domingo, 22 de enero de 2017

¡Aquí hay petróleo! (1956)











Director: Rafael J. Salvia
España, 1956, 83 minutos



En la estela de Bienvenido Mister Marshall (1953), ¡Aquí hay petróleo! mostraba la vida en Castilviejo, un ficticio pueblo castellano que ve alterada su existencia con motivo de la llegada de una compañía prospectora americana: la WILKINS Q. TOWNSED Y MURPHY. Ante la perspectiva de mejorar sensiblemente su nivel de vida, los vecinos de la aldea, a cuál más bruto, no dudarán en constituir por su cuenta una sociedad propia, si bien la diferencia de medios con los estadounidenses es abrumadora.

Al margen de toda consideración de orden cinematográfico, una película como ésta es entrañable: tan entrañable como lo era la España cateta y subdesarrollada que pretendía retratar. Teniendo en cuenta, además, que en ¡Aquí hay petróleo! interviene una generación irrepetible de cómicos, liderada por Manolo Morán (Zoilo), José Luis Ozores (José) y Félix Fernández (don Fausto).

Cierto que no se pasa de la crítica amable de costumbres y vicios nacionales como la gandulería, pero tiene su gracia a la hora de mostrar el atraso de los locales. Como en el caso del partido de béisbol, en el que los "jugadores" del Castilviejo B.B. lograrán imponerse finalmente a los Little Yankees.

Atención a los dorsales: ¡son hojas de calendario!

Hay otros momentos, en cambio, en los que se nota la mano de la censura (o la encendida defensa de los guionistas, que eso no queda muy claro). El más llamativo es el panfleto propagandístico que don Fausto le espeta a la bella ingeniero americana durante una excursión por el campo. Al visitar uno de los pantanos construidos por Franco para luchar contra la "pertinaz sequía", dirá: "Y aquí está el milagro, agua. Son muchos los milagros que como éste gritan desde todos los rincones de España que la sed ha muerto y que con el agua cada día tenemos más cosechas, más fuerza y más riqueza. Cientos de cosas grandes como ésta las hacemos los españoles. Nosotros solos, en un esfuerzo que representa un milagro cada día. Nosotros solos, con nuestra gana."

Parrafada que luego se contradice con el déficit de agua que tradicionalmente viene padeciendo Castilviejo, más falto de H2O que no de petróleo. Y de modernidad... Porque los americanos van a llegar con unos usos y costumbres que chocan con los de aquí: pianola versus tocadiscos, vinacho frente a Coca-Cola, vara de zahorí en oposición a detector de metales... Por no hablar de las muchachas de moral alegre que suscitarán los celos de las recatadas mozas del lugar al embaucar a sus novios. Pero todo es apenas un espejismo y los yanquis se irán en caravana, al son de la música de resonancias chaplinescas del maestro Ruiz de Luna, cuando comprueben que no hay petróleo.


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