Título original: The Passion of Martin
Director: Alexander Payne
EE.UU., 1991, 49 minutos
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| La pasión de Martin (1991) de Alexander Payne |
Curioso mediometraje, en clave de comedia negra, primerísimo trabajo de un Alexander Payne que por aquel entonces estudiaba en la UCLA y que con The Passion of Martin (1991) llevaba a cabo su tesis de licenciatura. Libremente inspirada, por cierto, en El túnel, la novela de tintes más o menos existencialistas que el escritor argentino Ernesto Sábato había publicado en 1948.
Su protagonista, fotógrafo con ínfulas artísticas y aquejado de una obsesiva atracción hacia la bella Rebecca (Lisa Zane), a la que conoce durante la inauguración de su propia exposición de retratos, no dudará en poner en práctica todas las argucias habidas y por haber con tal de seducir a la joven. Pero, más que un Romeo a la antigua usanza, Martin (Charley Hayward) se comporta con la premeditación y alevosía propias de un psicópata. Probablemente porque lo es...
Caricatura andante de la toxicidad y la inseguridad masculinas llevadas a sus peores extremos, Martin no es precisamente un romántico incomprendido. Para caracterizarlo, Payne recurre a una técnica que perfeccionaría años después en Election (1999): la voz en off omnipresente y, por supuesto, poco o nada fiable. A través del monólogo interno de Martin, el espectador se ve atrapado dentro de una mente acribillada a todas horas por su propio eco, escuchando sus justificaciones intelectualoides para actos que resultan puramente ridículos, cuando no aterradores. Se trata, pues, de un retrato tan específico y descarnado que uno no puede evitar preguntarse si el director no estaría usando el filme como experimento autocrítico para exorcizar sus propias neurosis de juventud.
En cualquier caso, antes de consolidarse como el cronista definitivo de la crisis de la mediana edad y la patética idiosincrasia norteamericana con obras como Citizen Ruth (1997) o Sideways (2004), Payne realiza aquí un ejercicio cinematográfico crudo, incómodo y brillantemente cínico que permite intuir, además, cuáles iban a ser las constantes de toda su filmografía posterior.



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