jueves, 9 de marzo de 2017

Rosetta (1999)













Directores: Luc y Jean-Pierre Dardenne
Bélgica/Francia, 1999, 95 minutos



Accidentada proyección de Rosetta en la Filmo. Pero al margen de las continuas interrupciones (es lo que tienen, a veces, las copias en 35 mm), la película de los hermanos Dardenne sigue manteniendo intacta la rabia que los llevó a ganar la Palma de Oro en Cannes. Furia que transmiten las imágenes rodadas cámara en mano y siguiendo muy de cerca a su protagonista, una Émilie Dequenne que se daba a conocer con este filme, al igual que Fabrizio Rongione, su partenaire en la ficción.

Extremo es el adjetivo que probablemente mejor define el perfil de los personajes, comenzando por la joven cuyo nombre sirve de título al filme: Rosetta, como la homónima estela egipcia, es la clave que permite descifrar el verdadero alcance de unas existencias vividas intensamente al límite. Porque de no entrar en conflicto con su entorno más inmediato no habría detonante de la acción.



Mas, ¿qué incomoda a la protagonista? De entrada, el que su propia madre se dedique a la prostitución ocasional, en la caravana en la que viven, para sufragarse el alcohol al que es adicta. No es poca cosa, sin duda. Pero es que, además, Rosetta está enfadada con el mundo, ya que, necesitada de empleo para poder huir de un ambiente familiar tan tóxico como opresivo, únicamente parece hallar una cierta tabla de salvación en el panadero encarnado por Olivier Gourmet. De lo que se deriva que no dude en traicionar a Riquet: pura cuestión de supervivencia.

Y todo ello sin olvidar la intensa escena de lucha con la que se abre el filme, en la que la muchacha, visiblemente alterada, es perseguida por los servicios de seguridad de la fábrica de la que acaba de ser despedida. Parece mentira, a la vista de la creciente precarización que vive la sociedad europea a todos los niveles, que una película como ésta se rodase en 1999. Lo cual nos lleva a concluir dos cosas: la primera es el evidente carácter visionario del cine de los Dardenne; la segunda, su indiscutible maestría a la hora de profundizar en unas formas narrativas (en apariencia deslavazadas, pero que conllevan una minuciosa planificación) que han creado escuela en las dos últimas décadas.


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