viernes, 11 de enero de 2019

Bésame, Kate (1953)

















Título original: Kiss Me Kate
Director: George Sidney
EE.UU., 1953, 109 minutos

Bésame, Kate (1953) de George Sidney

Si los musicales hollywoodenses de los años cincuenta fueron, ya de por sí, la edad dorada del cine clásico norteamericano, en Kiss Me Kate se daba, además, la feliz confluencia de muy variados ingredientes, a cuál más atractivo: por una parte, una muy lograda estructura de show-within-a-show en la que los personajes interpretan La fierecilla domada de Shakespeare dentro y fuera del escenario; en segundo lugar, el talento coreográfico de dos gigantes de la danza (Hermes Pan y, sobre todo, Bob Fosse en el papel de Hortensio); por último, las canciones de Cole Porter, pertenecientes al montaje homónimo de Broadway que se había estrenado a finales de 1948 y que cosechó varios premios Tony tras más de mil representaciones.

Pero es que si además le sumamos un cuidado diseño de vestuario, la formidable explosión de colorido de la fotografía a cargo de Charles Rosher (1885–1974) y el no menos tentador aliciente del formato 3D, se comprenderá que una película de tales características esté predestinada a hacer las delicias de los amantes del género entonces, ahora y siempre.



De entre los números que integran Kiss Me Kate hay probablemente dos de enorme fuerza visual que todo espectador que haya tenido oportunidad de admirarlos retendrá en lo sucesivo en su memoria. Uno es el titulado "Brush Up Your Shakespeare", en el que Keenan Wynn (Lippy) y James Whitmore (Slug) repasan el repertorio del vate de Stratford-upon-Avon mientras hacen literalmente el payaso en un callejón de los aledaños del teatro. El otro, mucho más sofisticado, muestra las habilidades contorsionistas de Ann Miller (Bianca) y los tres bailarines que la acompañan (entre ellos el ya mencionado Bob Fosse) al son del tema "From This Moment On".

Aunque no todo son cualidades: por desgracia, el uso (y abuso) del recurso fácil de hacer que los actores lancen objetos a la cámara para que, merced a la ilusión óptica de las tres dimensiones, tengamos la impresión de que atraviesan la pantalla y se nos vienen encima le resta credibilidad a la historia en aras de un efectismo que debía de ser muy impactante en su momento, pero que hoy se nos antoja caprichosa e innecesariamente repetitivo. Y otro tanto se puede decir de las continuas proclamas misóginas puestas en boca de los propios personajes femeninos que, si bien en su momento fueron introducidas con finalidad humorística, en la actualidad no tienen ni pizca de gracia.


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