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martes, 7 de enero de 2025

El inocente (1976)




Título original: L'innocente
Director: Luchino Visconti
Italia/Francia, 1976, 129 minutos

El inocente (1976) de Luchino Visconti


Un detalle que no suele mencionarse de L'innocente (1976), la película póstuma de Luchino Visconti, es que la mano que vemos al comienzo, durante los títulos de crédito iniciales, pasando delicadamente las hojas de la novela homónima de Gabriele D'Annunzio en la que se basa el guion, es la del propio cineasta. Lo cual revela la implicación del autor con su obra hasta el último suspiro, cuando ya apenas le quedaban fuerzas para seguir trabajando.

Lo cierto es que, entre una cosa u otra, la cinta pasó sin pena ni gloria, quizá porque el elenco de actores, tras la imposibilidad de contar con Alain Delon y Romy Schneider (que era la pareja artística que inicialmente hubiese deseado el director) tampoco contenía ningún nombre que resultase comercialmente relevante para el público de la época.



En cualquier caso, Giancarlo Giannini, en su papel del arrogante Tullio Hermil, se muestra más que convincente a la hora de encarnar a un hombre caprichoso y algo neurótico cuyo carácter atormentado le llevará a mantener un triángulo de fatales consecuencias entre una esposa insatisfecha (Laura Antonelli) y una amante independiente que desafía las convenciones sociales (Jennifer O'Neill).

Así pues, Visconti demostraba por enésima vez su particular sensibilidad a la hora de plasmar en imágenes el decadentismo de la aristocracia decimonónica, siempre con la mira puesta en reproducir minuciosamente el vestuario y los decorados en los que transcurre una historia trágica con ribetes folletinescos.



viernes, 27 de diciembre de 2024

Senso (1954)




Director: Luchino Visconti
Italia, 1954, 123 minutos

Senso (1954) de Luchino Visconti


Se ha dicho muy a menudo que Visconti "traicionó" los postulados básicos del neorrealismo italiano al proponer en Senso (1954) un fresco histórico de delicado colorismo preciosista e innegable sabor aristocrático. Con una puesta en escena, dicho sea de paso, que bebe descaradamente de fuentes operísticas (la acción, de hecho, arranca en La Fenice de Venecia durante una representación de Il trovatore de Verdi). Reproches que hoy se nos antojan ridículos frente a la magnificencia de una obra maestra (debidamente restaurada, en la actualidad, gracias al apoyo financiero de Gucci y de la Film Foundation de Scorsese) cuya trama se sitúa en pleno Risorgimento, durante la ocupación austríaca del Véneto en 1866.

En un principio (es otro de los lugares comunes que suelen citarse, invariablemente, al comentar esta película), Visconti había pensado que Ingrid Bergman y Marlon Brando, por aquel entonces una estrella incipiente, protagonizasen el que iba a ser su primer proyecto internacional de gran envergadura. Sin embargo, ni la actriz sueca podía trabajar a las órdenes de otros directores, por prohibición expresa de su marido, Roberto Rossellini, ni Brando tenía aún el suficiente gancho comercial como para convencer a los productores italianos de la cinta.



Por todo lo cual, serían finalmente Alida Valli y Farley Granger los encargados de escenificar la tormentosa historia de amor entre la condesa Livia Serpieri y el teniente Franz Mahler. Su relación, por completo escandalosa, dada la condición de invasor del oficial y los vínculos familiares de la aristócrata con la causa nacionalista, responde a los parámetros de una concepción narrativa típicamente decimonónica, muy en la línea de otros célebres modelos románticos, por ejemplo Ana Karénina.

Nombres tan ilustres como Giorgio Bassani o los norteamericanos Tennessee Williams y Paul Bowles colaboraron en la escritura de un filme que destaca por la credibilidad de sus imágenes, desde las excelentes localizaciones venecianas hasta los decorados de Gino Brosio o el impecable diseño de vestuario del tándem formado por Marcel Escoffier y Piero Tosi. Todo un marco idóneo que Visconti aprovecha para reflexionar sobre la historia de Italia y sus contradicciones. De ahí que el argumento gire en torno a la decadencia moral de una mujer que, en cierta manera, transgrede los ideales de su propia clase social.



miércoles, 25 de diciembre de 2024

Obsesión (1943)




Título original: Ossessione
Director: Luchino Visconti
Italia, 1943, 134 minutos

Obsesión (1943) de Luchino Visconti


Debut en la dirección de uno de los grandes, la intensidad de Ossessione (1943), ya desde su propio título, pone de manifiesto cuáles van a ser las coordenadas por las que discurrirá la posterior filmografía del italiano Luchino Visconti (1906-1976). Adaptación indisimulada de El cartero siempre llama dos veces, aunque los créditos no mencionan en ningún momento la novela de James M. Cain, aquí la tragedia se cuece a fuego lento mediante un juego de miradas y silencios en el que Gino (Massimo Girotti) y Giovanna (Clara Calamai) dan rienda suelta a su pasión pese a los muchos impedimentos morales y religiosos que pudieran oponerse a ello.

A este respecto, la censura fascista masacró una película que sólo la pericia del cineasta lograría salvar de su práctica desaparición gracias a la copia que pudo esconder durante los convulsos días que atravesaba el país. Lo cual no deja de ser una excelente noticia en términos cinéfilos, considerando que la mirada de Visconti, a medio camino entre el neorrealismo descarnado y el cine negro, supera en audacia a las posteriores versiones hollywoodenses de Tay Garnett (1946) y Bob Rafelson (1981).



No obstante, y volviendo al fatídico triángulo amoroso que constituye el centro de la trama, no está de más recordar que fue un actor español, el orondo Juan de Landa (1894-1968), quien interpretó al ingenuo Giuseppe, esposo de la susodicha Giovanna y obstáculo para que ella y su ardoroso amante puedan gozar libremente de una relación adúltera y, por ende, incompatible con las férreas convenciones sociales de la época. Como ambigua y hasta cierto punto tensa es la relación entre aquél y El Español (Elio Marcuzzo), individuo errante y misterioso por el que Gino siente una atracción en la que algunos han creído ver algún tipo de homosexualidad latente.

En definitiva, la angustia de unos personajes abocados a la desgracia se palpa en el ambiente mísero en el que transcurren los hechos, desde la modesta fonda de carretera donde arranca la historia hasta la no menos sórdida casa de citas en Ferrara a la que acude Gino en busca de la angelical Anita (Dhia Cristiani). El caso es que unos y otros, acuciados por las circunstancias, se dejan arrastrar por una imprevisible vorágine pasional cuyo desenlace, en cierta manera, podría considerarse el castigo a tantísimo desenfreno.



martes, 8 de octubre de 2019

Años difíciles (1948)


















Título original: Anni difficili
Director: Luigi Zampa
Italia, 1948, 113 minutos

Años difíciles (1948) de Luigi Zampa

En la tradición del mejor cine italiano, Anni difficili plantea un caso de conciencia derivado de la compleja coyuntura social que se vivió en Italia con motivo del ascenso al poder y posterior caída del Fascio mussoliniano. A este respecto, el humilde funcionario Aldo Piscitello (interpretado por el actor Umberto Spadaro) es un individuo cuya circunstancia representa, en realidad, la de tantos ciudadanos que se vieron literalmente forzados a abrazar unas ideas en las que no sólo no creían, sino que, además, les iban a acarrear cuantiosas penurias tanto a ellos como a sus respectivas familias.

Hombre que es a la vez todos los hombres, el siciliano Piscitello obedece los dictados de unos superiores abierta y obscenamente colaboracionistas, ataviados con el correspondiente uniforme negro que él mismo acabará luciendo como escuadrista participante en múltiples desfiles.



Tal y como aparece descrito, el fascismo vendría a ser una especie de virus altamente contagioso que se extiende rápidamente entre los miembros de una sociedad enferma de miseria moral e hipocresía. Hábiles fariseos que, a diferencia del pobre y resignado Piscitello, se cambiarán de camisa como si tal cosa, cuando lleguen las fuerzas aliadas, para abrazar los nuevos y aparentemente liberales ropajes de la Democracia Cristiana.

Se comprenderá, por tanto, que una cinta tan valiente como incómoda permaneciera, pese a los galardones obtenidos en el Festival de Venecia, condenada durante años a un más que sospechoso ostracismo del que sólo muy recientemente ha logrado zafarse. Por cierto que el tándem Zampa-Brancati (director y guionista, respectivamente del filme) contraatacaron años más tarde con una secuela de irónico título, Anni facili (1953), que denunciaba, no ya el alto precio pagado por las clases subalternas durante la dictadura y la guerra, sino la posterior corrupción del nuevo y supuestamente próspero régimen democrático.