Mostrando entradas con la etiqueta Rosenda Monteros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rosenda Monteros. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de febrero de 2024

La casa de Bernarda Alba (1982)




Director: Gustavo Alatriste
Méjico, 1982, 83 minutos

La casa de Bernarda Alba (1982)


Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio!  (A otra HIJA.)  ¡A callar he dicho!  (A otra HIJA.) ¡Las lágrimas cuando estés sola! Nos hundiremos todas en un mar de luto. Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!

Federico García Lorca
La casa de Bernarda Alba (1936)

La accidentada trayectoria del filme que hoy nos ocupa ha propiciado que éste permanezca durante décadas en un limbo del que difícilmente suele ser rescatado. Rodada en 1980, aunque estrenada dos años más tarde, la adaptación de La casa de Bernarda Alba (1982) que firma el mejicano Gustavo Alatriste (1922-2006) había sido, en realidad, un viejo proyecto largamente acariciado por Buñuel, quien, tras obtener por fin el beneplácito de la familia del poeta, no pudo, sin embargo, dirigir la película debido a su delicado estado de salud.

Con todo y con eso, el estilo inconfundible de don Luis se aprecia de inmediato en una puesta en escena ligeramente onírica cuyos toques eróticos encendieron los ánimos de los herederos de Lorca hasta el extremo de ordenar su retirada de las salas de exhibición con el pretexto de que tenía que haberla dirigido el cineasta aragonés y no un "desconocido" como Alatriste. Lo cual, unido a la compleja situación familiar que le sobrevino al productor (divorcio de su entonces esposa, Sonia Infante; la muerte en trágicas circunstancias de su hija Viridiana...), contribuyó al progresivo olvido de la cinta.

La presencia fantasmal de Pepe el Romano (Manuel Capetillo Jr.)


Hasta que una copia de la misma, probablemente la que Emiliano Piedra tenía intención de comercializar en España, apareció en los archivos de Filmoteca Española, dando lugar a alguna que otra proyección en la sala Doré pese al mal estado del celuloide a causa del virado de color. En todo caso, y a falta de soportes en mejores condiciones, uno siempre puede echar mano de la versión que circula por internet. La dedicatoria que figura al frente ("A don Luis Buñuel por las horas muertas en las que me platicaba de Federico") da fe de su innegable interés.

Por otra parte, además del ya mencionado safismo de algunas secuencias y del homenaje explícito a varias pinturas de Julio Romero de Torres (como el plano en el que la actriz Laura Cepeda, en su papel de Adela, aparece en una pose que remite directamente a La chiquita piconera), cabe destacar el protagonismo absoluto de Amparo Rivelles al frente de un reparto de adustas mujeres enlutadas y turbador aspecto monjil, si bien Magda Guzmán interpreta a una Poncia de lo más irreverente que no le va a la zaga en ferocidad.



sábado, 28 de marzo de 2020

El coleccionista de cadáveres (1970)




Título internacional: Cauldron of Blood
Directores: Santos Alcocer y Edward Mann
España/EE.UU., 1967-1970, 95 minutos

El coleccionista de cadáveres (1970)


Bikini-horror no parece, a priori, la etiqueta más afortunada para catalogar una cinta de terror, si bien es cierto que El coleccionista de cadáveres se rodó en la malagueña Costa del Sol, a principios de 1967, con la despampanante Dyanik Zurakowska luciendo palmito ya desde las escenas iniciales. Sin embargo, el verdadero reclamo de la película era y es un octogenario Boris Karloff que falleció un año antes de que el filme viera la luz.

Badulescu es un cotizado escultor que, junto a su esposa y representante Tania (Viveca Lindfors), vive retirado en una fortaleza a orillas del mar desde que se quedó ciego a consecuencia de un gravísimo accidente. Paradojas de la vida, al anciano no le queda más remedio que trabajar a destajo para concluir un grupo escultórico que le han encargado, pese a que el artista, igual que Beethoven, no podrá admirar su propia creación.



Lo singular de su modo de darle forma al conjunto es que Badulescu moldea las estatuas a partir del esqueleto de animales e incluso seres humanos, razón por la que Tania, que es el verdadero agente maligno de la trama, pondrá en marcha sus maléficas artes para suministrarle la materia prima que necesita...

Que un medio reportero/medio detective francés (Jean-Pierre Aumont) se interponga en su camino jugándose el pellejo (o, más bien, la osamenta) en compañía de la pintora Valérie (Rosenda Monteros); que los gitanos del lugar desfilen en procesión o que vaticinen el porvenir; en fin: que los turistas alternen en un bar de moda llamado Shanghái, donde se organizan fiestas de disfraces en homenaje a Goya, son sólo algunos de los dispares ingredientes que se dan cita en una de las muestras más desconcertantes del intento (fallido) de aclimatar el giallo por estas latitudes.


domingo, 7 de julio de 2019

Los siete magníficos (1960)




Título original: The Magnificent Seven
Director: John Sturges
EE.UU., 1960, 128 minutos

Los siete magníficos (1960) de John Sturges


El siete es un número mágico (o eso, al menos, es lo que suele decirse): siete eran los sabios de Grecia y siete, los pecados capitales; la semana tiene siete días, que es la cantidad de notas musicales en la escala mayor; siete mares, siete arcángeles, siete samuráis y, por ende, siete magníficos. Hoy también es día siete de julio (San Fermín) y a los de la Filmoteca de Catalunya, aprovechando que ya hace siete años que se trasladaron al Raval, les ha dado por programar películas cuyo título contenga el mencionado número.

The Magnificent Seven (1960) pasará a la historia no tanto por ser el remake de un filme de Kurosawa, sino sobre todo por la inolvidable banda sonora que compuso Elmer Bernstein. Lo cual no debería restarle mérito a la puesta en escena ideada por John Sturges, quien planteó la búsqueda y selección de los siete de marras, cada cual con su personalidad, como una suerte de apostolado cuyo líder, no en vano, se llama "casualmente" Chris (Yul Brynner).



Rodada en México, básicamente en Cuernavaca y los Estudios Churubusco, la película no gozó, en el momento de su estreno, de un especial apoyo ni por parte del público ni de la crítica. Ha sido, más que nada, el paso del tiempo lo que ha terminado por convertirla en uno de los habituales títulos de culto del género wéstern. De hecho, son muchas y variadas las anécdotas que alimentan la leyenda, desde las desavenencias en el set de rodaje entre Brynner y Steve McQueen hasta la espada ceremonial que, según dicen, Kurosawa le regaló a Sturges como muestra de admiración.

Cierto que tras su historia de apariencia épica la película esconde una ideología inequívocamente ultraconservadora (aquello tan típico de que la violencia está justificada cuando se trata de defender el terruño, aunque éste pertenezca a unos pobres campesinos mejicanos), por lo que, como tantos otros wésterns, The Magnificent Seven podría perfectamente subtitularse "Oda al rifle".


lunes, 27 de noviembre de 2017

Ninette y un señor de Murcia (1966)




Director: Fernando Fernán Gómez
España, 1966, 103 minutos

Ninette y un señor de Murcia (1966)


Amparándose en el éxito cosechado dos años antes por la comedia homónima de Miguel Mihura en el Teatro de la Comedia de Madrid, la adaptación cinematográfica de Ninette y un señor de Murcia mantenía el mismo plantel de actores, a excepción de la pareja protagonista: Juanjo Menéndez y Paula Martel serían reemplazados por Fernando Fernán Gómez y la mejicana Rosenda Monteros, respectivamente. Él, intérprete consagrado y tal vez maduro en exceso para el papel de Andrés (un joven apocado en la pieza teatral), también dirigió la película; a ella, no muy convincente en su rol de parisina desinhibida, la veíamos hace algunas semanas en Los cuervos (1961) de Julio Coll.

Don Miguel, dramaturgo notable, se había valido en la obra de no pocos lugares comunes, arrojando una imagen de la vida en la capital del país vecino trufada de los tópicos habituales (sobre todo en lo concerniente a libertades políticas y de costumbres, en especial el sexo). Debía ser así, puesto que el tema de fondo no es Francia sino España y sus reprimidos habitantes. Hábil jugada que Fernán Gómez acierta a mantener en el filme y que, años después, daría pie a títulos de similar planteamiento, aunque mucho más comerciales, como Lo verde empieza en los Pirineos (1973) de Vicente Escrivá o ¡Vente a Alemania, Pepe! (1971) de Pedro Lazaga.



La cohibición del españolito provinciano frente a la impudicia de las jóvenes francesas cosmopolitas. O lo que es lo mismo: de cómo el cine y la literatura ponen al descubierto nuestro complejo de inferioridad. Andrés Martínez Segura llega a París con la intención de tener una aventura que le haga olvidar, durante quince días, su monótona vida como propietario de una modesta librería. En realidad, lo que anhela es poderlo contar después, ya de regreso en su pueblo, por lo que, pese a llegar y besar el santo, no deja de ser un suplicio el que Ninette lo retenga en el apartamento.

Aparentemente, el filme, como el texto de Mihura, plantea temas de un cierto atrevimiento, caso de la pareja de exiliados republicanos que alojan en su casa a Andrés y que tienen colgados en el salón familiar los retratos de Lenin, Lerroux y del fundador del PSOE, Pablo Iglesias. Osadía que queda atenuada cuando monsieur Pierre Sánchez (Rafael López Somoza) comenta su interés en regresar a España: "En esto de la política, como en todo, lo que hay que hacer es aguantarse. Hay que olvidar la política cuando se trata de una hija. Sí, señor." Aunque minutos antes, un conciliábulo de expatriados reunido en ese mismo salón, hablaba abiertamente de tomar represalias contra Andrés y su amigo Armando (Alfredo Landa): apunte destinado a agradar a la censura franquista, para quien los militantes de izquierda seguían siendo peligrosos agentes de la subversión.


sábado, 16 de septiembre de 2017

Los cuervos (1961)




Director: Julio Coll
España, 1961, 92 minutos

«Para esta operación hace falta un hombre que se preste voluntariamente a morir...»

Los cuervos (1961) de Julio Coll


Dedicamos esta película a todos los hombres honrados que aún quedan en el mundo. A todos aquellos que trabajan, aman y sufren en las grandes ciudades, y creen en la honestidad de sus semejantes.

La explicitud del título no deja lugar a dudas sobre la naturaleza de las relaciones que unen a los personajes de esta cinta coescrita por Julio Coll y José Germán Huici a partir de una historia de Gabriel Moreno Burgos: como el sombrío pájaro carnívoro de brillante plumaje negro, filmado en los títulos de crédito iniciales al compás del soberbio fondo jazzístico compuesto para la ocasión por José Solá, los miembros del consejo de administración de la compañía Zetumeno S. A. harán lo imposible por sacarse los ojos los unos a los otros en una contrarreloj de consecuencias imprevisibles.

Porque don Carlos, máximo accionista de la empresa y al que encarna el actor Jorge Rigaud, padece una enfermedad cardíaca que puede acabar con su vida en cualquier momento, circunstancia que será aprovechada por el ladino César (secretario personal del patrón, interpretado por Arturo Fernández) para urdir el plan perfecto que sacie sus aspiraciones de venganza. Y es que el joven arribista no sólo ha seducido a Laura, hija de don Carlos (la mejicana Rosenda Monteros, quien había intervenido, un año antes, en Los siete magníficos), sino que, además, el padre del propio César se arruinó por culpa del que ahora es su jefe.



De lo cual se deriva una segunda trama, mucho más próxima a las fabulaciones de la ciencia ficción que no a los entresijos de las altas finanzas o de la burguesía barcelonesa, en la línea de títulos como Los ojos sin rostro (Georges Franju, 1960) o Los crímenes del doctor Mabuse (Fritz Lang, 1960). Esos enigmáticos doctores alemanes, capaces de llevar a cabo los más arriesgados experimentos montando su clandestina sala de operaciones en una ruinosa mansión de las afueras, recuerdan enormemente a los dementes científicos que protagonizaban los mencionados filmes.

De modo que, adelantándose en varios años a los avances médicos, Los cuervos hablaba ya de trasplantes de corazón, aunque, por otra parte, también es bastante actual el tratamiento que se hace de la corrupción empresarial y de la especulación bursátil, con delirantes escenas rodadas en el parqué de la ciudad condal, donde las acciones de Zetumeno suben y bajan en función del estado de salud de su presidente.