viernes, 30 de agosto de 2019

Un americano en París (1951)




Título original: An American in Paris
Director: Vincente Minnelli
EE.UU., 1951, 114 minutos

Un americano en París (1951)
de Vincente Minnelli


Un título de las características de An American in Paris (1951), ganador de siete premios Óscar, está tan rotundamente considerado como uno de los grandes clásicos de la historia del cine que no necesita presentación. Basta recordar la magnificencia de su colorido, la magia de la música de Gershwin y, sobre todo, las maravillosas coreografías de Gene Kelly para resumir, en pocas palabras, los elementos principales de su encanto.

Pero, al margen de los archiconocidos números que lo integran (especialmente el abrumador ballet final de veinte minutos), hay otros detalles, que habitualmente suelen pasar por alto, sobre los que valdría la pena llamar la atención. Es el caso, por ejemplo, de la escena inicial, un portento en el sutil arte de cómo sacarle partido a apenas un metro cuadrado de espacio: sin que sean necesarias ni música ni palabras, Gene Kelly hace gala de sus habilidades motrices con tan sólo mover, abrir o cambiar de sitio los enseres de su minúsculo estudio.



Por lo imaginativo (y, a veces, onírico) de su estilizada puesta en escena, An American in Paris se sitúa, por derecho propio, entre lo más granado del cine musical de todos los tiempos, elevando a la máxima expresión una fórmula que combina magistralmente lo coreográfico con lo pictórico. Lo cual es fruto, sin duda, de la elegancia de Minnelli, pero también de la feliz convergencia de diversos talentos, entre los que cabe destacar al guionista Alan Jay Lerner o a la debutante Leslie Caron, cuyo candor aportaba la réplica perfecta al desparpajo de Kelly.

Cuarenta y cuatro decorados que recrean la capital francesa en estudio (más alguna que otra toma filmada en el París real) fueron suficientes para forjar un mito. Debidamente adornado, eso sí, con las canciones de los hermanos Gershwin, que alcanzan su momento álgido en números, hoy convertidos en célebres estándares del jazz, como "Our Love Is Here to Stay" o "I Got Rhythm", si bien tiene cabida, igualmente, su vertiente más sinfónica gracias a la brillante interpretación, por parte del propio Oscar Levant, del tercer movimiento del Concierto para piano y orquesta en fa mayor.


6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Que no passarà mai de moda... El públic va aplaudir al final de la projecció.

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  2. Hola Juan!
    Con esta pelicula me pasa lo que con "Cantando bajo...", me pega un subidon de moral tremendo. La tengo bastante fresca pues he vuelto a verla hace poco. Esa escena al inicio que comentas es genial, me encantan esos movimientos de Kelly y como se van desplegando esos muebles, que aprendan los de Ikea!!!...jeje
    Te planteo un asunto a riesgo de sonar ridiculo. Hay algo que no me encaja en la historia, ya se que el amor es ciego y todo eso, pero desde mi humilde opinión no dudaria en quedarme con esa atractiva y sofisticada rubia como es Nina Foch, creo que colgaria los pinceles y me dedicaria a vivir la vida. Supongo que ese peinado con le venia muy bien a Leslie Caron.
    Despues de esta reflexión absurda me despido hasta la proxima.
    Buen finde!

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    1. ¡Hola, Fran!

      Pues sí: algo de Ikea tiene esa escena inicial. No me había parado a pensarlo. Ahora bien, en cuanto a lo que planteas a propósito del personaje de Nina Foch... No sé, supongo que me pesa el papel de pérfida patricia romana que unos años después interpretó en "Espartaco". Pero el caso es que no me atrae precisamente. De todos modos, tampoco me parece que la tuya sea una "reflexión absurda". A fin de cuentas, soñar es gratis y para gustos colores, ¿no? Pues eso.

      Saludos y hasta la próxima.

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  3. M'agrada aquest costum que he vist, sobretot, a la filmoteca, d'aplaudir quan la peli agrada molt, tan sols recordava aplaudiments entusiastes en el cas de pel·lícules com ET gràcies a un emocionat públic infantil.

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    1. Clar, tu diràs! És que si el públic de la filmo no sap valorar una obra mestra, ja m'explicaràs qui ho farà si no...

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