viernes, 17 de marzo de 2017

El hijo (2002)




Título original: Le fils
Directores: Jean-Pierre y Luc Dardenne
Bélgica/Francia, 99 minutos

El hijo (2002)


La exmujer de un circunspecto maderero que se gana la vida enseñando el oficio a muchachos problemáticos se presenta un buen día en su casa para comunicarle que está embarazada y que piensa casarse de nuevo. He ahí el punto de inflexión que hará reaccionar al hombre.

Lo comentábamos hace unos días al hablar de Rosetta (1999) y volvemos a insistir en ello tras el visionado de Le fils: la cámara de los Dardenne atosiga hasta tal extremo a los personajes (sobre todo al carpintero interpretado por Olivier Gourmet) que acaba por incordiar también al espectador. Como si de una mosca cojonera se tratase, el objetivo se adhiere al cogote del protagonista para no soltarlo ni a la de tres: ¿que el hombre sube unas escaleras? Pues allí que se va la cámara tras él; ¿que echa a correr? Pues tres cuartos de lo mismo.



De nuevo sin un ápice de música incidental; de nuevo ahondando en una depuración estilística que es más una deconstrucción conducente a mostrar las contradicciones y ambigüedades de la condición humana. Porque en el caso de Olivier el hijo muerto se irá paulatinamente transformando en un hijo recobrado. Y, al mismo tiempo, en ese proceso de aceptación el carpintero se convertirá para el joven Francis (Morgan Marinne) en una figura paternal que llene el vacío que le condujo a delinquir y acabar absurdamente con la vida de otro muchacho...

En esa misma línea, la situación planteada en El hijo por la pareja de cineastas belga sería una carambola del destino, en la que el adulto, a punto de incurrir en el mismo error que arruinó la vida del joven, pecará muy a menudo de medroso frente a la valiente generosidad del menor. Por lo que no le quedará más remedio, mal que le pese, que ir poco a poco tomándole cariño.


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