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sábado, 25 de noviembre de 2023

Amenaza en la sombra (1973)




Título original: Don't Look Now
Director: Nicolas Roeg
Reino Unido/Italia, 1973, 110 minutos

Amenaza en la sombra (1973) de Nicolas Roeg


Remotamente parecida a La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968), la ambientación veneciana de Don't Look Now (1973) la sitúa, sin embargo, en un plano muchísimo más fantasmagórico, si cabe, que el Nueva York del filme de Polanski. Al mismo tiempo, el británico Nicolas Roeg, lejos de los efectismos propios de una gran superproducción comercial, opta por una puesta en escena más de corte intimista, tal vez en la línea de lo que su compatriota Jack Clayton había llevado a cabo en la modélica ¡Suspense! (The Innocents, 1961).

Terror psicológico, pues, perteneciente a una tradición literaria de la que el relato de Daphne Du Maurier en el que se basa la cinta es claro heredero y cuyo mérito reside más en insinuar que no en mostrar. A este respecto, el presunto don adivinatorio del arquitecto John Baxter (Donald Sutherland) se acabará convirtiendo en una especie de maldición que planea a lo largo de toda la trama, pero sin que lleguen a concretarse ni el origen ni el verdadero significado de esas supuestas visiones premonitorias que continuamente le aquejan.



A su vez, pasaría un poco lo mismo con la perturbadora pareja de hermanas que se cruza en el camino del joven matrimonio: dos señoras otoñales, una de ellas (Hilary Mason) ciega y vidente como el Tiresias de la mitología griega, cuya aparente amabilidad no se sabe muy bien si encierra alguna pérfida intención, quizá relacionada con ese macabro muestrario de retratos y recuerdos (en principio pertenecientes a familiares ya fallecidos) que las acompaña a todas partes.

La ciudad decrépita, con sus canales y ambientes brumosos, inusualmente vacíos en época invernal, se convierte asimismo en un personaje más de la historia. Como el recuerdo constante de la hija muerta, ahogada en extrañas circunstancias en el estanque familiar antes de que John y Laura (Julie Christie) se trasladasen a Italia por motivos laborales, y en cuyo chubasquero rojo parecen intuirse no pocos presagios, la mayoría sangrientos.



sábado, 12 de enero de 2019

Los vividores (1971)




Título original: McCabe & Mrs. Miller
Director: Robert Altman
EE.UU., 1971, 120 minutos

Los vividores (1971) de Robert Altman


Los vividores (wéstern crepuscular cuyo título original había sido McCabe & Mrs. Miller) responde a los parámetros habituales del cine de una época en la que ya no importa tanto el qué sino el cómo. Así pues, lo que antes fueran apolíneos vaqueros tipo Randolph Scott se transforman aquí en mugrientos y greñudos buscavidas; la perfección técnica de un John Ford daba paso al uso recurrente y abusivo del zum y, por último, la nitidez del blanco y negro de los clásicos del género es sustituida por el enojoso flou con el que el director de fotografía Vilmos Zsigmond lo inunda todo.

Y encima Robert Altman, en lugar de las tórridas praderas del lejano Oeste, decidió trasladar la acción a las montañas nevadas de Vancouver (Canadá). Enclave ideal para montar un prostíbulo que haga las delicias de los mineros que trabajan en las proximidades. Los mismos que ya no se expresan con la dicción impecable de antaño, sino que mastican las palabras de sus diálogos improvisados tal y como está mandado en los filmes corales de Altman.



En ese mismo orden de cosas, no deja de ser curioso comprobar hasta qué punto los cineastas tienden a imaginar el pasado desde su presente más inmediato. Sin ir más lejos, resulta inevitable ver a Warren Beatty embutido en la espectacular piel de oso que luce en esta película y no pensar en el Bob Dylan de la portada del álbum Hurricane, pese a que la banda sonora corriese a cargo, precisamente, de otro ilustre cantautor: Leonard Cohen.

Julie Christie aportaba, por último, el contrapunto perfecto con su personaje de meretriz arisca y adicta al opio, sin duda inspirado por el afán desmitificador que ya estaba presente en la novela de Edmund Naughton en la que se inspira el guion y que llevaría a Altman a calificar su película de verdadero antiwéstern.