magistral ejercicio de introspección a través de la maternidad frustrada de alguien que necesita pasar página para librarse de los muchos fantasmas que la acosan.



sábado, 4 de enero de 2020

Próxima (2019)




Título original: Proxima
Directora: Alice Winocour
Francia/Alemania, 2019, 107 minutos

Próxima (2019) de Alice Winocour


El hecho de ir adentrándonos en el siglo XXI no sólo entraña que la temática espacial se haya vuelto paulatinamente más familiar en numerosas producciones cinematográficas, sino que, además, pierda parte del halo de misterio que siempre la ha envuelto. Eso es al menos lo que se intuye en una película como Próxima, interesante reflexión en torno a cómo las astronautas pueden conciliar una carrera profesional en extremo absorbente con la faceta no menos trascendental de ser madres.

Quizá porque ambas han sido dirigidas y protagonizadas por mujeres, ésta es una cinta que en determinados momentos puede recordar remotamente a High Life (2018) de Claire Denis. Con la diferencia, claro está, de que Próxima toca temas menos alegóricos. A este respecto, la relación entre la cosmonauta Sarah Loreau (interpretada por Eva Green) y su hija Stella (que por algo significa 'estrella' en latín) es el único rasgo mínimamente simbólico del filme. Eso y la paradoja de que, llamándose Próxima, la expedición consista en separarlas enviando a Sarah a bordo del que podría ser el primer viaje tripulado a Marte.



Una distancia enorme en kilómetros que, por si no fuera poco, viene a sumarse a la circunstancia de que los padres de Stella están separados. De ahí que, a sus siete u ocho años de edad, la niña, que también flaquea en su rendimiento académico, deba habituarse a pasar, alternativamente, temporadas en Francia o en Alemania, de donde es su padre (Lars Eidinger).

Rodada en varios idiomas y bajo el asesoramiento de la Agencia Espacial Europea, la puesta en escena de Alice Winocour, adornada con una banda sonora compuesta por el japonés Ryuichi Sakamoto, oscila continuamente entre la dureza del entrenamiento al que son sometidos los aeronautas y el pánico que asalta a madre e hija como consecuencia de no poder pasar juntas todo el tiempo que ellas quisieran. Un sentimiento de culpa que, en el caso de Sarah, se atenúa hasta cierto punto cuando su compañero Mike (Matt Dillon) intenta consolarla diciéndole que, de igual modo que no existe el astronauta perfecto, tampoco hay que obsesionarse con alcanzar la perfección en la todavía más compleja tarea de educar a los hijos.


jueves, 14 de febrero de 2019

High Life (2018)




Directora: Claire Denis
Alemania/Francia/Reino Unido/Polonia/EE.UU., 2018, 110 minutos

High Life (2018) de Claire Denis


Con el eco aún reciente de su anterior película (la intimista Un beau soleil intérieur), la veterana Claire Denis contraataca de nuevo con una coproducción internacional de ciencia ficción rodada en inglés cuyos referentes inmediatos serán fácilmente identificables para el cinéfilo medio.

Es el caso, por ejemplo, de los cuerpos criogenizados de la tripulación que Monte (el mismo Robert Pattinson de la saga Crepúsculo) lanza por la borda o la cápsula espacial que se adentra vertiginosamente en los confines del universo. Alusión evidente e inconfundible, tanto la una como la otra, al clásico entre clásicos del género sideral: 2001 y la odisea interestelar de Kubrick.



En cambio, la imponente nebulosa azafranada cuyos contornos vemos girar sobre sí mismos remite al planeta pensante que Tarkovsky hiciera célebre a través de Solaris (1971), mientras que la cabina masturbatoria en el interior de la cual la pérfida doctora Dibs (Juliette Binoche) protagoniza una tórrida escena podría considerarse la variante dramática del orgasmatrón con el que Woody Allen nos hacía reír en Sleeper (1973).

Bien pensado, la extraña y, en apariencia, rebuscada historia que se cuenta en High Life no deja de ser una parábola del mundo actual y de los inconvenientes que sobre él se ciernen: la incomunicación, la soledad, la obsesión por el sexo, la violencia machista, el ocaso de la humanidad, desnortada y rumbo a un incierto horizonte amarillo en el que padre e hija pondrán el punto y final a su accidentado periplo.


miércoles, 31 de mayo de 2017

Personal Shopper (2016)




Director: Olivier Assayas
Francia/Alemania, 2016, 105 minutos

Personal Shopper (2016) de Olivier Assayas


Parece que no acaba de haber unanimidad a la hora de valorar lo último de Olivier Assayas, quizá por tratarse, precisamente, de un cineasta que no suele dejar indiferente a nadie. Abucheada por un sector de la crítica en Cannes, ovacionada por el público en el momento de su estreno, da la sensación de que Personal Shopper posee la rara habilidad de concitar las iras o la expectación, según el caso, de propios y extraños.

En honor a la verdad, hay que admitir que se hecha en falta un rumbo claro en el desarrollo argumental de la trama. ¿Qué ha pretendido Assayas?: ¿explicar una historia de ectoplasmas resabiados o, más bien, el vacío existencial que aflige a la asistente personal de una celebridad caprichosa? A juzgar por el título, tal vez lo segundo. Pero, entonces, ¿qué pinta su faceta de médium aficionada? ¿Cómo ligar dos temas en apariencia inconexos?



Demérito o virtud, lo cierto es que el realizador francés ha vuelto a incurrir en la misma indefinición que ya marcara su anterior trabajo, Clouds of Sils Maria (2014). Y eso es lo que, muy probablemente, enerva a tantos espectadores: la sensación de que se ha querido abarcar tal cantidad de cosas que, al final, se acaba apretando poco. Por no hablar de la escasa credibilidad que transmiten unos diálogos en los que se muestra continuamente a Maureen (Kristen Stewart) como 

Con todo, no puede negarse la propensión del director a un eclecticismo que, en el caso concreto de la banda sonora, hace coincidir la música de la mística Hildegard von Bingen con la gélida voz de Marlene Dietrich o las sonoridades antiguas de la viola da gamba de Jordi Savall con la guajira del cubano Guillermo Portabales. No pega ni con cola, pero es lo que hay...