lunes, 27 de febrero de 2017

Manual de un tacaño (2016)




Título original: Radin !
Director: Fred Cavayé
Francia, 2016, 89 minutos

Manual de un tacaño (2016)


Nihil novum sub sole... Primero fue Plauto. Siglos más tarde, Molière. Y ahora Dany Boon bajo la dirección de Fred Cavayé. El que un personaje arquetípico sea la enésima versión de un vicio profundamente vinculado a la condición humana parece no suponer impedimento alguno para que se siga explotando su vis cómica. Así pues, ya se trate del Euclión romano de la Aulularia (o Comedia de la olla) o bien del barroco Harpagón protagonista de L'avare, lo cierto es que, desde que el mundo es mundo, periódicamente se ha ido poniendo al día la figura del tacaño, y siempre con notable éxito. De lo cual cabe deducir que a los espectadores de todas las épocas siempre les ha gustado ver la pintura exagerada de ciertos defectos, máxime cuando se trata de ridiculizarlos sin ambages.

En Radin !, que aquí se ha titulado con el más explícito Manual de un tacaño, Dany Boon toma el relevo de Louis de Funès, quien ya interpretara al avaro personaje en 1980. Sólo que esta vez no se trata de una adaptación del clásico teatral, sino más bien de una libre lectura de un terreno que en su momento ya exploraron Jacques Tati o Rowan Atkinson. Porque el François Gautier que interpreta Boon debe mucho (y no hay más que echar un vistazo al póster del filme para darse cuenta de ello) a Mr. Bean o a Monsieur Hulot. La diferencia estriba en que éste sí que habla, quizá porque se enmarca en una tradición cómica basada más en el diálogo que en el mimo (Mr. Bean y Monsieur Hulot son, en ese sentido, bastante chaplinescos).



Para humanizar un tanto al personaje, se le convierte en virtuoso violinista, se le busca una partenaire que bebe los vientos por él (Laurence Arné) y, finalmente, aparece una hija adolescente de cuya existencia el buen hombre no tenía ni idea (Noémie Schmidt). Rotundamente inverosímil, se nos dirá. Cierto, pero en la comedia (como en el amor y en la guerra) todo vale. Y, por si fuera poco, Laura cree que su padre es en realidad una especie de filántropo que dedica el dinero que ahorra a mantener un orfelinato en Méjico.

Aquí no hay trampa ni cartón: quien vaya al cine a ver las correrías de este tacaño sabe perfectamente a lo que va. Es decir, que Dany Boon, en virtud del estrellato que detenta desde hace tiempo, posee un público predispuesto a reírle todas y cada una de las gracias. Y los avispados productores, conscientes de ello, se valen de argumentos infalibles: un taxista simpático (Mon meilleur ami), un estricto agente de aduanas (Rien à déclarer) o un provinciano enamorado de una parisina (Lolo). Eso cuando no tiran de los arquetipos molierescos, porque, aparte del avaro, hace tres años ya vimos al mismo actor dirigir y protagonizar Supercondríaco, traslación al siglo XXI de Le malade imaginaire. ¿Qué será lo siguiente? ¿Tartuffe? ¿Le Misanthrope? Lo mismo da: sea lo que sea seguro que tiene éxito y nos lo venderán después bajo la etiqueta de "la comedia del año en Francia".


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