sábado, 15 de octubre de 2016

One Piece Film Gold (2016)




Director: Hiroaki Miyamoto
Japón, 2016, 120 minutos

One Piece Film Gold (2016) de Hiroaki Miyamoto


Me pregunto cómo es posible haber acabado viendo esta película japonesa de animación, para, acto seguido, responderme a mí mismo que los caminos del Señor son inescrutables y los de los festivales de cine aún más...

Nuestra segunda y última sesión en Sitges ha tenido lugar en el mítico Retiro, hecho que por sí solo bastaría para justificar el haber tenido que tragarse dos horas de griterío sin tregua. Bueno: gritos y ríos de oro. ¿Qué digo ríos?: ¡mares! Y un barco que es un gigantesco casino o ciudad flotante a la vez. Y un malo malísimo que responde al peculiar nombre de Gild Tesoro [sic] y al que se enfrentarán los Piratas del Sombrero de Paja...

Desde luego hay que reconocer que imaginación no les falta a los creadores de semejante engendro. Imaginación y energía, por supuesto. Y talento: porque por mucho que el anime no sea santo de nuestra devoción (este anime, por lo menos), debe admitirse el laborioso trabajo que hay detrás de una producción que, como ésta, retoma los personajes de una popular saga como pretexto para explayarse en una explosión sin límites de color y sonido.


Voyage of Time: Life's Journey (2016)




Director: Terrence Malick
EE.UU./Francia/Alemania, 2016, 90 minutos

Voyage of Time: Life's Journey (2016)


Debutamos en el Festival de Sitges, y lo hacemos por todo lo alto: en el inmenso auditorio del Hotel Melià y con un filme igualmente mastodóntico. Es este Viaje del tiempo de Terrence Malick una producción que comenzó a gestarse a finales de los setenta, con un planteamiento muy distinto a lo que finalmente ha acabado siendo. Retomado años después, el proyecto inició su fase de rodaje en 2003 para acabar completándose más de una década después.



Como ya sucediera en algunos pasajes de El árbol de la vida (2011), Voyage of Time conecta en espíritu con 2001 de Kubrick, a partir del momento en el que su único y trascendental eje temático viene dado por las preguntas ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿adónde vamos? Y también por el tratamiento de la música que acompaña a las imágenes, teniendo en cuenta que la banda sonora la integran piezas de compositores que van de Gustav Mahler a Arvo Pärt, pasando por Beethoven y Haydn.



Narrada por la actriz Cate Blanchett y producida, entre otros, por Brad Pitt, la película se concibe como una interpelación de la especie humana a la madre tierra. Preguntas que difícilmente obtendrán respuesta, pero que acaban dando pie a la plasmación en imágenes de un proceso de millones de años que arranca con el Big Bang, continúa con la aparición de los dinosaurios o de la especie humana y que llega hasta la actualidad, a través una espectacular panorámica nocturna del Burj Khalifa de Dubai. Aunque también hay tiempo para insertar, aquí y allá, pinceladas de los diversos conflictos e injusticias sociales que asolan la tierra, en un afán por abarcarlo todo que puede acabar resultando abrumador pero que difícilmente dejará indiferente.



Claro que no faltarán quienes acusen a Malick de pretencioso, burlándose de unas preciosistas imágenes que más parecen salidas del National Geographic o de los fondos de pantalla de Windows que no de la historia real de la vida en el planeta. Cuestión de gustos: a fin de cuentas, lo que se proponía hacer el cineasta va mucho más allá de los límites estrictamente cinematográficos, lo cual es tan arriesgado como encomiable.


viernes, 14 de octubre de 2016

Mustang (2015)




Directora: Deniz Gamze Ergüven
Turquía/Francia/Alemania/Catar, 2015, 97 minutos

Bernarda Alba a la turca



Los mustangos (mustang en inglés) son una raza de caballos salvajes americanos, los mismos que desataban la pasión de Clark Gable y Eli Wallach en Vidas rebeldes (The Misfists, John Huston, 1961). Por su bravura, estos équidos darían pie a que un modelo de automóvil fuese bautizado con su nombre, quizá porque parece inevitable asociar la libertad indómita de dichos animales con la potencia de un motor de seis cilindros.

Con semejantes connotaciones era fácil que la realizadora turca (y francesa de adopción) Deniz Gamze Ergüven decidiera titular Mustang su primer largometraje, habida cuenta de las agallas que demuestran las cinco hermanas protagonistas del filme. Se trata, por lo que se ha dicho, de una historia con ribetes autobiográficos, aunque a juzgar por el celo con el que son confinadas en el recinto familiar la suya parece más una circunstancia surgida de la imaginación de García Lorca.

En todo caso, forzoso es decirlo, salta a la vista, en un plano ya más cinematográfico, el paralelismo evidente con Sofia Coppola y Las vírgenes suicidas (1999), película que también narraba las desventuras de cinco hermanas, si bien en el Detroit de los setenta.

De todas formas, lo realmente atractivo de Mustang, a nuestro entender, es la delicadeza con la que su realizadora ha sabido mostrar el choque cultural y generacional entre una Turquía que lucha por abrirse al mundo y su antítesis más integrista y reaccionaria. Porque, a fin de cuentas, el detonante que supondrá el infortunio de estas huérfanas no es más que un inocente juego malinterpretado por sus familiares.



En ese sentido, tiene un enorme valor simbólico el hecho de que la película arranque y concluya con la maestra de escuela que se muda a Estambul: es la manera que tiene Deniz Gamze Ergüven de decirnos que lo único que sacará a su país del secular oscurantismo en el que se halla sumido es la educación, en concreto la de las mujeres.

Deniz Gamze Ergüven

jueves, 13 de octubre de 2016

Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (2010)




Título original: Loong Boonmee raleuk chat
Director: Apichatpong Weerasethakul
Tailandia/Reino Unido/Francia/Alemania/España/Holanda, 2010, 114 minutos

Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (2010)
de Apichatpong Weerasethakul


No es muy habitual que en Cinefília Sant Miquel comentemos películas tailandesas. De hecho, Loong Boonmee raleuk chat es la primera. Ganadora en Cannes de la Palme d'Or, casi podría decirse que nos encontramos frente a la versión budista de 2001. Los monos fantasma, al menos, recuerdan en su aspecto físico a los homínidos concebidos por Arthur C. Clarke y por Kubrick (aunque también tienen algo de los simios voladores de El mago de Oz...) Pero el parecido no sólo es externo: es la sensación de adentrarnos en un mundo desconocido, más allá de las leyes del tiempo y del espacio, lo que emparenta a estos filmes. La impresión de estar redescubriendo el planeta, viajando a los confines del universo o a los inicios de la civilización, cuando el mundo era puro y salvaje.



De entrada, que los espíritus de la hermana/esposa y del hijo de los protagonistas regresen de improviso una noche para sentarse a la mesa como si tal cosa contribuye a crear una atmósfera única, entre lo esotérico y la ciencia ficción. O asistir a la historia de una antigua princesa thai que, apesadumbrada por su poco agraciado aspecto, logra ser amada por un barbo a orillas de una cascada de aguas límpidas. O que Boonmee, a pesar de su grave enfermedad de riñón y guiado por el espectro de su mujer, penetre junto a su familia en el interior de una gruta en lo más profundo de la selva, tal vez en busca no sólo de sus orígenes sino del origen de la propia humanidad.



Y entretanto se deja entrever el recuerdo de la guerra, de un antiguo conflicto que ocasionó unas secuelas aún perceptibles en el físico de los protagonistas (la cojera de la mujer, la enfermedad del hombre...) Secuelas físicas, sí, pero también morales, que conducirán a Tong a hacerse monje budista para, acto seguido, despojarse del hábito color azafrán y buscar refugio en una habitación de hotel junto a su madre y su hermana, terminando, poco después, en una anodina sala de karaoke...

miércoles, 12 de octubre de 2016

La dama del armiño (1947)




Director: Eusebio Fernández Ardavín
España, 1947, 93 minutos



Yo también como vos estuve en Italia aunque he nacido en Creta. Viví en Venecia y allí, además de conocer el esplendor casi pagano del Renacimiento, aprendí los secretos de mi arte en la paleta de Tintoretto, Veronese y Tiziano. De aquellos maestros, fieles a la bella verdad de la naturaleza, heredé la devoción por la realidad. Y como una gota de agua es semejante a otra, quise trasladar a los lienzos la forma y el color de los seres y de las cosas. Pero me atraía España y vine a Toledo, a esta tierra de panorama ardiente y alma desnuda. Entonces, viendo el negro terciopelo de los devotos y el sayal de estameña de los monjes desfilando en las procesiones, mi espíritu se llenó de inquietud y quise pintar algo más, quise pintar las almas. Y concebí la idea de alargar las figuras como tallos de lirios, crear miembros atormentados y retorcidos bajo la luz siniestra de los relámpagos y las lívidas tormentas sobre los páramos inmensos y el Jesús en tortura de las crucifixiones iluminado por la luz redentora en el áspero calvario. No sé cuál influencia sea la que esta luz y este paisaje han ejercido sobre mí, pero nunca sentí el arte tan deshumanizado y tan dramático.



Toledo, durante el reinado de Felipe II... Sin ser exactamente un biopic, La dama del armiño (1947) tomaba la figura del Greco como pretexto para narrar la historia de una conversión religiosa: la del judío Samuel Hebraim (Jorge Mistral), capaz de renunciar a su fe con tal de ganar el amor de Catalina (Lina Yegros), hija del pintor y eternamente acompañada de la dueña Gregoria (Julia Lajos).

Una furtiva lágrima: Samuel recibe la noticia de la detención de su padre


Basándose en la obra teatral de Luis Fernández Ardavín, su hermano Eusebio dirigía una de esas grandilocuentes producciones históricas tan habituales en el cine español de los cuarenta y primeros cincuenta, con decorados de Enrique Alarcón. Aunque, desde el punto de vista técnico, es ésta una película en la que se observa una clara tendencia a utilizar la profundidad de campo, quizá para emular visualmente el estilo pictórico del cretense.

El Greco (Fernando Fernández de Córdoba) pintando
el retrato de monseñor Fernando, el Inquisidor


En realidad, ni el Greco tuvo una hija que se llamase Catalina ni está claro si fue él quien pintó el cuadro que da título al filme. En todo caso, lo de menos es el rigor histórico: lo verdaderamente crucial era servirse de su fama como reclamo para ofrecer al público una historia de amor y, lo que es más importante, la apoteosis del cristianismo frente a los infieles hebreos y moriscos. Por cierto que estos últimos aparecen representados a través de la hermosa Jarifa (Alicia Palacios), cuyo nombre pone ya de manifiesto un conocimiento certero de la tradición literaria del Siglo de Oro.

Sea como fuere, en La dama del armiño participaron también otros dos profesionales que, andando el tiempo, llegarían a ser directores de renombre: por una parte Rafael Gil como guionista y, por otra, César Fernández Ardavín, sobrino de Eusebio y ayudante de dirección junto a Luis Berraquero.

Lina Yegros (Catalina) y Jorge Mistral (Samuel)

martes, 11 de octubre de 2016

Elle (2016)




Director: Paul Verhoeven
Francia/Alemania/Bélgica, 2016, 130 minutos


Elle (2016) de Paul Verhoeven


Se cumple, de nuevo, lo que hace apenas unos días dijimos a propósito de Isabelle Huppert al comentar L'avenir. ¿Será posible que veamos otra vez a la actriz francesa interpretando a una mujer perturbadoramente inquietante? Y aunque en esta ocasión lo haga en un thriller a las órdenes del director de Instinto básico, parece que ya es de obligado cumplimiento el que sus personajes padezcan las secuelas de haber tenido unos padres avasalladoramente dominantes. Bueno, no perdamos más tiempo en ello: a fin de cuentas, la historia del cine está llena de casos de actores y actrices encasillados, por muy sobresalientes que fuesen sus dotes interpretativas...

Pero, ¿y esta Elle, basada en la novela « Oh... » de Philippe Djian? ¿De verdad se supone que hay que mantener en vilo al espectador hasta desvelar quién es el intruso enmascarado que irrumpe en el domicilio de Michèle Leblanc, la ejecutiva agresiva de una empresa de videojuegos a la que da vida la Huppert? Porque está clarísimo desde el principio quién es (y no lo vamos a decir aquí, no, ¡Dios nos libre de incurrir en pecado de spoiler!). Vale que la peli estaba destinada en un principio al mercado americano (de ahí que el guionista sea David Birke); pase que Paul Verhoeven no sólo es el director de RoboCop o de Showgirls sino también de las meritorias Delicias turcas (1973) o El libro negro (2006); pero lo que no tiene perdón es pretender que Elle sea una obra maestra, por muy candidata que fuese a la Palma de Oro en Cannes.

Y no lo es básicamente por una cuestión de credibilidad: ni la historia ni las interpretaciones son verosímiles, ni tampoco una mujer reaccionaría tras una violación como lo hace Michèle. Tampoco hay quien se trague la trama del hijo (Jonas Bloquet), su posesiva novia (Alice Isaaz) y el bebé mulato. Y ¿qué decir de los diversos escarceos sexuales de la protagonista? Aunque esto último debe ser herencia del período americano de Verhoeven.

Ya sabemos que estamos hablando de cine y que la verosimilitud no es condición sine qua non para hacer buenas películas. Pero no menos cierto es que, dependiendo del género (como es el caso del thriller), uno necesita entrar en la lógica de la historia para que los resortes del mismo liberen bruscamente toda su energía al llegar al clímax. Y eso aquí no pasa. O no nos ha pasado a nosotros, por lo menos. Respetando al máximo la opinión de quienes aún crean que Elle es el mejor filme del año (léase Borja Cobeaga vía Twitter, por ejemplo), os emplazamos hasta la próxima entrada en Cinefília Sant Miquel.

No se han peleado: son Verhoeven y Huppert ensayando una escena

domingo, 9 de octubre de 2016

Grupo 7 (2012)













Director: Alberto Rodríguez
España, 2012, 88 minutos



Que el cine español podía crear películas de acción dentro del género policíaco, con persecuciones, tiroteos y un ritmo narrativo trepidante es algo que ya dejaron claro en los cincuenta y sesenta Rovira-Beleta, Pérez-Dolz e Isasi-Isasmendi. Sin embargo, el éxito reciente de La isla mínima (2014) y el estreno hace tres semanas de El hombre de las mil caras han convertido al sevillano Alberto Rodríguez en digno continuador y en el nombre de moda del panorama cinematográfico nacional.

Grupo 7 fue la película que, de alguna manera, sentó las bases de lo que iba a ser la posterior carrera de un director que cuenta ya con dos Goyas. En ella están presentes muchos de los elementos que después le harían triunfar, tales como la corrupción policial, el thriller político o el tráfico de drogas. Y semejante cóctel está puesto al servicio de un elenco de actores, encabezado por Antonio de la Torre (Rafael) y Mario Casas (Ángel), que integran una unidad especial de las fuerzas de seguridad del Estado encargada de limpiar de traficantes el centro de Sevilla en los años previos a la celebración de la Expo del 92. Sus métodos obedecen a una doble moral al filo de la ley, pero los excelentes resultados que cosecharán con su red de confidentes contribuyen a que sus superiores hagan la vista gorda.



Rafael es un hombre solitario y de pocas palabras que vive obsesionado por el recuerdo de su hermano Pablo: no queda claro si éste murió o si se marchó de casa a consecuencia de la droga, pero cuando recoja de la calle a Lucía (Lucía Guerrero) su recuerdo se hará más intenso. En todo caso, cada vez que detengan a delincuentes relacionados con el tráfico de estupefacientes Rafael los tratará con especial dureza. Algo que aprenderá de él el joven Ángel, sólo que en su caso la frustración procede de ver cómo el éxito profesional no va acompañado de la felicidad familiar junto a su esposa Elena (Inma Cuesta).

La acción arranca en 1987 y así, sucesivamente, irán apareciendo sobreimpresionados en pantalla los correspondientes años en los que se desarrollan los hechos, mientras de fondo vemos imágenes de archivo sobre las obras que transformaron la capital andaluza.

La Dolores (1940)




Director: Florián Rey
España, 1940, 85 minutos

La Dolores (1940) de Florián Rey


El indiscutible talento de Florián Rey se percibe en la plasticidad de la mayoría de encuadres de La Dolores, así como en la destreza que demuestra a la hora de ejecutar los movimientos de cámara, notablemente el travelín. Es asimismo relevante el simbolismo de algunos elementos, en especial los barrotes de las ventanas que tan a menudo se interponen entre el objetivo y la protagonista, y cuyo uso (y abuso) pretende expresar el cautiverio moral que padece la muchacha (Concha Piquer) por culpa de la copla difamatoria que ha propagado el barbero Melchor (Manuel Luna).

Por más que sonría, la Dolores es esclava de la maledicencia

Del resto de la película poco más se puede decir, si no es mencionar lo pintoresco de un Aragón idílico que jamás existió fuera del cine y de la obra teatral homónima de Josep Feliu i Codina en la que se basa la ópera de Tomás Bretón.

sábado, 8 de octubre de 2016

Stella cadente (2014)












Director: Lluís Miñarro
España, 2014, 105 minutos



"Una película de espíritu republicano, pero de estética monárquica": así ha definido Stella cadente el director y productor Lluís Miñarro en la breve presentación que ha precedido a la proyección de esta tarde en la Filmo. Peculiar aproximación a la vida de Amadeo de Saboya que suponía, por cierto, su debut en el largometraje de ficción tras los documentales Familystrip (2009) y Blow Horn (2009).

Mucho más que un filme histórico, Stella cadente es un divertimento en el que lo mismo tienen cabida una esmerada reconstrucción de los ambientes decimonónicos en el vestuario y las localizaciones que canciones pop francesas de los años sesenta y setenta. Al respecto, no deja de ser chocante que, por ejemplo, todo un rey (Alex Brendemühl) se ponga a bailar en el momento de mayor tensión dramática al compás de "À présent tu peux t'en aller" de los Surfs. O que los títulos de crédito finales vayan acompañados de la misma canción, seguida de otro hit yeyé: "Comment te dire adieu ?" de Françoise Hardy.

Bárbara Lennie encarna a la reina María Victoria

Y, tras haber visto la peli, el propio director nos ha aportado más claves para acabar de entender toda la simbología que encierra la misma. De entrada, mostrando muchas de las referencias pictóricas que pueden rastrearse en la composición de varios encuadres: "El hombre desesperado" o "El origen del mundo", ambos de Gustave Courbet, los desnudos de Lucian Freud, el claroscuro de Caravaggio, "El retrato del Duque de Wellington" de Goya, el colorido del japonismo o el cuadro anónimo que muestra a Amadeo I de Saboya ante el féretro de Prim son sólo algunas de ellas.

Se trata, como vemos, de un enfoque que confiere un protagonismo esencial a la sensualidad, aunque también admite Miñarro haberse inspirado en el cine mudo alemán o en cintas más recientes como Eyes Wide Shut. Asimismo, aparecen en momentos puntuales de la película elementos concretos de filiación cinéfila, como ese tambor (fabricado en Calanda) que cruza rodando uno de los salones de palacio y que es una clara referencia a Segundo de Chomón y a Luis Buñuel.

Corona expresionista: Miñarro tuvo la idea sentado en el retrete de casa

Para Miñarro es ésta una película que habla del presente, de la historia reciente de España y de los males que aún la acechan, a pesar de inspirarse en hechos acontecidos en el siglo XIX, durante el compás de espera que separó el fin del Romanticismo de la edad contemporánea. En ese sentido, el personaje que, según el director, representa mejor al país (ayer como hoy) es Eloísa, la cocinera interpretada por Lola Dueñas: afectuosa, algo folclórica, pero con muy pocas luces.

viernes, 7 de octubre de 2016

Les mans buides (2003)













Títulos alternativos: Las manos vacías / Les mains vides
Director: Marc Recha
Francia/España, 2003, 130 minutos



Tras una hora de proyección, la voz cavernosa de un señor mayor se deja oír en la fila de atrás: "Todavía no he entendido de qué va la peli..." Pocos minutos después, una señora de la fila de delante se levanta exasperada y abandona la sala. Y el espectador que se sienta a su izquierda sonríe satisfecho, quizá porque concibió Les mans buides con esa finalidad: se trata de Lluís Miñarro, el exproductor más famoso de Catalunya, y escenas como ésta sólo se viven en la Filmoteca, dedicada en los últimos días a revisar la trayectoria de la extinta Eddie Saeta.

Ciertamente, la película se las trae... ¿Qué pueden tener en común una lavadora, un loro y una pequeña aldea del Pirineo francés? Por descontado que no lo vamos a explicar aquí, ni tampoco vale demasiado la pena. Porque en el cine de Marc Recha lo esencial no es el argumento sino mostrar instantes de la vida de unos personajes en un entorno determinado. En ese sentido, la naturaleza vuelve a tener un protagonismo considerable en Les mans buides, como sucede en la mayor parte de títulos que integran la filmografía de Recha.



En la breve presentación que ha hecho del filme, Miñarro ha dado algunas claves sobre el mismo: rodado en coproducción con Francia, participó en la sección Un certain Regard del Festival de Cannes y contó en su reparto con dos actores notables que exploran registros nada habituales en ellos: el belga Olivier Gourmet (Éric) y el español Eduardo Noriega (Gerard).

Según el productor, en esta película no contamos con el anzuelo que muchas veces constituyen los personajes protagonistas. Por el contrario, no empatizamos con ninguno de ellos y de ahí el título: una vacuidad que Miñarro ha vinculado también con la desolación de un paisaje (los alrededores de Argelès) heredero de los crueles sucesos que allí acontecieron entre el final de la Guerra Civil Española y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Tal vez ése sea el origen de los fantasmas que acosan a Éric, aún muy vivos en una época en la que en apariencia, o al menos oficialmente, empezaban a desaparecer las fronteras entre los estados europeos.

Eduardo Noriega y Marc Recha durante el rodaje de Les mans buides

miércoles, 5 de octubre de 2016

Antonio Gaudí, una visión inacabada (1974)













Director: John Alaimo
España, 1974, 45 minutos



Un anciano Gaudí, interpretado por José Luis López Vázquez, recorre algunos de los espacios más significativos de su obra (la Sagrada Familia, el Parque Güell...) solo o en compañía de varios jóvenes discípulos, a quienes tiene ocasión de ir aleccionando sobre los secretos de su profesión. En puridad, un argumento tan exiguo como éste no deja de ser un pretexto para dramatizar lo que realmente es un documental basado en las últimas cuarenta y ocho horas de vida del arquitecto.

Aun así, uno de los atractivos de la cinta, aparte de la belleza de la obra gaudiniana, reside en el hecho de que el norteamericano John Alaimo escribió su guion a partir de las notas de Joan Bergós i Massó (Lleida, 1894 - Barcelona, 1974), arquitecto y amigo de Gaudí, sobre quien había publicado una monografía en 1954. Cabe pensar, por lo tanto, que las reflexiones expuestas por boca de López Vázquez (sustituto, por cierto, de un Fernando Rey que inicialmente era la primera opción para encarnar al protagonista) son dignas de credibilidad.

Josep Maria Lana (izquierda) y López Vázquez (derecha)

Tras haber permanecido durante muchos años en poder de una entidad bancaria debido al impago de un crédito, esta visión inacabada sobre el arquitecto modernista fue por fin redescubierta en 2009 por el historiador Carles Querol i Rovira. Y si en la tarde de hoy ha sido posible proyectarla en la sala Laya de la Filmoteca de Catalunya ha sido, en parte, gracias a las diligencias de Joan Pineda, pianista habitual de la entidad, encargado del acompañamiento musical de las películas mudas y, casualmente, autor también de la banda sonora del filme.


Les 7 vides d’Eduard Toda (2016)




Directores: Ramon Masip, Toni Orensanz y Manel Vinuesa
España, 2016, 60 minutos



Amigo de juventud de Gaudí; diplomático de carrera; considerado el primer egiptólogo que hubo en España y el redescubridor del dialecto alguerés en Cerdeña; trotamundos infatigable tras los pasos de Ali Bei; uno de los bibliófilos más grandes de la historia de Cataluña; divulgador de la cultura china, y hombre de negocios en Londres. Desde luego, son siete vidas y muchas más las que enumera este documental que repasa la vida insólita y la ingente obra intelectual de Eduard Toda i Güell (Reus, 1855-Monasterio de Poblet, 1941).

La película, de una hora de duración, da respuesta a cuestiones que rodean esta figura clave en la historia de la Cataluña de finales del último tercio del siglo XIX y de la primera mitad del XX. El documental, que ya se había proyectado previamente en una decena de puntos de la geografía catalana (Reus, la Argentera, Tortosa, el monasterio de Poblet, Vilanova y la Geltrú, Barcelona, L'Alguer y el castillo/monasterio de Escornalbou, donde se estrenó el pasado 24 de julio) ha sido esta tarde objeto de un pase especial en la Filmoteca de Catalunya con motivo del II congreso dedicado a Gaudí que tiene lugar estos días. 

La sesión ha sido presentada por Toni Orensanz, uno de los tres directores, quien ha destacado el carácter polifacético de Eduard Toda, así como los múltiples logros que alcanzó y que se recogen en este documental periodístico con la ayuda de especialistas conocedores del personaje que reconstruyen su trayectoria y figura, recorriendo espacios clave de su vida.

Eduard Toda hacia 1883

martes, 4 de octubre de 2016

La reina joven (1916)




Director: Magí Murià
España, 1916, 49 minutos



Uno de los capítulos más apasionantes en los inicios del cine en nuestro país se escribió en la capital catalana, donde la productora Barcinógrafo (creada por el dramaturgo modernista Adrià Gual y posteriormente dirigida por Magí Murià) procuró dignificar lo que hasta entonces había sido apenas una chabacana atracción de feria hasta ponerlo a la altura de las demás artes escénicas. Así pues, y tomando como modelo el film d'art francés, no se escatimaron esfuerzos a la hora de invertir en decorados, vestuario, grandes figuras actorales y argumentos de prestigio.

Ejemplo sintomático de todo ello fue La reina joven (1916), adaptación del drama homónimo de Àngel Guimerà y protagonizado por la mítica Margarita Xirgu. Y, por si todo ello fuese poco, el lujo se completaba con el entorno gaudiniano en el que se rodó la película: un Parque Güell aún no invadido por la plaga turística, pero que ya concitaba las iras de muchos detractores de su estilo arquitectónico.



El argumento era también de una morbosidad evidente: en un reino imaginario, la soberana Alexia (interpretada por la Xirgu) cae rendida ante los encantos de Rolando (Ricardo Puga), el líder del partido republicano. Vamos: algo así como si, cien años después, un antisistema se ligase a una infanta...

La proyección de esta tarde en la Filmoteca de Catalunya ha contado con el acompañamiento musical del pianista Joan Pineda y la presentación y posterior coloquio a cargo de Octavi Martí (subdirector de la Filmo), Marià Marín (experto en la obra de Gaudí), Teresa Iribarren (que ha comentado cómo fue recibida la película hace justo un siglo) y Nicolas Descharnes (experto en Dalí e hijo de Robert Descharnes, cuyo filme sobre Dalí no ha podido ser proyectado como estaba previsto por problemas de derechos de autor).

Los posibles interesados en ver La reina joven pueden hacerlo en internet a través del enlace siguiente: https://vimeo.com/65549663

lunes, 3 de octubre de 2016

La vaca (2016)




Título original: La vache
Director: Mohamed Hamidi
Francia, 2016, 91 minutos

« C'est la faute de la poire ! »

La vaca (2016) de Mohamed Hamidi


Algo de quijotesco, por no decir bastante, tiene el protagonista de La vache. Porque alguien que trata a su vaca mejor que a su propia familia y que además decide ir a pie desde su aldea argelina hasta París tiene, sin duda, un toque de loco genial. Pero al mismo tiempo, siendo Fatah Ballabes un sencillo campesino, afable y tierno, posee también su pizca de Sancho. En todo caso, lo que queda claro es que Éric Toledano y Olivier Nakache, ejerciendo ahora en labores de producción ejecutiva, intentan de nuevo repetir el éxito de Intocable (2011).

Habiéndoles salido la intentona por la culata con Samba (2014), regresan otra vez a la carga con una comedia que, dirigida por Mohamed Hamidi, vuelve a juntar a dos personajes antagónicos que, sin embargo, congenian a las mil maravillas: el ya mencionado Fatah (Fatsah Bouyahmed) y el aristócrata Philippe (Lambert Wilson), un conde arruinado que desde buen principio sentirá una enorme simpatía por él. Un tercero en discordia se les acabará sumando: Hassan, el cuñado de Fatah, interpretado por el siempre vivaracho Jamel Debbouze. Los tres proceden de ambientes muy distintos y, pese a no tener nada que les una, acabarán colaborando en una empresa común: la de conseguir que la vaca Jacqueline llegue a tiempo a la capital francesa para participar en el concurso del Salón de la agricultura.

Fatah y Jacqueline: tal para cual


A pesar de lo poco realista de su planteamiento, La vache funciona narrativamente debido a su hábil combinación de humor y fe en la bondad del ser humano. Un poco como sucede en la segunda parte del Quijote, nadie parece sorprenderse de la loca aventura de Fatah, convertido en un héroe mediático gracias a la televisión y a las redes sociales. De hecho, casi todo el mundo le acabará siguiendo la corriente.

Claro que la intención última de una película como ésta no es tan inocente como parece: detrás de los "Vive la France !", de los personajes de diferente condición social confraternizando, de los magrebíes que, como Fatah, defienden la importancia de saber hablar la lengua de Molière hay una voluntad de fomentar la concordia a través de los valores republicanos, en un país en el que la radicalización de unos y de otros amenaza muy seriamente con fracturar la sociedad.

Por último, cabe mencionar la vigorosa banda sonora del músico de origen libanés Ibrahim Maalouf, quien con su trompeta de cuatro pistones ha logrado emular en La vaca la intensidad sonora de los mejores filmes de Emir Kusturica.

Fatsah Bouyahmed (izquierda) y el director Mohamed Hamidi

domingo, 2 de octubre de 2016

No t'aturis (2015)




Directora: Aïda Torrent Ciudad
España, 2015, 70 minutos

No t'aturis (2015) de Aïda Torrent Ciudad


Tarde de preestreno en la Filmo. Objetivo: el documental No t'aturis de Aïda Torrent Ciudad. Acompañada de Esteve Riambau (director del ente), Jordi Ambròs (jefe de documentales de Televisió de Catalunya), Francina Martí (presidenta de la Associació de Mestres Rosa Sensat) y Jaume Funes (educador y psicólogo), la directora ha dado a conocer cómo su proyecto (financiado mediante micromecenazgo) fue evolucionando desde el título inicial de El jardí secret hasta convertirse en el retrato de un grupo de estudiantes de segundo de bachillerato del barrio del Raval.

En ese sentido, Torrent no ha dudado en confesar que, si bien en un principio esperaban encontrarse con jóvenes al borde de la delincuencia, la sorpresa fue mayúscula al comprobar cómo los elegidos para su película eran chicos y chicas con espíritu de superación, a pesar de la imagen degradada que a menudo arrastra su área de procedencia.

Tajin, Jessica, Miquel, Marese, Rachida, Mariam, Ana, Karla... son algunos de los protagonistas cuyas vidas se van desglosando a lo largo de los setenta minutos de duración de un docudrama que será emitido el próximo 15 de octubre por el Canal 33.



Sus orígenes y problemáticas son de lo más diverso, aunque todos comparten instituto (el Milà i Fontanals, el mismo que aparecía en otro documental barcelonés: La bomba del Liceu de Carles Balagué) y un similar respeto ante la temida Selectividad. Tajin llegó hace apenas unos años de Bangladesh (donde aún vive su madre), aunque ya es capaz de defenderse en castellano y en catalán. Jessica se verá obligada a regresar a Colombia en compañía de su abuela. Marese hará lo imposible para ponerse las pilas y lograr estudiar Diseño en una universidad privada...

Tras la proyección, algunos de ellos han respondido a las preguntas de los asistentes, lo cual ha deparado alguna que otra novedad. Tal es el caso de Jessica, ya de vuelta de Colombia, y que ha cambiado la veterinaria por... la administración y las finanzas. O Rachida y Ana, que ya están en segundo de Educación infantil en la Autónoma. Tajin ha sido el que más ha intervenido: finalmente logró aprobar el bachillerato y ahora estudia un grado superior de Turismo y además trabaja.

Cinematográficamente, la propuesta de Torrent es lo que podría denominarse un ejemplo de realidad ficcionalizada, de ahí que ella rechace el término documental. En todo caso, el interés pedagógico de la cinta permite augurarle un brillante porvenir para su exhibición en centros educativos, además de contribuir enormemente en la superación de estereotipos mostrando un perfil alternativo al de los ninis.


sábado, 1 de octubre de 2016

Let's Go! (2014)




Director: Michael Verhoeven
Alemania, 2014, 89 minutos

Ironías del destino: en Italia, la familia es víctima de un ataque "prosemita"


A pesar de su factura innegablemente televisiva, con toda la simplificación que ello conlleva para llegar a un público masivo, Let's Go! ha suscitado el interés de los usuarios de la Filmoteca de Catalunya en el marco del Panorama del cine judío que durante las últimas semanas está teniendo allí lugar. De entrada, porque su director (Michael Verhoeven, Berlín, 1938) ha asistido para presentarla y mantener un coloquio con los espectadores tras la proyección. Pero sobre todo por el tema: las tremendas secuelas que el Holocausto dejó en una familia de supervivientes que decidió instalarse en Alemania una vez finalizada la guerra.

Salpicada de continuos saltos temporales que van desde 1947 hasta 1968, Let's Go! se centra en el personaje de Laura (interpretada por Alice Dwyer). Residente en Estados Unidos, la mujer regresará puntualmente a Munich con motivo de un fatal accidente de tráfico a consecuencia del cual fallecerá su padre y su hermana menor quedará gravemente herida.

Enseguida, y al hilo del pasado familiar que poco a poco se irá desgranando, descubriremos hasta qué punto fueron tortuosas las relaciones afectivas entre Laura y sus padres: incapaces de mostrar afecto, marcados de por vida por las torturas que padecieron en Dachau, ambos (pero sobre todo la figura paterna) contribuirán, aunque sin proponérselo, a hacer de la infancia de la muchacha un verdadero calvario. Porque al infierno que se vive de puertas hacia adentro habrá que sumar el de una familia que decide educar a sus hijas como si fuesen cristianas. Es esta negación de la propia condición hebrea lo que verdaderamente actúa de caldo de cultivo de todos los problemas identitarios que afectan a los personajes.

Michael Verhoeven (centro) con los intérpretes de Let's Go (2014)


El veterano director del telefilme, a quien, a pesar del apellido, no une ningún parentesco con el cineasta Paul Verhoeven (curiosamente, nació cinco días antes que el holandés) y cuya esposa (la actriz Senta Berger) se encontraba también en la sala, ha explicado cómo en cierta ocasión se le acercó una mujer con un manuscrito y le dijo: "Aquí tiene usted la historia de mi vida. Por favor: haga una película sobre ella". El bávaro, tras constatar el interés del texto pese a lo caótico del relato, recomendó, sin embargo, a la mujer que lo llevase a una editorial para que allí le diesen orden y lo acabasen de pulir. Y así lo hizo ella: su nombre era Laura Waco y el libro se tituló Von Zuhause wird nichts erzählt (Eine jüdische Geschichte aus Deutschland) [En su propia casa no se les contó nada (Una historia de los judíos de Alemania)].

Lamentándose de la estúpida ley que en Alemania obliga a todos los telefilmes a no exceder los noventa minutos de duración, Michael Verhoeven ha comentado que al menos gracias a la televisión ha podido explicar una historia verdadera que hasta la fecha no había sido abordada por el cine alemán. Como es también gracias a los festivales que la cinta sigue teniendo vida más allá de su emisión catódica.

Puede que no se trate de la mejor película de su director (Verhoeven cuenta en su haber con un BAFTA y con un Oso de plata del Festival de Berlín), pero al menos Let's Go! ha sido capaz de cautivar a quienes en la tarde de hoy nos hemos dado cita en la Filmoteca: como el gorrión que revolotea en el inicio y en el desenlace, como la sorpresa final que justifica el título en inglés, son estas pequeñas grandes películas las que justifican la existencia de la casa grande del cine.

De izquierda a derecha: Alice Dwyer, Laura Waco y Michael Verhoeven

El camino de Babel (1945)




Director: Jerónimo Mihura
España, 1945, 77 minutos

El camino de Babel (1945) de Jerónimo Mihura


A todos vosotros, a los que vendréis el curso siguiente a continuar vuestros estudios y a los que por haber terminado en éste vuestras carreras ya no volveréis más, van dedicadas estas palabras que acabáis de oírme. Para los que habéis de volver, poco tengo que añadir a lo dicho; pero para los que emprendéis desde hoy la lucha organizada por la existencia digna, tengo la obligación de recordaros como última lección a recibir, y como la más importante de todas ellas, que todo cuanto aquí aprendisteis os lo dio la Patria y que es en el mayor esplendor y gloria de ella en lo que tenéis la obligación de usarlo. No olvidéis esto jamás: ¡los grandes hombres hacen las grandes patrias!

Una comedia que se inicia con este solemne discurso académico por boca del orondo decano en el paraninfo de la facultad de medicina y que, a continuación, muestra a tres mozalbetes recién licenciados cuya única intención es casarse con cualquier rica heredera que les solucione la vida sólo puede ser una comedia subversiva. Tan subversiva como el humor de los hermanos Mihura, Jerónimo y Miguel.

Escrita por el primero de ellos (en esta ocasión, Miguel, el célebre dramaturgo, no participó en la película) y por José Luis Sáenz de Heredia, propietario fundador de la productora Chapalo Films, El camino de Babel se caracteriza por una continua caricaturización de las convenciones pequeñoburguesas. Mofa que llega, huelga decirlo, hasta donde las circunstancias y la censura franquista permitían llegar: a fin de cuentas, el desenlace de la historia hará que las cosas vuelvan a su cauce.

Brandolet (Manolo Morán) flanqueado a la izquierda por Bruno
(Antonio Riquelme) y a la derecha por el doctor Gamíndez (Nicolás Perchicot)


Pero burla burlando son diversas las instituciones satirizadas. En primer lugar, el sacrosanto matrimonio, que para el trío de amigos formado por César (Alfredo Mayo), Marcelino (Fernando Fernán Gómez) y Arturo (Miguel del Castillo) no es más que un absurdo contrato entre familias del que conviene aprovecharse para ascender en la escala social y asegurarse una pudiente situación económica. De ahí que César y Marcelino decidan concertar un pacto, del que sólo el prudente Arturo quedará al margen. Aunque, mediante una ingeniosa pirueta narrativa, al final sea este último quien consiga contraer nupcias con la rolliza Enriqueta (Julia Lajos) para llegar en auxilio de sus antiguos y atribulados camaradas.

«¡Los grandes hombres hacen las grandes patrias!», les habían dicho el día que acabaron la carrera. Pero estos tres ni son grandes ni demuestran que les importe gran cosa la Patria, pues con su actitud únicamente contribuirán a perpetuar la hipocresía en el mundo. Y así, apesadumbrados por haber dilapidado la fortuna paterna y por haberse hecho ilusiones al dejarse engatusar por los disparatados proyectos del chiflado Brandolet (Manolo Morán), admitirán haber aprendido la "lección" para acabar abrazándose a sus queridas Laura (Guillermina Grin) y Elena (Mary Lamar).

Érase un hombre a un bigote pegado: Fernando Fernán Gómez