domingo, 31 de marzo de 2019

Caudillo (1977)















Director: Basilio Martín Patino
España, 1977, 105 minutos

Caudillo (1977) de Basilio Martín Patino

Perfeccionando la fórmula que ya ensayara en Canciones para después de una guerra (1976), el añorado Basilio Martín Patino contraatacaba con este nuevo collage fabricado a base de imágenes y documentos sonoros de archivo. Toda una proeza, si se tienen en cuenta las condiciones absolutamente clandestinas en las que se gestó la película, pero que, por otra parte, garantizaban al cineasta una absoluta libertad de expresión.

Caudillo adopta la estructura de una crónica, en estricto orden cronológico, el contenido de la cual va desde el nacimiento de Franco en El Ferrol hasta la victoria del bando nacional en la guerra "incivil", según las palabras de Unamuno que recita una voz en off, quien habló asimismo de "una epidemia de locura", "una salvajada anticristiana y antieuropea" y del "suicidio moral de España" poco antes de su fallecimiento en diciembre de 1936.



Son precisamente los versos de Neruda, Machado o Alberti los que darán lugar a algunos de los momentos más emotivos de un filme que se construyó con la firme voluntad de servir de réplica al panegírico llevado a cabo en 1964 por José Luis Sáenz de Heredia bajo el título de Franco, ese hombre.

Y entre tanto y tan variado material, salpicado, aquí y allá, con la música de los himnos de uno y otro bando, no faltan imágenes de las ruinas de Belchite o de Brunete ni el testimonio de milicianos anarquistas que sirvan para desmentir la versión oficial de aquella supuesta "cruzada" cuyo único y espantoso resultado fueron un millón de muertos.


miércoles, 27 de marzo de 2019

Funan (2018)















Director: Denis Do
Francia/Luxemburgo/Bélgica, 2018, 84 minutos

Funan (2018) de Denis Do

Amparándose en el encanto que, a priori, suscitan los filmes de animación, durante la última década han sido varios los cineastas que se han atrevido a abordar determinados conflictos internacionales. Es el caso de Vals con Bashir (2008) del israelí Ari Folman, sobre la invasión del Líbano, así como de Persépolis (2007), visión de Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi a propósito de la caída del Shah de Persia y la posterior revolución islámica.

Al igual que esta última, Funan nos llega ahora desde Francia, antigua metrópolis de lo que luego sería la actual Camboya y destino de una parte de la escasa disidencia que logró huir del implacable genocidio perpetrado por los Jemeres Rojos de Pol Pot, entre 1975 y 1979, en su terrible afán por imponer el agrarismo radical en el conjunto del territorio de Kampuchea.



Su director, el debutante Denis Do (París, 1985), desciende precisamente de refugiados, motivo más que obvio para comprender por qué eligió semejante temática para su primera película. El caso es que, a pesar de lo cruento de la historia que cuenta (en buena medida, recuerdos de lo que le tocó vivir a su propia familia), Funan es la flamante ganadora del Cristal, o máximo galardón, del último Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy.

Merecida recompensa, a buen seguro, pero que no impide que se nos ocurra algún que otro reparo respecto a cómo tantísima crueldad acaba difuminada tras la inocua apariencia de sus personajes dibujados. O de hasta qué punto las sensuales voces de Bérénice Bejo y Louis Garrel actúan de edulcorante en una trama un tanto folletinesca (con niño perdido incluido). Circunstancias en las que quizá no caía (o puede que no tanto, al hallarse temporalmente más cerca de los hechos relatados) Roland Joffé en su ya clásica The Killing Fields (1984).


Maya (2018)















Directora: Mia Hansen-Løve
Francia/Alemania, 2018, 107 minutos

Maya (2018) de Mia Hansen-Løve

La belleza de tu película no residirá en las imágenes (tarjetapostalismo), sino en lo inefable que éstas liberarán.

Robert Bresson
Notas sobre el cinematógrafo
Traducción de Daniel Aragó Strasser

Si en este blog fuésemos dados a ponerle título a todas y cada una de las entradas que lo conforman, la presente debería ir encabezada por algo así como "Ni fu ni fa. O de cómo hacer pasar una película anodina por una obra de arte". Porque Maya, la enésima entrega de Mia Hansen-Løve, la realizadora francesa de apellido nórdico, vuelve a ser más de lo mismo: como Le père de mes enfants (2009), como Un amour de jeunesse (2011), como Edén (2014), como L'avenir (2016), como siempre...

Un cine que hunde sus raíces de forma más que ostensible en los presupuestos establecidos por Robert Bresson, pero que dista mucho, sin embargo, de igualar el mismo resultado. Maya, por ejemplo, es una bonita postal escrita desde la India: el viaje hasta Goa de un corresponsal de guerra que, tras su cautiverio en Siria, decide dar un nuevo rumbo a su existencia regresando al escenario en el que pasó la niñez.



Que una vez allí, y tras haber dejado en Francia a la que fuera su pareja, se dé de bruces con el amor parece una broma cruel del destino, pese a que Gabriel (Roman Kolinka), que sobrevivió a las inclemencias del integrismo islámico, no parece muy dispuesto a sucumbir de nuevo ante las del compromiso...

Interesante planteamiento, de acuerdo, aunque no la genialidad que algunos pretenden cada vez que Hansen-Løve presenta un nuevo filme. A Maya le falta profundidad y le sobran panorámicas de muchos de los lugares y monumentos que visitan los protagonistas; se echan de menos algunas aclaraciones a propósito de la compleja relación de Gabriel con su madre o de la feroz especulación inmobiliaria en torno a la casa familiar. Y todo para que al final, mientras desfilan los títulos de crédito, a uno le quede la vaga impresión de haber pasado de puntillas por la vida de estos personajes.


martes, 26 de marzo de 2019

El sabor de la muerte (1995)
















Título original: Kiss of Death
Director: Barbet Schroeder
EE.UU., 1995, 101 minutos

El sabor de la muerte (1995) de Barbet Schroeder

Falto de verosimilitud hasta el hartazgo, el guion de Kiss of Death tiene menos consistencia que la casa de paja de los tres cerditos. Y eso que se trata de un remake de la película homónima de Henry Hathaway, escrita por los míticos Ben Hecht y Charles Lederer a mediados de la década de los cuarenta. Pero nada: ni por ésas. Se conoce que lo que entonces podía funcionar en una típica cinta de cine negro, trasladado a los noventa apenas sí da el pego.

Ni David Caruso es Victor Mature ni Nicolas Cage, Richard Widmark. Ni siquiera la repentina desaparición del personaje de Helen Hunt contribuye lo más mínimo a que uno pueda creerse la historia de un antiguo ladrón de coches reconvertido en abnegado padre de familia. En fin: carne de Razzie...



Siempre me he preguntado qué necesidad tienen afamados directores europeos como Bertrand Tavernier, Volker Schlöndorf o el propio Barbet Schroeder para embarcarse, de vez en cuando, en este tipo de bodrios. Y la verdad es que sería difícil dar con una respuesta convincente de no ser por el consabido poderío de Hollywood en lo tocante a presupuestos estratosféricos.

En cualquier caso, el paso del tiempo tampoco ha jugado a favor de una película que, en su momento, tal vez debió ser recibida como un thriller sólido, pero que hoy ofrece el mismo aspecto que uno de esos insulsos telefilmes de sobremesa que pasan por televisión los fines de semana.


domingo, 24 de marzo de 2019

The Disaster Artist (2017)













Director: James Franco
EE.UU., 2017, 104 minutos

The Disaster Artist (2017) de James Franco

Si no fuera porque cuenta un hecho real (demasiado real), The Disaster Artist pudiese haber sido un gran filme. Pero no: la cosa no pasa de divertida réplica de los acontecimientos que rodearon la gestación de una de las "peores" películas de la historia.

En la estela de títulos como el Ed Wood (1994) de Tim Burton o Rebobine, por favor (Be Kind Rewind, 2008) de Michel Gondry, los hermanos Dave y James Franco consiguen hacer entrañable la figura del peculiar Tommy Wiseau: supuestamente un personaje de origen y fortuna desconocidos, pero que, de ser cierta la información que figura en IMDb, habría nacido en Poznan (Polonia) en 1955.



The Room, la película en cuyo accidentado rodaje se inspira esta otra, fue, sin duda, un engendro simpático que acabó por ganarse el favor del público como filme de culto. The Disaster Artist, en cambio, pretende hacer las funciones de Making Of dramatizado, una especie de "¿Cómo se hizo?" al más puro estilo de las comedias gamberras de antaño.

Todo lo cual no significa que como película carezca de interés, ni mucho menos, si bien es cierto que a base de incluir cameos de celebridades (Melanie Griffith, Sharon Stone, Judd Apatow, Zac Efron, el propio Tommi Wiseau...) termina convirtiéndose en un divertimento tierno e ingenioso, pero falto de la profundidad que cabría esperar en unos tipos que todo lo arriesgaron para hacer realidad su sueño.


Inju, la bestia en la sombra (2008)














Título original: Inju, la bête dans l'ombre
Director: Barbet Schroeder
Francia/Japón, 2008, 105 minutos

Inju, la bestia en la sombra (2008) de B. Schroeder

Inclasificable e inquieto como pocos cineastas, el incansable Barbet Schroeder daba otra vuelta de tuerca a su ya extensa filmografía con un thriller en las antípodas de sus documentales políticos. Inju, adaptación de la novela homónima de Rampo Edogawa (1894–1965), se adentra en los límites entre ficción y realidad a partir de una compleja trama de falsas apariencias en la que ni nada ni nadie parece ser lo que realmente aparenta.

Benoît Magimel interpreta a un profesor universitario y exitoso autor de best sellers, llamado Alex Fayard, cuya máxima ambición es llegar a desentrañar algún día quién se esconde realmente tras la misteriosa personalidad de su autor predilecto: el japonés Shundei Oe. A partir de ahí, y siempre en un improbable escenario en el que lo fantástico irrumpe en lo diurno, Fayard irá a parar al país del sol naciente donde, con el pretexto de promocionar su último libro, se verá envuelto en una extraña red de yakuzas y masoquismo en torno a la bella geisha Tamao (Lika Minamoto).



Ya desde el comienzo —en el que lo que contemplamos en pantalla no es "nuestra" película, sino el final de la adaptación cinematográfica de una obra de Oe que Fayard está proyectando para sus alumnos de la facultad— se nos da a entender que no deberíamos fiarnos de nada de lo que nos disponemos a ver durante los siguientes cien minutos. Ni nosotros ni el propio Fayard, por muy experto en la materia que él mismo se crea.

Previsible a ratos, aunque siempre entretenida, Inju, la bête dans l'ombre demuestra que Schroeder también sabe hacer cine de género cuando se lo propone.


sábado, 23 de marzo de 2019

Mayores con reparos (1967)
















Director: Fernando Fernán Gómez
España, 1967, 88 minutos

Mayores con reparos (1967)
de Fernando Fernán Gómez

La palabra cabaré ha ido perdiendo por el camino buena parte de su carga semántica hasta quedar reducida a un mero arcaísmo, más popular por ser el título de un célebre musical que no por las incómodas connotaciones que un día tuvo el vocablo. Porque hubo un tiempo en el que, según el DRAE, llamar cabaratera a una mujer implicaba que la aludida tenía "aspecto provocativo, modales groseros y expresión desenfadada". O sea que ni beber ni bailar ni espectáculos de variedades: lo que los españolitos reprimidos iban buscando a ese tipo de locales era más bien echar una cana al aire.

El dramaturgo Juan José Alonso Millán estrenó su comedia Mayores con reparos en el madrileño Teatro Reina Victoria en abril de 1965. Y, dada la morbosidad que, en aquel entonces, despertaban estos temas entre la mojigata sociedad española del tardofranquismo, ni que decir tiene que la obra obtuvo un éxito rotundo de público.



Estaba cantada, pues, según costumbre de la época, la correspondiente adaptación cinematográfica de la misma, que corrió a cargo de Fernando Fernán Gómez, todo un especialista en estos menesteres. Se da la circunstancia de que el intérprete, ducho conocedor tanto del medio escénico como del fílmico, venía de experimentar sendos fracasos comerciales en su faceta de director de largometrajes a causa de la mala recepción obtenida por las hoy reivindicadas El extraño viaje (1964) y El mundo sigue (1965). De ahí que no dudase ni un instante en abordar proyectos mucho más comerciales.

Mayores con reparos consta de tres episodios, protagonizados por la pareja artística (y sentimental) que formaban el propio Fernán Gómez y la argentina Analía Gadé. Tres historias en la que cada uno interpreta, a su vez, a otros tantos personajes: Fernando, Miguel, Manuel... Pepita, Patricia, Estrella... Su denominador común es simple: ellos son hombretones de provincias que se dejan pegar el sablazo a cambio de un poco de afecto; ellas, impúdicas meretrices que, en la intimidad de un sofisticado apartamento, dejan aflorar la verdadera naturaleza de su personalidad.


miércoles, 20 de marzo de 2019

El manuscrito encontrado en Zaragoza (1965)
















Título original: Rekopis znaleziony w Saragossie
Director: Wojciech Jerzy Has
Polonia, 1965, 182 minutos

El manuscrito encontrado en Zaragoza (1965) de Wojciech Has

Tomé parte en el sitio de Zaragoza siendo aún oficial en el ejército francés. Varios días después de la toma de la ciudad, me retiré a un lugar un poco alejado donde pude ver una casita muy bien construida. Primero creí que ningún francés la había visitado aún. Sentí una gran curiosidad por entrar en ella. Llamé a la puerta, pero vi que no estaba cerrada. La empujé y entré en el interior. Di algunos gritos y busqué, pero no encontré a nadie. Tuve la impresión de que alguien se había llevado todos los objetos de valor que la casa pudo haber guardado un día; en las mesas y en los muebles sólo quedaban cosas sin importancia. Pronto me di cuenta de que en un rincón, en el suelo, había varios cuadernos amontonados. Quise echarles una ojeada: se trataba de un manuscrito escrito en español, lengua que no conozco demasiado, pero sí lo suficiente para comprender que aquel libro podía resultarme divertido.

Jan Potocki
El manuscrito hallado en Zaragoza
Traducción de Carmen Rius

El innegable regusto cervantino que desprende la película del polaco Wojciech Jerzy Has estaba ya presente en la novela del conde Jan Potocki (1761–1815), científico, historiador, literato y, por encima de todo, viajero infatigable. De hecho, los elementos de tipo orientalizante que también contiene esta obra reflejan el largo periplo de su autor por Túnez y, posteriormente, las distintas regiones del Imperio Otomano.

El Quijote y Las mil y una noches: dos modelos o fuentes de inspiración cuya principal característica, el relato dentro del relato, será sucesivamente retomada por un noble afrancesado prerromántico y, justo un siglo y medio después de la muerte de éste, por un cineasta de la Escuela de Łódź en la época comunista.

El malogrado Zbigniew Cybulski encarnó a Alfonse van Worden

En manos de Has, el texto de su compatriota adquiere una nueva dimensión gracias, entre otros elementos, a la banda sonora que el compositor Krzysztof Penderecki ideó a partir de motivos beethovenianos (tomados de la Novena sinfonía) y de unos vanguardistas efectos de sonido conducentes a subrayar el carácter fantástico de la mayoría de episodios.

Esa Sierra Morena magistralmente recreada en las inmediaciones de la región montañosa de Cracovia, con sus vistas panorámicas filmadas en espectacular Cinemascope en blanco y negro, es la puerta de entrada a un universo laberíntico enmarcado por los fiambres que penden del patíbulo, las odaliscas de Venta Quemada, los gitanos contadores de historias, un sabio ermitaño o el demente Pacheco. Motivos que en su día hicieron de El manuscrito encontrado en Zaragoza una película de culto, habitual en los circuitos de arte y ensayo, pero también objeto de interés por parte de celebridades como Jerry Garcia (cantante de los Grateful Dead) o de Coppola y Scorsese, responsables de la restauración del filme.


martes, 19 de marzo de 2019

Los últimos golpes de 'El Torete' (1980)
















Director: José Antonio de la Loma
España, 1980, 97 minutos

Los últimos golpes de "El Torete" (1980)
de José Antonio de la Loma

¡Ay, Torete...!
Es la historia de tu vida
que se ve muy repetida
tristemente.
Ése ha sido tu destino, 
criticado y perseguido, 
constantemente. 
¡Planta cara a la sociedad 
que te da la espalda! 
¡No renuncies a la libertad 
que tu cuerpo reclama! 
No te sientas marginado
porque no te comprenden.
¿Quién será el equivocado? 
¿Quién? ¿Quién será?

Letra del tema central 
Interpretado por Bordón 4

La enésima incursión de José Antonio de la Loma en las procelosas aguas del cine quinqui fue esta nueva entrega de las andanzas de uno de sus más egregios paladines: Ángel Fernández Franco, alias "El Torete" (1960–1991). Similar en factura y calidad (escasa) a sus predecesoras, aunque eso va a gustos, Los últimos golpes de "El Torete" iniciaba la década de los ochenta valiéndose de la misma fórmula que ya le diera el éxito a su director con el díptico Perros callejeros: coches robados, arriesgadas persecuciones automovilísticas (descendiendo a todo trapo por la calle Muntaner), atracos a sucursales bancarias y un poco de destape, pero sin pasarse.

Respecto a esto último, quizá sea ocioso insistir, una vez más, en el marcado carácter sexista de un tipo de películas en las que la mujer aparece retratada, poco más o menos, como un simple objeto a expensas del irresistible garrulo celtibérico. Véase, para muestra, un fragmento del diálogo que mantienen (minuto 39:21) la novia de "El Vaquilla" (Berta Cabré) y nuestro protagonista:

TORETE: Yo tengo mis ideas sobre las mujeres. 
BERTA: ¡Ah!, ¿sí? Y ¿qué piensas de ellas? 
TORETE: Que para la cama están bien. Y, si no tienes pasta, en las esquinas ganando guita, todavía mejor. 
BERTA: ¿Y el tiempo que sobra? 
TORETE: ¡En casa!
BERTA: ¿Atada? 
TORETE: ¡Suelta! Que, si se va, a guantazos le hago aprender yo a quedarse. 
BERTA: ¡Bah! ¡Pero qué macho que eres, Toro! 
TORETE: ¡Y tú una marimandona del carajo!



Cierto que el guion del propio de la Loma pretendía darle un cierto aire de crítica social a la trama, abogando por una teórica reinserción de los jóvenes delincuentes, auspiciada por una locutora de radio (Isabel Mestres) que, sin embargo, acabará sucumbiendo también al arrollador sex appeal de "El Torete".

No faltan toques pretendidamente humorísticos en una cinta en la que dos asaltantes se disputan el botín de una misma entidad financiera, adonde coinciden por azar, mientras que una anciana deslenguada increpa a "El Torete" exigiéndole que acabe pronto con la faena porque tiene una cita y quiere llegar puntual. Detalles que, lejos de suponer un aliciente, ponen de manifiesto el agotamiento de la receta que tan buenos réditos había generado en taquilla en el caso de los anteriores capítulos de la saga.


La bestia del reino (1977)
















Título original: Jabberwocky
Director: Terry Gilliam
Reino Unido, 1977, 105 minutos

La bestia del reino (1977) de Terry Gilliam

La típica historia del dragón que asola y atemoriza a los desamparados habitantes de un reino medieval adquiere, en manos de los británicos Monty Python, una dimensión insólita vista a través del prisma de su corrosivo humor negro. Porque, lejos de tratarse de una ingenua comedia intrascendente (como erróneamente podrían pensar quienes confundan humorismo con humorada), lo cierto es que Jabberwocky encierra una cáustica (a la vez que inteligente) reflexión en torno a los tejemanejes del poder y demás intrigas palaciegas.

De entrada, llama poderosamente la atención lo bien recreada que aparece la Edad Media en esta película, con sus súbditos misérrimos y la mugre por doquier. Habría que esperar casi una década para que otro filme, El nombre de la rosa (1986) de Jean-Jacques Annaud, igualase semejante dosis de realismo, pues ni siquiera John Boorman pudo sustraerse en su afamada Excalibur (1981) a la tentación de idealizar dicho período histórico según los clichés fijados por el Romanticismo decimonónico.



Aunque luego están, por supuesto, los anacronismos de los que intencionadamente se sirven Terry Gilliam y los suyos, desde una fugaz alusión a los Hermanos Marx hasta esas patatas "precolombinas" que regala y aun devora con canina avidez la oronda Griselda (Annette Badland). O el detalle tremendista de las salpicaduras de sangre con las que, paulatinamente, irán siendo recubiertos los impasibles miembros de la familia real que asisten desde su palco a un encarnizado torneo.

Todo un recital de inventiva al servicio del atolondrado Dennis Cooper (Michael Palin) cuyas "aventuras" son fiel reflejo de su carácter antiheroico. De hecho, el propio nombre del personaje revela abiertamente la condición caricaturesca del mismo, toda vez que, en inglés, cooper significa "tonelero", que es el oficio que desempeñaba el difunto padre del protagonista.


domingo, 17 de marzo de 2019

La doncella sin manos (2016)
















Título original: La jeune fille sans mains
Director: Sébastien Laudenbach
Francia, 2016, 76 minutos

La doncella sin manos (2016)
de Sébastien Laudenbach

Sin haber levantado tanta expectación como otros filmes de similar factura (sería el caso, por ejemplo, de Loving Vincent), La jeune fille sans mains participa, no obstante, de una misma actitud estética. Tanto es así que las imágenes que lo integran, dibujadas en su totalidad por Sébastien Laudenbach, adquieren un delicado trazo líquido, casi etéreo, de acuarela puesto al servicio de la joven hija de un molinero a la que su padre vende al Diablo.

Aunque la historia que aquí se narra, adaptación de un cuento de los hermanos Grimm, sea tal vez lo de menos: ya se sabe que la forma, sobre todo cuando explota su vertiente pictórica, tiende a eclipsar al contenido.



En cualquier caso, la imprecisión con la que se bosquejan las distintas fases del despiadado destino de la protagonista contribuye, en buena medida, a esa sensación de tableau vivant impresionista que fluye eternamente, haciéndose y desdibujándose ante nuestros propios ojos.

En ese sentido, los personajes surgen de la nada (a veces incluso parcialmente) para, acto seguido, perderse en la misma bruma de la que surgieron. Un preciosismo esteticista que contrasta vivamente con muchas de las acciones por ellos realizadas, desde la violencia más sádica (las manos cercenadas de la muchacha) hasta pinceladas de un erotismo explícito y aun algún que otro detalle escatológico.


La cola del ratón (2008)
















Título original: La queue de la souris
Director: Benjamin Renner
Francia, 2008, 4 minutos

La cola del ratón (2008) de Benjamin Renner

Antes de alcanzar la celebridad con su aclamada Ernest y Célestine (2012), candidata al Óscar al mejor filme de animación, el francés Benjamin Renner hacía sus pinitos con este divertido cortometraje en el que un insignificante ratoncillo (émulo de aquel Ulises que fue capaz de burlar al cíclope Polifemo) hace gala de su astucia dejando en evidencia al mismísimo rey de la selva.


Manos sucias (1957)
















Director: José Antonio de la Loma
España/Italia, 1957, 89 minutos

Manos sucias (1957) de J.A. de la Loma

El debut en la dirección de uno de los realizadores más prolíficos del cine español fue este drama, basado en un guion propio, que narraba la ambición malsana de un camionero. Por mor de haberse coproducido con capital italiano, encontramos en su reparto a varios actores de dicha nacionalidad, entre ellos el protagonista: Amedeo Nazzari (Miguel), que ese mismo año había intervenido en Las noches de Cabiria a las órdenes de Fellini. La suiza Katia Loritz (Teresa) interpreta, en cambio, a una atractiva sirvienta que trabaja en un concurrido bar de carretera y con la que el homicida Miguel se acabará casando.

Vemos, pues, que el título de la película alude subrepticiamente a dos hechos diferentes: por una parte, al origen obrero de los personajes, obligados a ganarse arduamente la vida; por otra, al accidente que provoca Miguel y cuyas secuelas pesarán sobre su conciencia hasta hacerle perder de nuevo los estribos.

Miguel (Amedeo Nazzari) depositó todos sus sueños
en una mísera estación de servicio

Rodada parcialmente en los áridos parajes de la Puebla de Híjar (Teruel), si bien se incluye algún que otro inserto del barcelonés mercado del Borne, amén de unas torpes transparencias de sus alrededores, Manos sucias destaca, a nivel técnico, por la luminosa dirección de fotografía de Cecilio Paniagua, así como por haber contado con el auxilio, tanto en el guion como en labores de asistente, del futuro cineasta Paco Pérez-Dolz.

De la Loma, que se había iniciado en la industria cinematográfica de la capital catalana, como guionista de filmes policíacos, en el seno de los míticos Estudios IFI del no menos mítico Iquino, se estrenaba ahora en la realización de largometrajes por todo lo alto gracias a Manos sucias, una coproducción internacional dotada de un firme pulso narrativo capaz de mantener en vilo al espectador de principio a fin.

Miguel y su esposa Teresa (Katia Loritz)

sábado, 16 de marzo de 2019

Los fabulosos Baker Boys (1989)
















Título original: The Fabulous Baker Boys
Director: Steve Kloves
EE.UU., 1989, 114 minutos

Los fabulosos Baker Boys (1989)
de Steve Kloves

La imagen de Michelle Pfeiffer vestida de rojo y recostada sobre un piano de cola posee una fuerza sólo comparable a la de Marilyn aireando su falda en La tentación vive arriba (1955) o Sharon Stone cruzando las piernas en Instinto básico (1992). Son, como se suele decir, estampas icónicas (de ayer y de anteayer) del séptimo arte. Una película, en el caso de Los fabulosos Baker Boys, rodada en estado de gracia. Y que, junto con Flesh and Bone (1993) conforma la exigua carrera como director del guionista Steve Kloves.

Lo mismo se podría afirmar a propósito del trío protagonista: Madonna, Debra Winger, Brooke Shields, Jodie Foster o incluso Jennifer Jason Leigh pudieron haber interpretado el papel de Susie Diamond. Y los hermanos Dennis y Randy Quaid (como Bill Murray y Chevy Chase antes que ellos) rechazaron hacer de Baker Boys. Lo cual parece hasta cierto punto lógico, habida cuenta de que tales personajes se diría que fueron hechos a medida de los Bridges y de la Pfeiffer. O ésa, al menos, es la sensación que nos queda a partir del momento en el que un filme se convierte en un clásico moderno.



Mucho más que Los Goonies (1985), E.T. (1982) y demás producciones juveniles en la estela del prolífico Spielberg, son títulos como éste, pese a pertenecer a un registro totalmente distinto, los que han preservado, en mayor medida, la esencia de lo que fueron los ochenta en materia cinematográfica. Por escenas míticas (la audición con las treinta y siete aspirantes que preceden a Susie, la pelea entre Jack y Frank en plena calle tras participar en un telemaratón supercutre...) y réplicas no menos memorables ("Feelings es como el perejil: elimínala del repertorio y nadie notará la diferencia...").

Aunque los motivos que han hecho que la película siga manteniendo intacto su encanto al cabo de los años habría que buscarlos en el argumento. Y es que The fabulous Baker Boys posee una estructura dramática infalible: dos hermanos pianistas con personalidades antagónicas (Frank, el mayor, casado y con dos hijos —pese a que su familia nunca es mostrada— responsable, entrañablemente hortera y patético con su calvicie incipiente; Jack, el menor, desastrado soltero de oro, guaperas, fumador empedernido y hasta cierto punto amargado por tener que ganarse la vida tocando en garitos de tercera). A los que se acaba uniendo una rubia explosiva con aires de femme fatale: el elemento indispensable para reflotar el proyecto, pero también la manzana de la discordia que hará aflorar las rencillas entre ambos hermanos.

Quien no la haya visto nunca descubrirá una peli inolvidable. Quienes ya la conozcan no se cansarán de volver a verla una y otra vez. Os dejamos con el enlace.


viernes, 15 de marzo de 2019

El abogado del terror (2007)

















Título original: L'avocat de la terreur
Director: Barbet Schroeder
Francia, 2007, 135 minutos

El abogado del terror (2007) de Barbet Schroeder

Tras la aparente sonrisa beatífica del abogado Jacques Vergès (1925–2013) se escondía una de las personalidades más maquiavélicas que jamás hayan existido, como lo demuestra el hecho de que a lo largo de su dilatada carrera aceptase defender a dictadores y criminales de guerra de todo tipo.

Nacido en Tailandia de padre francés y madre vietnamita, Vergès pasaría su infancia en la isla de Reunión: amalgama de lugares y culturas que ya hacía presagiar la posterior trayectoria del personaje, lo mismo involucrado en la guerra de independencia argelina que en la Camboya de Pol Pot y los Jemeres Rojos.



Como sucede en los otros dos títulos que conforman su trilogía del mal —Général Idi Amin Dada: Autoportrait (1974) y Le vénérable W. (2017)—, el realizador Barbet Schroeder deja hablar a Vergès para que sea el espectador quien extraiga sus propias conclusiones al respecto, si bien la inquietante música incidental que suena de fondo y el mismo título del filme no dejan lugar a dudas al respecto.

Lo que sigue en las más de dos horas de metraje es un abrumador recuento de testimonios e imágenes de archivo: datos y más datos, brillantes diatribas, algún que otro misterio a propósito del controvertido letrado (¿cuál fue su paradero entre 1970 y 1978?) e incluso alguna lágrima furtiva (al rememorar, junto a su ex esposa, la activista Djamila Bouhired, los duros días de la descolonización) que confieren al retrato una insólita y aún más escalofriante profundidad humana.

Brindando con Pol Pot

jueves, 14 de marzo de 2019

La ciudad perdida (1955)
















Título italiano: Terroristi a Madrid
Directores: Margarita Alexandre/Rafael María Torrecilla
España/Italia, 1955, 68 minutos

La ciudad perdida (1955)
de M. Alexandre y R. Torrecilla

Lo amputado y depauperado de la copia de este filme es un primer indicio de que su relación con la censura franquista no debió de ser precisamente placentera. Y es que atreverse a hablar, a mediados de la década de los cincuenta, de maquis y de antiguos republicanos, por muy venidos a menos que éstos sean o por más que el tratamiento recibido en el guion fuese el de simples terroristas o vulgares delincuentes comunes, era en plena dictadura, poco más o menos, como mencionar al diablo.

Osadía que, en el caso del título español, llegaba a la temeridad de referirse a Madrid mediante el calificativo de perdida, en clara alusión al bando vencido. De ahí que la película, un soberbio ejercicio de cine negro a cargo de la pareja artística (y sentimental) que formaban la actriz Margarita Alexandre y el crítico Rafael Torrecilla, adquiera progresivamente el tono de evocación a través de continuos flashback que retrotraen al protagonista a los inicios de la Guerra civil.

María Dolores Pradera en el papel de Luisa

El hecho de que La ciudad perdida se rodase en régimen de coproducción con Italia no sólo explica que los papeles principales fuesen interpretados por Fausto Tozzi (1921–1978) y Cosetta Greco (1930–2002), sino que, sobre todo, garantizó la viabilidad del proyecto e incluso la posterior supervivencia de las copias. Alexandre y Torrecilla, en cambio, se las ingeniaron para ir a parar a la Cuba revolucionaria, adonde pasarían algo más de una década colaborando con el director Tomás Gutiérrez Alea.

En cualquier caso, lo verdaderamente subyugador de la cinta no son los avatares del contexto histórico-político en el que fue concebida ni, menos aún, el ver en ella a Manolo Morán haciendo de mayordomo afeminado (que también tiene su punto, por qué negarlo). Si por algo destaca La ciudad perdida es por la estrecha relación que se establece entre María (Greco) y Rafael (Tozzi), a priori secuestrada y raptor, respectivamente: ella procede de la alta sociedad; él es un simple prófugo. Pero conforme el hombre vaya exponiendo los motivos que le han llevado hasta su penoso estado actual nacerá entre ambos una efímera pasión, condenada, casi de antemano, a morir bajo las balas de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

Cosetta Greco (María) y Fausto Tozzi (Rafael)

Háblame de ti (2018)















Título original: Un homme pressé
Director: Hervé Mimran
Francia, 2018, 100 minutos

Háblame de ti (2018) de Hervé Mimran

La enésima muestra de comedia francesa bienintencionada, concebida para regocijo de muchos y como examen de conciencia para otros tantos, lleva ya unos días en nuestra cartelera, sospechamos que con idéntica vocación de alcanzar el éxito de público que sus predecesoras. Una auténtica plaga en el ámbito del cine galo que amenaza con extenderse al nuestro (léase Campeones) y cuyo planteamiento, plano pero efectivo, podría resumirse mediante alguna consigna del tipo: “¡Pero qué majos que son los…!” Añadiendo, acto seguido, el colectivo en cuestión que se pretende enaltecer: “los parapléjicos” (Intocable, 2011), “los sordomudos” (La familia Bélier, 2014), “los ciegos” (La prunelle de mes yeux, 2016), “las rubias en silla de ruedas” (Tout le monde debout, 2018), etc., etc.

Pues bien: dentro de esa tendencia del buenismo inclusivo, le ha llegado el turno a las víctimas de un ictus. Aunque, a decir verdad, el personaje interpretado por Fabrice Luchini podría representar, igualmente, al gremio de los ejecutivos de éxito adictos al trabajo. Todo un historial repleto de logros y más méritos, pero que de poco le va a servir cuando, a consecuencia de un derrame cerebral, pierda la facultad de hablar con coherencia. Él, Alain Wapler, que había sido un orador brillante, reducido a la ardua tarea de tener que tragarse el orgullo —postrado en el sofá del salón, viendo una y otra vez Casablanca— y aprender de nuevo a expresarse, con la ayuda de una experta en ortofonía…



El responsable de Un homme pressé (que aquí ha recibido el anodino título de Háblame de ti) no es otro sino Hervé Mimran, el mismo que, hace casi una década, iniciara su andadura en la dirección de largometrajes de ficción con Tout ce qui brille (2010), entretenida cinta a propósito del afán por medrar socialmente de un par de chicas del extrarradio parisino, en la que también contó, por cierto, con la participación de la actriz Leïla Bekhti.

Llegados a este punto, podrían establecerse dos conclusiones antagónicas respecto a la valoración que cabe hacer de una película como ésta. En primer lugar, y a tenor de la relación de Alain con su hija, la realidad de quienes sobreviven a un accidente cerebral aparece entrañablemente retratada, haciendo particular hincapié en esa confusión de vocablos en la que vive instalado el protagonista. Ahora bien: no faltarán voces contrarias a la aparente banalización que, en determinados momentos, se hace de las secuelas de un ictus, sobre todo siendo un actor tan histriónico como Luchini el encargado de sacarles partido en aras de su habitual vis cómica.


miércoles, 13 de marzo de 2019

Doce monos (1995)


















Título original: Twelve Monkeys
Dirección: Terry Gilliam
EE.UU., 1995, 129 minutos

Doce monos (1995) de Terry Gilliam

Viendo la fotografía —un inmenso primer plano del rostro de Terry Gilliam, que ocupaba esta tarde la pantalla de la Sala Chomón— a uno, que tiene tendencia a establecer enseguida comparaciones y sacar parecidos razonables, le ha dado por pensar que el ex Monty Python se trae un cierto aire con el Orson Welles ya entrado en años del final de sus días. Debe de ser que los cineastas cuya especialidad es afrontar descomunales proyectos imposibles se acaban todos pareciendo (o que los sinsabores de ver cómo tus planes no salen según lo previsto provocan similar impacto sobre la expresión facial, ¡quién sabe!).

En todo caso, un experto consumado en la obra del director de Ciudadano Kane, Esteve Riambau, presentaba a Gilliam en la que ha sido la segunda (y última) de las jornadas de la visita de éste a la Filmoteca de Catalunya. Y tras la sui géneris recreación del universo cervantino en The Man Who Killed Don Quixote, hoy le ha tocado el turno a uno de los filmes más insólitos de su carrera: la distopía futurista Doce monos.



Un despliegue barroco e imaginativo, en la línea de títulos como La cité des enfants perdus (1995) de Jean-Pierre Jeunet, que optó a dos premios Óscar y por el que Bruce Willis estuvo dispuesto a renunciar a su sueldo de superestrella. Lo mismo que un joven Brad Pitt al que Gilliam, inquieto por si el actor sería capaz de recrear convincentemente la vertiginosa verborrea de su personaje (según confesaba a los asistentes antes de la proyección), sugirió el auxilio de un profesor de dicción que le ayudase a perfeccionar la manera de decir el texto.

El estado de divergencia mental que aqueja al protagonista, así como sus inauditos desplazamientos a través del espacio y del tiempo (1917-1990-1996-2035) y un mortífero virus capaz de acabar con la vida de cinco billones de personas son sólo algunos de los ingredientes de esta compleja producción, predecesora en muchos aspectos de las realidades paralelas de Matrix (1999) e inspirada libremente en Vértigo (1958) de Hitchcock y La jetée (1962) de Chris Marker, en la que la locura y la ciencia ficción se mezclan hasta el punto de desdibujar la tenue frontera que las separa.