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sábado, 19 de abril de 2025

Un hombre en apuros (1986)




Título original: Big Trouble
Director: John Cassavetes
EE.UU., 1986, 93 minutos

Un hombre en apuros (1986) de John Cassavetes


John Cassavetes se despedía de la dirección y del cine en general con una comedia gamberra que no era otra cosa sino una parodia alocada de Perdición (Double Indemnity, 1944) de Billy Wilder. De hecho, el proyecto le llegó a las manos cuando el rodaje se hallaba ya muy avanzado, básicamente porque su director y guionista original, Andrew Bergman, dejó la producción a medias. De modo que, ante la insistencia de su amigo y colaborador habitual Peter Falk, no le quedó más remedio a Cassavetes que aceptar la propuesta y sentarse tras las cámaras por última vez.

Se comprenderá, a este respecto, que estamos ante un trabajo de circunstancias y, por lo tanto, menor (muy menor) en la filmografía de un cineasta que venía de ganar, dos años antes, el Oso de Oro del Festival de Berlín por Love Streams (1984). Con todo y con eso, tampoco está tan mal cerrar tu carrera con un producto que, a fin de cuentas, no deja de ser en cierta manera una burla, una especie de corte de mangas contra todo lo que representa el establishment. Ni que decir tiene que la película fue un auténtico fracaso en taquilla.



En cuanto al argumento, poco hay que contar: un agente de seguros (Alan Arkin) y su esposa (Valerie Curtin) desean enviar a sus tres hijos a la Universidad de Yale y, aunque los chicos son unos excelentes estudiantes, expertos intérpretes de la música de Mozart, lo cierto es que no disponen del dinero suficiente para ver cumplido su sueño. Claro que entonces aparece en escena la sensual Blanche Rickey (Beverly D'Angelo), esposa de un supuesto millonario moribundo (Peter Falk), y "el hombre del traje gris" se dejará engatusar por sus encantos y ante la posibilidad de obtener pingües beneficios mediante alguna que otra triquiñuela.

Pero no nos engañemos: Big Trouble (1986) no alcanza, ni de lejos, las cimas de Una mujer bajo la influencia (1974) o Maridos (1970), sino que se percibe cierta distancia, como si el alma del autor no estuviera del todo comprometida con la historia. Es un Cassavetes descafeinado, por supuesto, pero aún así siempre hay destellos de esa mirada única, de su capacidad para radiografiar las complejidades de las relaciones humanas, aunque aquí se diluyan un tanto en la trama. Una curiosidad, en definitiva, que permite completar la visión de un cineasta irrepetible.



domingo, 10 de febrero de 2019

Una pareja perfecta... por computadora (1979)




Título original: A Perfect Couple
Director: Robert Altman
EE.UU., 1979, 110 minutos

Una pareja perfecta... por computadora (1979) 
de Robert Altman


Aprovechando el tirón de Nashville (1975), el director Robert Altman volvía a ensayar, cuatro años más tarde, la fórmula de ir intercalando numerosas canciones en vivo a lo largo de la trama. Curioso subterfugio para dotar al guion del relleno necesario, pero con el que se corre el serio peligro de aburrir soberanamente al espectador (sobre todo si los integrantes, como es el caso de algunos vocalistas de la banda Keepin' 'Em Off the Streets, ponen cara de cordero degollado mientras interpretan su repertorio de baladas setenteras).

En cualquier caso, y a pesar de los pesares, uno acaba por tomarles cariño a Alex (Paul Dooley) y a Sheila (Marta Heflin) en la ardua tarea de hacer que nazca el amor entre dos personas a priori tan diferentes. Él es un divorciado cuarentón de origen griego; ella, la joven corista de un grupo de rock cuyos miembros, hippies trasnochados, viven en una especie de comuna.



Lo curioso, y de ahí la necesidad de ambos de entablar una relación de carácter liberador, es que tanto el uno como el otro viven a la sombra de personalidades egocéntricas que los anulan: en el caso de Alex, un padre castrador y tiránico a la autoridad del cual se someten todos los miembros de su numerosa prole; en el de Sheila, perteneciente, en apariencia, a un entorno mucho más bohemio y liberal, es el líder de la banda (Ted Neeley, el protagonista de Jesucristo Superstar) quien le dice, en todo momento, lo que puede y no puede hacer.

A Perfect Couple, título irónico a más no poder, parodiaba abiertamente el mundo de las agencias matrimoniales y sus cuestionables métodos para dar con la pareja ideal (rellenar cuestionarios de hábitos y personalidad, presentaciones en vídeo de los candidatos...), si bien, con su estructura circular (la acción arranca y concluye en el célebre Hollywood Bowl de Los Ángeles), se da a entender que no existe el amor eterno. Eso, al menos, parece desprenderse de la estampa que arrojan las dos parejas asistentes al concierto y sobre las que se detiene la cámara: una, amartelada y afectuosa al principio de la película, se tira ahora los trastos a la cabeza, mientras Alex y Sheila brindan al compás de la orquesta: la historia se repite y Altman, seguro de que a esos dos tortolitos les aguarda el mismo destino que a sus predecesores, nos dice que vivamos el presente.


sábado, 9 de febrero de 2019

Salud (1980)




Título original: HealtH
Director: Robert Altman
EE.UU., 1980, 105 minutos

Salud (1980) de Robert Altman


En una línea similar al Bogdanovich de Texasville que comentábamos ayer, aunque mucho más inspirado, Robert Altman plantea en HealtH una de sus características comedias corales para, esta vez, cargar contra el obsesivo empecinamiento de los norteamericanos por la alimentación saludable (cuando el término ortorexia aún no figuraba en los diccionarios) y, en última instancia, arremeter también contra la perversión del sistema democrático en aquel país.

Aun así, cabe admitir que los diálogos del filme están excesivamente orientados a conseguir el chiste final o la agudeza que cierre la escena antes de pasar a la secuencia siguiente. Estructura de gag, procedente, sin duda, de la riquísima tradición vodevilesca de Broadway, y que nos brinda perlas como las que a continuación se transcriben:



ESTHER BRILL: ¡Está demostrado científicamente que tener un orgasmo acorta la vida en veintiocho días!
ENFERMERA: Pues esta noche yo estaría dispuesta a acortar la mía un mes o incluso dos...
* * *
ASISTENTES: ¡Hay un hombre en el fondo de la piscina!
ESTHER BRILL: (aguzando la vista desde lo alto de la terraza del hotel) ¿Qué piscina...?

La tal Brill, virgen a los ochenta y tres y aquejada de narcolepsia galopante, no es otra sino Lauren Bacall en uno de los papeles más disparatados que se le recuerdan: el de candidata a presidir la Happiness, Energy And Longevity Through Health, poderosísima organización político-sanitaria cuyo acrónimo da título a la película. En realidad, el objetivo de Altman era radiografiar el sistema de partidos imperante en Estados Unidos y cómo, a menudo, la elección de uno u otro candidato depende de factores tan, en principio, ajenos a la política como su presencia en los medios de comunicación de masas. De ahí que Altman parodie el formato televisivo de los debates de precampaña electoral, contando con la participación del moderador Dick Cavett haciendo de sí mismo.