Título original: The Last Man on Earth
Directores: Ubaldo Ragona y Sidney Salkow
Italia/EE.UU., 1964, 87 minutos
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| El último hombre sobre la Tierra (1964) |
Primera de las cuatro adaptaciones cinematográficas de I Am Legend (1954), novela del escritor estadounidense Richard Matheson, autor, entre otras, de la célebre El increíble hombre menguante, a cuya versión ya dedicamos, en su día, la entrada pertinente. El argumento, a medio camino entre la distopía y las historias de terror, gira en torno a una terrible pandemia que acaba con la mayor parte de la población mundial, mientras que al resto los convierte directamente en peligrosos zombis que sólo salen de noche. Únicamente un hombre, el doctor Robert Morgan (Vincent Price), permanecerá inmune al virus debido a que, años atrás, cuando trabajaba en Panamá, fue mordido en una pierna por un murciélago...
Otra de esas cintas premonitorias cuyo escenario de calles desoladoramente vacías es hoy, por desgracia, realidad en muchos puntos del planeta. Como el escepticismo, al parecer connatural a la condición humana, ahora y hace más de medio siglo, presente en algunas líneas de los diálogos: "I'm a scientist, not an alarmist!", replica Morgan cuando su buen amigo Ben (Giacomo Rossi Stuart) le advierte del peligro que está a punto de cernerse sobre sus destinos.
Sí, de acuerdo: ni se trata de una obra maestra en su género ni el paso del tiempo le ha sentado especialmente bien. Sin embargo, quien tenga ocasión de ver The Last Man on Earth comprobará con asombro el enorme parecido entre su turbamulta de criaturas vampíricas y los muertos vivientes que, poco después, catapultarían a la fama a George A. Romero. Influencia, por cierto, que, de tan evidente, el propio director tuvo que acabar admitiendo.
Por lo demás, esta coproducción italoamericana de bajo presupuesto hará las delicias de quienes disfruten con la detección de gazapos, incongruencias y habituales meteduras de pata del cine de serie B: una chimenea humeante en la panorámica de una ciudad que se supone deshabitada, vehículos circulando en lontananza a través de esa misma localidad "fantasma". Aunque tiene también, por qué negarlo, el encanto de unas localizaciones romanas (como el fascista Palazzo della Civiltà Italiana, cuya escalinata aparece sembrada de cadáveres) que, a priori, uno no relacionaría jamás con un filme de estas características. ¿O tal vez sí...?
Otra de esas cintas premonitorias cuyo escenario de calles desoladoramente vacías es hoy, por desgracia, realidad en muchos puntos del planeta. Como el escepticismo, al parecer connatural a la condición humana, ahora y hace más de medio siglo, presente en algunas líneas de los diálogos: "I'm a scientist, not an alarmist!", replica Morgan cuando su buen amigo Ben (Giacomo Rossi Stuart) le advierte del peligro que está a punto de cernerse sobre sus destinos.
Sí, de acuerdo: ni se trata de una obra maestra en su género ni el paso del tiempo le ha sentado especialmente bien. Sin embargo, quien tenga ocasión de ver The Last Man on Earth comprobará con asombro el enorme parecido entre su turbamulta de criaturas vampíricas y los muertos vivientes que, poco después, catapultarían a la fama a George A. Romero. Influencia, por cierto, que, de tan evidente, el propio director tuvo que acabar admitiendo.
Por lo demás, esta coproducción italoamericana de bajo presupuesto hará las delicias de quienes disfruten con la detección de gazapos, incongruencias y habituales meteduras de pata del cine de serie B: una chimenea humeante en la panorámica de una ciudad que se supone deshabitada, vehículos circulando en lontananza a través de esa misma localidad "fantasma". Aunque tiene también, por qué negarlo, el encanto de unas localizaciones romanas (como el fascista Palazzo della Civiltà Italiana, cuya escalinata aparece sembrada de cadáveres) que, a priori, uno no relacionaría jamás con un filme de estas características. ¿O tal vez sí...?

