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lunes, 31 de agosto de 2026

El ser querido (2026)




Director: Rodrigo Sorogoyen
España/Francia, 2026, 135 minutos

El ser querido (2026) de Rodrigo Sorogoyen


Independientemente de que el planteamiento de El ser querido (2026) pueda recordar, en cierto modo, al de la noruega Valor sentimental (2025), lo cierto es que la cinta de Rodrigo Sorogoyen, candidata a la Palma de Oro en el último Festival de Cannes, discurre por unos cauces distintos, más cercanos al verismo de los diálogos y el lenguaje metacinematográfico. En efecto, lo que dicen sus personajes suena deliberadamente como si éstos fuesen seres de carne y hueso de la vida real: cero retórica, cero impostura. Una tendencia hacia el cinéma verité que lo mismo afecta a la película que vemos como a la que se está rodando dentro de la ficción, titulada Desierto.

En líneas generales, los temas que confluyen en el guion coescrito entre el propio Sorogoyen y su colaboradora habitual, Isabel Peña, poseen en común un marcado carácter introspectivo, ya sea a propósito de la compleja relación padre-hija que mantienen los protagonistas (soberbios Javier Bardem y Victoria Luengo en sus respectivos papeles) o, en el reverso de ese mismo contexto, ahondando en los entresijos de lo que entraña la profesión de actor o la de cineasta.



En ese sentido, resulta especialmente significativa la escena en la que a los miembros del elenco se les escapa la risa durante el rodaje de una secuencia, momento en el que Esteban Martínez (el afamado director al que da vida Bardem) pierde los nervios de tal modo que parte de su equipo se acabará rebelando contra lo que consideran una actitud vejatoria. Y es que dicho personaje posee unos innegables rasgos de maltratador que, además de generar tensiones con sus actores, dificultan también que la comunicación con Emilia (su hija biológica, aparte de protagonista de la película) pueda ser fluida.

Otros elementos de muy diverso tipo (el alcoholismo, la situación de abandono del pueblo saharaui, el papel que jugó España en la región como fuerza colonizadora...) se intuyen en el trasfondo de una cinta cuya apariencia en pantalla bebe asimismo de otros tantos formatos (panorámico, blanco y negro...). Una propuesta tan inteligente como arriesgada que, lejos de acomodarse a fórmulas convencionales, consolida a Sorogoyen como uno de los narradores más audaces del cine contemporáneo gracias a una meritoria puesta en escena que se presta a diversas capas de lectura. Virtudes, en definitiva, que debieran allanar su camino en la carrera hacia los Óscar.



lunes, 30 de marzo de 2026

Amarga Navidad (2026)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2026, 111 minutos

Amarga Navidad (2026) de Almodóvar


La enésima incursión almodovariana en el melodrama de tintes autobiográficos nos sitúa en una tesitura muy similar a la ya explorada por el manchego en títulos anteriores como, por ejemplo, Dolor y gloria (2019) o, incluso, más atrás en el tiempo, la ya mítica (y fundacional en muchos aspectos) La ley del deseo (1987). Y lo hace recurriendo a su habitual paleta de colores estridentes, ya sea en el mobiliario que rodea a los personajes o la ropa que visten (generalmente de Prada).

También se desdobla en algunos de los protagonistas, sobre todo el cineasta al que interpreta Leonardo Sbaraglia, debidamente caracterizado con un corte de pelo como el del director, si bien la réplica de éste en la ficción que está escribiendo, en un magnífico papel de Bárbara Lennie, posee también no pocos rasgos que remiten igualmente a Almodóvar. Lo cual da pie a un interesante juego de muñecas rusas cuyo sentido último parece aludir al modo en que los creadores suelen fagocitar cuanto tienen a su alrededor, ya se trate de allegados o de sus propias circunstancias.



Sin embargo, Amarga Navidad (2026) dista de ser la producción más lograda de un cineasta que hace ya tiempo que parece que tocó techo a nivel creativo. Así pues, a la sensación de déjà vu que transmiten buena parte de los elementos de su puesta en escena, aparte de la banda sonora de Alberto Iglesias o los exteriores rodados en las arenas volcánicas de las playas de Lanzarote, se unen detalles (como las dos o tres menciones a la cocaína en sus diálogos) que chirrían un poco al entrar en abierto contraste con el carácter aburguesado que destila la parafernalia con la que Almodóvar suele adornar desde hace décadas todas sus películas.

No faltan, eso sí, momentos interesantes, incluso emotivos, como la escena en la que Amaia canta a capela "Las simples cosas", tal vez porque el director de Pepi, Luci, Bom… (1980) o Entre tinieblas (1983) ha alcanzado a estas alturas de su carrera una etapa introspectiva de maestría otoñal donde ya no necesita provocar para impactar. En todo caso, sigue sabiendo sacar lo mejor de su elenco de actrices, con interpretaciones notables de Aitana Sánchez-Gijón, Milena Smit (teñida y sin teñir) y Victoria Luengo, además de innovar en determinadas secuencias con el uso del texto sobreimpreso en pantalla. Destellos de genialidad que demuestran cómo donde hay ceniza, todavía queda fuego.



martes, 21 de febrero de 2023

Suro (2022)




Título en español: Corcho
Director: Mikel Gurrea
España, 2022, 116 minutos

Suro (2022) de Mikel Gurrea


Al igual que sucede en las recientes Alcarràs (2022) o As bestas (2022), el medio rural juega un papel de vital importancia en Suro (2022), debut en el largometraje del vasco Mikel Gurrea (San Sebastián, 1985). Son sus protagonistas Elena (Vicky Luengo) e Ivan (Pol López), una joven pareja de urbanitas barceloneses que, en vísperas del nacimiento de su primer hijo, deciden instalarse en una antigua masía ampurdanesa perteneciente a la familia de ella. En principio, todo parece muy bonito y ambos se las prometen muy felices en ese entorno idílico lejos del mundanal ruido. Sin embargo, la dura realidad de lo que conlleva hacerse cargo de la extracción de la corteza de los muchos alcornoques que hay en la finca propiciará las primeras fisuras en una relación hasta entonces aparentemente sólida.

Queda claro, pues, que uno de los objetivos del filme, escrito a medias entre el propio Gurrea y Francisco Kosterlitz, sería desmitificar ese buenismo tan en boga entre los miembros de una generación cuyas firmes convicciones flaquean a las primeras de cambio cuando toca enfrentarse a las contrariedades de la vida. En ese aspecto, Elena demuestra un pragmatismo muy superior al de su compañero, quien aparece retratado como el típico soñador incapaz de hacer frente a unos hechos que le acaban superando. Y no por falta de compromiso, precisamente, sino más bien por un exceso de celo que le llevará a codearse con los jornaleros y defender los derechos laborales de unos magrebíes a los que el capataz tiene en situación irregular.



Fruto de dicha coyuntura se deriva un conflicto racial entre trabajadores locales y extranjeros que hará que el joven Karim (Ilyass El Ouahdani), de apenas dieciocho años, acabe siendo víctima del rechazo de unos y de otros. Triste desenlace que viene a demostrar cómo las buenas intenciones de Ivan, responsable de meter al chaval en su casa, acarrean más inconvenientes que ventajas. Algo que, por otra parte, ya se dejaba intuir en la brutal secuencia del borrico agonizante.

La puesta en escena de Suro ('corcho' en catalán) se construye a base de silencios muy elocuentes, de una tensión gradual, presagio de la discordia que ha venido a instalarse donde teóricamente debía reinar la prosperidad. Un paraíso, convertido en infierno a base de sucesivos desencuentros, que Elena e Ivan se sientan a esperar mientras las llamas de un incendio de proporciones gigantescas amenaza con reducir sus sueños (o lo que queda de ellos) a cenizas.