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sábado, 2 de noviembre de 2019

Tan cerca, tan lejos (2019)




Título original: Deux moi
Director: Cédric Klapisch
Francia/Bélgica, 2019, 110 minutos

Tan cerca, tan lejos (2019) de Cédric Klapisch


Dos historias paralelas que algún día acabarán confluyendo... La última propuesta del realizador francés Cédric Klapisch (Neuilly-sur-Seine, 1961) termina con el, no por previsible menos anhelado, encuentro de la pareja protagonista. De lo que se desprende muy fácilmente que, si la cosa funciona, habrá segunda parte de Deux moi. De hecho, Klapisch ya sabe lo que es eso, puesto que de su película L'auberge espagnole (2002) llegó a rodar dos secuelas: Les poupées russes (2005) y Casse-tête chinois (2013).

Rémy (François Civil) y Mélanie (Ana Girardot) viven muy cerca el uno del otro, en el mismo barrio parisino. Incluso frecuentan el mismo colmado, cuyo simpático propietario (Simon Abkarian) les coloca los productos más caros con ese savoir faire que sólo poseen los vendedores más expertos. Sin embargo, no adquirirán conciencia el uno del otro hasta la última escena. Aunque a partir de ese preciso instante puede que dé comienzo otra película totalmente distinta.



A través de esta peculiar "pareja" que vive de espaldas (en ese aspecto, el cartel es muy elocuente) el director y su guionista Santiago Amigorena pretenden hablarnos de la soledad en una gran ciudad; de la incomunicación que, paradójicamente, han traído las redes sociales o, derivado de todo ello, del auge de un determinado tipo de patologías mentales entre los millennials de la Generación Y. A este respecto, tanto ella como él visitan con regularidad la consulta de sendos psicoterapeutas, espacio en el que irán surgiendo muchos de los lastres que atenazan sus respectivas conciencias.

Contrariedades que, sin embargo, no son óbice para sentirse liberado gracias al anonimato que proporciona vivir en el seno de una megalópolis tan aparentemente deshumanizada. De ahí que, en un momento clave, mientras pasea junto a su familia por un paisaje de montaña totalmente nevado, Rémy le confiese a su hermano que en París el aire tal vez sea menos puro, pero que, no obstante, allí se "respira" mejor que en un pueblo donde todo el mundo se conoce (y se critica).


lunes, 27 de agosto de 2018

Promesa al amanecer (2017)




Título original: La promesse de l'aube
Director: Éric Barbier
Francia, 2017, 131 minutos

Promesa al amanecer (2017) de Éric Barbier


La vi bajar del taxi, frente a la cantina, con el bastón en la mano y un cigarrillo en los labios y, ante la mirada burlona de los soldados, me abrió los brazos con un gesto teatral, esperando que su hijo corriera hasta ella, siguiendo la mejor tradición. […]
-Serás un héroe, serás general, Gabriele d'Annunzio, embajador de Francia... ¡Esos golfos no saben quién eres tú! […]
Ya no oía las risas, ya no veía las miradas burlonas, rodeaba sus hombros con el brazo y pensaba en todas las batallas que iba a librar por ella, en la promesa que me había hecho, al alba de mi vida, de hacerle justicia, de dar sentido a su sacrificio y de volver algún día a casa, después de haber disputado victoriosamente la posesión del mundo a aquellos cuyo poder y crueldad había aprendido a conocer tan bien, desde que empecé a dar los primeros pasos.

Romain Gary
La promesa del alba
Traducción de Noemí Sobregués

Uno de los libros con cuya lectura más he disfrutado en toda mi vida es La promesse de l’aube del irrepetible Romain Gary, autor de títulos igualmente notables como La vie devant soi o Chien blanc. De hecho, la existencia del propio Gary, paradigma del self made man, ya fue en sí misma una magnífica novela: aparte del recorrido vital que se relata en las susodichas "memorias", bastará decir que ganó el Goncourt dos veces, en 1956 y 1975 (algo insólito y que va contra las bases del premio, pero que fue posible porque los miembros del jurado ignoraban la identidad que se escondía tras el seudónimo Émile Ajar), que estuvo casado con la mítica actriz Jean Seberg entre 1962 y 1970 o que dirigió dos películas: Les oiseaux vont mourir au Pérou (1968) y Kill! (1971). Se suicidó en París el 2 de diciembre de 1980.

La relación de Gary con el cine no fue, ni mucho menos puntual. De entrada, no pocas de sus obras fueron objeto de adaptaciones, ya en vida del autor: John Huston llevó a la pantalla Las raíces del cielo (1958); Nunnally Johnson, Sin tiempo para vivir (1959); Peter Ustinov, Lady L (1965); el egipcio Moshé Mizrahi, Madame Rosa (1977); Costa-Gavras, Una mujer singular (1979); Samuel Fuller, Perro blanco (1982)... ¡Y no las hemos dicho todas!



Pero, volviendo a La promesa del alba, nos llega ahora otra versión. Otra, porque en 1970 la novela autobiográfica ya fue adaptada por el norteamericano afincado en Europa Jules Dassin, con su admirada Melina Mercouri en el papel de madre y el israelí Assi Dayan haciendo de Romain. Filme cuyo metraje no llegaba a los cien minutos, frente a las más de dos horas de esta nueva recreación que dirige Éric Barbier (Aix-en-Provence, 1960), en lo que supone su quinto largometraje, rodado en localizaciones de cuatro países distintos y con un presupuesto de infarto. El tándem Gainsbourg-Niney, actores con una sólida trayectoria a sus espaldas (sobre todo ella) y solvencia contrastada, aporta la credibilidad necesaria para que se obre el milagro y, así, Nina y su hijo se materialicen ante nuestros ojos como verdaderos personajes de carne y hueso. ¿Que hay que hablar en polaco? Hecho: los grandes intérpretes no se arredran frente a los retos.

Ésa sería la parte positiva. En cambio, parece mucho menos convincente la estructura por la que al final se decanta Barbier: hacer que la acción arranque en Méjico y que una amiga de Gary, mientras a él lo aquejan fuertes dolores de cabeza, lea el manuscrito de la novela sirve de excusa para que la omnipresente voz en off del protagonista narre la historia de pe a pa. Recurso facilón donde los haya y en absoluto imaginativo que le resta enteros al resultado final. De todos modos, que Romain Gary y su obra estén de actualidad siempre es una buena noticia, especialmente porque Promesa al amanecer (y en eso la película sabe captar la esencia del texto) es uno de los más bellos homenajes que se hayan hecho jamás a las madres, seguido muy de cerca por el Réquiem para una madre de Albert Cohen, otro tótem de la literatura francesa. Recuerdo que en Mis tardes con Margueritte (2010) de Jean Becker, cinta mucho más modesta aunque no menos entrañable, uno de los libros que la casi centenaria Gisèle Casadesus le leía al gaznápiro Germain (Gérard Depardieu) era precisamente La promesse de l'aube, lo cual da una idea bastante precisa de la relevancia de la que goza este clásico en nuestro país vecino.


martes, 26 de septiembre de 2017

Jacques (2016)




Título original: L'odyssée
Director: Jérôme Salle
Francia/Bélgica, 2016, 122 minutos

Jacques (2016) de Jérôme Salle


La inconfundible voz en off de Rafael Taibo solía acompañar en nuestro país las imágenes de los documentales sobre el mundo submarino de Jacques-Yves Cousteau (1910–1997). Pero aparte de la imagen estereotipada del anciano comandante a bordo del Calypso, ataviado con su habitual bonete rojo, poco es lo que en realidad sabemos de una figura capital en la historia de los movimientos en pro de la preservación del medio ambiente.

Por eso el director Jérôme Salle, responsable (doce años atrás) de la muy estimable Anthony Zimmer, decidió embarcarse en este biopic a propósito de la controvertida personalidad de un hombre cuyo recuerdo comenzaba a desvanecerse entre las nuevas generaciones. Y no es que se haya centrado, precisamente, en la biografía oficial del submarinista para la elaboración del guion, sino que, más bien, su equipo y él han intentado reconstruir la parte más humana y menos conocida de la trayectoria del que fuera ídolo de masas gracias a sus trabajos divulgativos para la televisión.



Preciosista y a veces un tanto frívola, L'Odyssée tiene, sin embargo, como mérito principal la asombrosa transformación de su actor protagonista, un Lambert Wilson cuyo asombroso parecido con el homenajeado hace que nos olvidemos, por momentos, de que estamos viendo un filme de ficción.

Durante las más de dos horas de metraje, acompañadas por la siempre sugerente música del aclamado Alexandre Desplat, veremos al personaje manejarse entre los suyos, con las luces y sombras de un hombre al que la fama tal vez alejó en exceso, durante algún período de su vida, de su esposa Simone (Audrey Tautou) y de sus hijos (en especial Philippe, interpretado por Pierre Niney, el actor de moda en el cine francés).

Pierre Niney (izquierda) y Lambert Wilson caracterizados

lunes, 2 de enero de 2017

Frantz (2016)




Director: François Ozon
Francia/Alemania, 2016, 113 minutos

Frantz (2016) de François Ozon


Lo nuevo de François Ozon puede descolocar por un instante si uno se planta en la sala de proyección sin más: rodada en blanco y negro y ambientada a principios de los años veinte, la primera media hora de película está hablada íntegramente en alemán. Algún despistado podría pensar que se ha equivocado de sala o que han repuesto La cinta blanca de Haneke. Pero no: a pesar del aparente cambio de registro, Ozon sigue siendo fiel a sí mismo. Y, aunque sea la primera vez que se enfrenta a una producción de época o que filma escenas de guerra, su universo personal se mantiene en realidad intacto.

Lo cual tiene mérito, porque Frantz es la adaptación libre de Broken Lullaby, dirigida en 1932 por Ernst Lubitsch y que aquí se tituló Remordimiento. A su vez, el director alemán afincado en Hollywood se había basado en El hombre que maté, una obra de teatro de Maurice Rostand. En manos de François Ozon todo este material ha dado pie a lo que él mismo califica de bildungsroman o 'historia de aprendizaje', sólo que desplaza el punto de vista hacia la chica: Anna (Paula Beer) deberá sobreponerse a la muerte de su prometido, no sin antes sentir la atracción que provoca en ella el misterioso Adrien (Pierre Niney), el joven francés que acude al cementerio para visitar la tumba de Frantz.

Hay que decir, en honor a la verdad, que son varias las ocasiones en las que se juega con el espectador, confundiéndolo, haciéndole creer lo que no es para luego sacarlo de su error. En ese aspecto, la relación entre Frantz y Adrien es descrita en unos términos que podríamos calificar de ambiguos, alentando de esta manera una morbosidad que al fin y a la postre se demostrará inexistente.



Son contadas las ocasiones en las que se utilizará el color y siempre con un valor expresivo: la música, los recuerdos felices, los instantes de dicha lo harán aflorar, en claro contraste con la realidad gris que viven los personajes. Unos seres obsesionados con el recuerdo del hijo o prometido muerto en el frente, un poco en la línea de películas como Rebeca de Hitchcock, en las que un difunto no sólo da nombre a la historia sino que su omnipresencia condiciona todo lo que hacen los vivos.

En el apartado técnico destaca la colaboración (una vez más) del compositor Philippe Rombi, autor de la banda sonora de la mayor parte de la filmografía del cineasta galo, así como de Feliz Navidad (Joyeux Noël, 2005) de Christian Carion, título emparentado temáticamente con Frantz por lo que tiene de reconciliación entre franceses y alemanes con el telón de fondo de la Primera Guerra Mundial.


jueves, 2 de junio de 2016

El hombre perfecto (2015)




Título original: Un homme idéal
Director: Yann Gozlan
Francia, 2015, 104 minutos

Gran arranque, pero sin llegar a buen puerto...

El hombre perfecto (2015) de Yann Gozlan


Vivir es perder: a veces se tarda más, a veces se tarda menos, pero nadie sale indemne. Y, si no, que se lo pregunten al protagonista de Un homme idéal (2015). En el afán por ver publicada su primera novela a toda costa, el joven escritor Mathieu Vasseur (interpretado por Pierre Niney) no puede resistirse a la tentación de hacer pasar por suyo el manuscrito de Sable noir, memorias inéditas del difunto Léon Vauban, un antiguo combatiente de la guerra de Argelia, que casualmente han llegado a sus manos.

A partir de ese momento, los hechos se precipitan en una espiral tan imparable como inverosímil: de mindundi que sobrevive trabajando para una empresa de mudanzas a éxito de ventas, Vasseur no sólo obtendrá la gloria literaria sino también el amor incondicional de la bella Alice (Ana Girardot) y de su acaudalada familia.

Ana Girardot interpreta a Alice Fursac


Por el carácter arribista del joven, se le ha comparado con el Tom Ripley de A pleno sol (Plein soleil, dirigida en 1960 por René Clément y protagonizada por Alain Delon). Aunque por la fuerza del planteamiento inicial de la trama también sería posible establecer un paralelismo, quizá menos evidente, con Tren de noche a Lisboa (Night Train to Lisbon, 2013) de Bille August. Por lo atractivo de la idea del misterioso libro/texto (que de pronto aparece para cambiar sustancialmente nuestras vidas) y por no acertar a resolverla satisfactoriamente, entiéndase. Y es que llevar a buen puerto este tipo de intrigas sólo está a la altura de genios como Hitchcock. Pero, con todo, el poder evocador de la literatura, la posibilidad que nos ofrece de imaginar o redefinir nuestra propia identidad (aunque sea a base de mentiras) están presentes en el guion de Yann Gozlan y Guillaume Lemans.

De todas formas, que nadie se llame a engaño: estamos ante una película concebida para ser un superficial producto de masas. De ahí que se deje arrastrar por el tópico del éxito fácil, del "escritor" en ciernes cuyo objetivo es publicar, vender muchos ejemplares y enriquecerse. En pocas palabras: viendo El hombre perfecto hallaremos suntuosas mansiones y coches de lujo antes que literatura de altos vuelos.

Pierre Niney es Mathieu Vasseur