martes, 3 de julio de 2018

Patton (1970)















Director: Franklin J. Schaffner
EE.UU., 1970, 172 minutos

TODA GLORIA ES EFÍMERA

Patton (1970) de Franklin J. Schaffner

Cuando su derrota es inminente y los alemanes se afanan en destruir cualquier documento susceptible de convertirse en prueba comprometedora, un oficial nazi se queda pensativo durante unos segundos y, con la mirada perdida en el vacío, define al General Patton en los términos siguientes: "El guerrero puro... Un verdadero anacronismo: la ausencia de guerra lo destruirá". Que tu enemigo te tema y te admire hasta el punto de elevarte a la categoría de mito contrasta vivamente con la visión de los propios soldados americanos cuando el Teniente Coronel Codman le dice aquello de: "¿Sabe una cosa, señor? A veces sus hombres no tienen claro cuándo habla usted en serio y cuándo habla en broma". A lo que Patton responde: "No es importante que lo sepan: lo importante es que lo sepa yo..."

¿Héroe o fantoche? En cualquier caso, lo que está claro es que la superproducción dirigida por Franklin J. Schaffner a partir de un guion de Coppola, con sus siete óscares y la infinidad de frases míticas que se profieren a lo largo de las casi tres horas de su metraje, forma parte, por derecho propio, del elenco de películas legendarias de la historia del cine. Con decir que Nixon tenía su propia copia en la Casa Blanca y que solía proyectarla cada vez que tenía que tomar una decisión importante bastará para hacerse una idea del verdadero alcance de su éxito.

Patton (George C. Scott) en la arenga inicial

Conmueve pensar, sin embargo, que las escenas en las que las tropas americanas se enfrentan a Rommel en el desierto están rodadas en Almería. O que el español Gil Parrondo formaba parte del oscarizado equipo que se ocupó de la dirección artística y de los decorados. Detalles que nos hablan de una época en la que el glamur de Hollywood comenzaba a ser menos glamuroso (valga la rebuznancia) y en la que el cine español, el mismo que pocos años antes había sido calificado por Juan Antonio Bardem de "políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico", demostraba que podía aportar su granito de arena para la confección de una obra maestra con algo más que sol y mano de obra barata.

Y luego están los defectos que tiene Patton, por descontado: un biopic que, lejos de haber alcanzado la perfección formal, destaca por la causticidad de su protagonista, genialmente encarnado por el actor George C. Scott en uno de los papeles esenciales de su carrera, a la hora de poner al descubierto la fatuidad de la guerra como expresión máxima de la estupidez humana. Lo dice bien a las claras en la escena en la que se niega a brindar con su homólogo soviético a no ser que lo hagan en calidad de "hijos de perra". Algo a lo que el ruso se acabará prestando y que irónicamente deja traslucir el contexto internacional, con Vietnam y la Guerra Fría como telón de fondo, que tenía lugar en el mundo mientras se filmaba una película de tales características.

Los Generales Patton (a la izquierda) y Bradley (Karl Malden)

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