miércoles, 26 de julio de 2017

La salida de la luna (1957)




Título original: The Rising of the Moon
Director: John Ford
Irlanda/EE.UU., 1957, 81 minutos

La salida de la luna (1957)

By the rising of the moon, by the rising of the moon
for the pikes must be together by the rising of the moon...

J. K. Casey (1846 - 1870)

Uno de los trabajos menos conocidos de John Ford es este tríptico rodado en Irlanda apenas cinco años después de El hombre tranquilo. Se trata de tres relatos presentados por Tyrone Power y unidos por el denominador común de ofrecer una imagen totalmente idealizada de la tierra que vio nacer a los antepasados del director y de la mayor parte del equipo que lo acompañó en esta aventura. Porque queda del todo claro (y el propio Ford así lo reconoció) que su realización tuvo más de divertimento que no de otra cosa.

La primera de las historias lleva por título The Majesty of the Law y está ambientada en uno de esos idílicos rincones rurales, con su antigua torre medieval presidiendo el paisaje. El inspector Dillon (Cyril Cusack) debe, en teoría, detener a uno de sus vecinos. Pero el acusado en cuestión (interpretado por Noel Purcell) es tan entrañable que la escena acaba siendo una amistosa charla entre viejos conocidos, en la que lamentan hasta qué punto han cambiado las cosas por culpa de los medios de comunicación: si la radio les parece tan nociva, cabe preguntarse qué pensarían estos mismos hombres sobre las redes sociales... Por cierto que Ford se cita a sí mismo al hacer que Dillon arroje a la chimenea las gotas de licor que quedaban en su vaso. La inmensa llamarada que brota en el acto, revelando el alto contenido alcohólico de la "esencia de luna", remite inevitablemente a similares secuencias en Stagecoach (1939) y The Searchers (1956).



Por lo disparatado de su tono, One Minute's Wait entronca con el filme británico de 1953 The Titfield Thunderbolt (Los apuros de un pequeño tren). Los pasajeros de un abarrotado convoy suben y bajan de los vagones provocando la impaciencia del jefe de estación, que ve cómo para los parroquianos el más nimio detalle supera en importancia a la puntualidad.

1921 está en la línea de compromiso político con la causa nacionalista irlandesa que Ford ya había explorado veinte años atrás en El delator (1935). Y, por momentos, se diría que es la más seria de las tres historias. De hecho, la mayoría de sus encuadres se solucionan mediante el plano holandés o aberrante, con la cámara inclinada apuntando en diagonal (como había puesto de moda Kazan en Al esde del Edén), lo cual ya nos indica que lo tradicional queda relegado frente a las reivindicaciones de mayor autonomía para la isla. Con todo, el asunto narrado adquiere tintes cómicos al mostrar la insólita huida de la cárcel del patriota Sean Curran (Donal Donnelly).


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