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viernes, 15 de agosto de 2025

La primera noche de la quietud (1972)




Título original: La prima notte di quiete
Director: Valerio Zurlini
Italia/Francia, 1972, 132 minutos

La primera noche de la quietud (1972)


Hay películas, como La prima notte di quiete (1972), del italiano Valerio Zurlini, cuyo atractivo principal reside en una determinada estética, muy cercana a lo que pudiera denominarse un existencialismo tardío. Son esos planos generales del protagonista, embozado en su sempiterno gabán mientras camina cabizbajo a lo largo del desierto paseo marítimo de Rímini, los que de alguna manera definen la atmósfera de cuanto sucede en pantalla. Dicho individuo, de nombre Daniele Dominici e interpretado por Alain Delon, refleja en su rostro el tormento que lo atenaza ante el absurdo de una vida para él desprovista de sentido. Apenas algunos versos, tal vez el placer efímero de los juegos de azar, logran llenar ese vacío tan insufrible.

Se intuye, por su apellido ilustre, que el susodicho debe proceder de alguna insigne familia, si bien ha preferido refugiarse en una pequeña localidad de provincias, donde ejercerá de profesor de literatura en un modesto centro de enseñanza secundaria, quién sabe si huyendo de su propio pasado. Le acompaña su pareja (Lea Massari), de la que parece haberse distanciado hace tiempo y con la que sólo comparte techo. Triste panorama y triste horizonte, por tanto, el que Daniele tiene frente a sí.



Y entonces se abre de improviso una posibilidad para la esperanza, una fisura sobre la superficie gris de la realidad cotidiana que deja entrever que aún hay motivos para ilusionarse: Vanina (Sonia Petrovna) destaca entre los demás alumnos por su belleza y sus conocimientos literarios, pero también por un halo de misterio que suscita de inmediato el interés de Daniele. Lo malo es que es la novia de Gerardo (Adalberto Maria Merli), arrogante propietario de un imponente deportivo rojo y uno de los compañeros de timba del profesor. De modo que enamorarse de semejante muchacha lo mismo pudiera comportar su salvación que su perdición definitiva...

No obstante, parece razonable objetar que la puesta en escena de Zurlini adolece de una serie de tics (la vacuidad de los espacios, la incomunicación entre personas...) que hoy resultan un tanto impostados. O quizá es que la cinta que nos ocupa se rodó en una época en la que lo que tocaba era ya otra cosa: de haberse realizado una década antes y en manos de, por ejemplo, un Antonioni, a lo mejor estaríamos hablando de una obra maestra a la altura de La notte (1961) o de El eclipse (1962). En todo caso, no puede negarse el poder de fascinación de ese viaje melancólico y amargo de los protagonistas (dos seres vulnerables, marcados por sus respectivas trayectorias vitales) a través del desencanto y la soledad.



domingo, 1 de mayo de 2022

Muerte de un amigo (1959)




Título original: Morte di un amico
Director: Franco Rossi
Italia, 1959, 95 minutos

Muerte de un amigo (1959) de Franco Rossi


El estilo inconfundible de Pasolini se percibe enseguida en esta cinta a propósito de dos colegas que se dedican a ejercer el proxenetismo y a extraer el máximo beneficio de pequeños chanchullos no demasiado legales. En ese sentido, ni Aldo (Gianni Garko) ni Bruno (Spyros Fokas) han tenido jamás un empleo estable ni tampoco les atrae mucho la idea de vivir sujetos a obligaciones. Para ellos lo principal es el dinero contante y sonante en el bolsillo, de modo que ambos parecen predestinados a tener problemas con la justicia.

Cierto que Aldo dejará entrever un cierto propósito de enmienda cuando, a través de su madre (una honesta viuda que trabaja de sol a sol para sacar adelante a su familia), conozca a Adriana (Anna Mazzuchelli), una vecina que duda entre si hacerse o no monja. El caso es que, por más que Aldo se sienta atraído por la joven, la fatalidad acabará provocando, sin embargo, que finalmente se decante hacia el lado oscuro de Bruno aceptando ser su cómplice en un arriesgado golpe de consecuencias imprevisibles.



A diferencia de Aldo, Bruno carece de una familia que, llegado el momento, pudiera inspirarle el deseo de abandonar la delincuencia. Por contra, su trayectoria es la típica de un chico de la calle que se ha hecho a sí mismo a fuerza de curtirse en las mil y una penurias a las que ha debido hacer frente desde pequeño. De ahí que no se deje ablandar cuando su pupila Franca (Angela Luce) le confiesa que está embarazada: ajeno a cualquier instinto de paternidad, ni siquiera besa a la muchacha cuando se despiden en la parada de autobús.

A medio camino entre el cine negro y la denuncia social, Morte di un amico (1959) anuncia, ya desde su propio título, el destino trágico que se cierne sobre quienes optan por la marginalidad en vez de asumir una conciencia de clase que, sin sacarlos de pobres, pudiera al menos redimirlos a través del honrado cumplimiento de sus deberes.



domingo, 1 de diciembre de 2019

La momia (1969)




Título original: Al-mummia / المومياء
Título alternativo: The Night of Counting the Years
Director: Chadi Abdel Salam
Egipto, 1969, 99 minutos

La momia (1969) de Chadi Abdel Salam

Los que dormís, os levantaréis. 
Los que camináis, seréis resucitados. 
Porque se os debe la Gloria...
Elévate, no perecerás. 
Has sido llamado por tu nombre. 
Has sido resucitado...

Lejos de remedar el modelo que en su día fijara el Hollywood clásico, asociado ad æternum al rostro impasible de Boris Karloff, la versión egipcia de La momia optó, en cambio, por seguir una caligrafía vagamente deudora de un cierto cine soviético. De modo que el espectador avezado reconocerá de inmediato la impronta de, por ejemplo, Sayat Nova (1969) en el hieratismo de los actores o en el tratamiento preciosista del color. Cine que imita al arte para convertirse, a su vez, en tableau vivant.

Rodada hace justo medio siglo, Al-mummia (1969) se habría perdido para siempre, casi con toda probabilidad, de no haber sido por el buen hacer de Martin Scorsese. En ese sentido, el cineasta cinéfilo puso los medios, a través de World Cinema Project, la fundación por él auspiciada, para que se llevase a cabo la pertinente restauración del filme.



Los hechos narrados se remontan a 1881, cuando una buena cantidad de sarcófagos y demás objetos de valor, pertenecientes a diferentes dinastías, fue encontrada en un lugar recóndito del Valle de los Reyes. A partir de ese momento, un grupo de arqueólogos de El Cairo pondrá en marcha un arriesgado operativo con la finalidad de que la tribu de los Horabat deje de saquear las tumbas.

Sendas citas del Libro de los muertos abren y cierran una película cuya omnipresente banda sonora, compuesta por el italiano Mario Nascimbene a base de sintetizadores y demás efectos electrónicos tan en boga a finales de los sesenta, contribuye a crear la atmósfera de suspense que se presupone en una cinta de tales características. El resto del misterio lo aportan las antiguas ruinas faraónicas, inquietantes figuras de negro vagando sobre la arena del desierto y unos diálogos más bien crípticos que denotan, por parte de su director, Chadi Abdel Salam (1930–1986), la voluntad de emparentar su obra con el Faraón (1966) de cartón piedra del polaco Kawalerowicz.