martes, 7 de julio de 2026

Starlet (2012)




Director: Sean Baker
EE.UU., 2012, 103 minutos

Starlet (2012) de Sean Baker


Antes de que alcanzara el éxito internacional con The Florida Project (2017) o Anora (2024), Sean Baker ya ensayaba su particular estilo hiperrealista en filmes como Starlet (2012), drama íntimo, luminoso y profundamente humano que marcaría un punto de inflexión en su filmografía. Jane (Dree Hemingway), una veinteañera aparentemente apática, vive en el Valle de San Fernando junto a unos peculiares compañeros de piso y Starlet, su inseparable chihuahua. El caso es que en un mercadillo de objetos de segunda mano le compra un viejo termo a Sadie (Besedka Johnson), anciana viuda, cascarrabias y solitaria. Pero al llegar a casa, descubre que el termo esconde 10.000 dólares en su interior y, en lugar de quedárselos o devolverlos directamente (lo que quizá provocaría los recelos de la mujer), Jane decide introducirse en el día a día de Sadie, pagando una especie de deuda a base de hacerle compañía, llevarla y traerla al supermercado o yendo con ella a sus partidas de bingo.

La mirada de Sean Baker huye del glamur de Hollywood y retrata el Valle de San Fernando mediante una fotografía de tonos pastel, sobreexpuesta por el sol californiano, que aporta una textura casi documental. En ese orden de cosas, a mitad de la película se nos desvela con total naturalidad la profesión de Jane, que es actriz de cine porno. En manos de otro director, esta revelación habría sido tal vez el eje de un melodrama de tintes sociales sobre la explotación o la degradación. Sin embargo, Baker desmitifica el trabajo de Jane como lo que es para ella: un empleo cotidiano, aburrido a ratos, con compañeras normales (que incluso cuentan chistes) y facturas que pagar.



No obstante, el encanto de la cinta reside en la química intergeneracional de sus dos protagonistas. Así pues, Dree Hemingway logra dotar a su personaje de una mezcla perfecta de madurez profesional y, a la vez, una profunda ingenuidad emocional. Su mirada, en ese sentido, transmite una bondad limpia, libre de cinismo. En cambio, Besedka Johnson es el gran milagro de la película. Descubierta por el director en un gimnasio a sus 85 años (nunca antes había actuado), Johnson ofrece una interpretación descarnada, llena de orgullo y vulnerabilidad oculta tras muchas capas de retraimiento. Su papel, tan auténtico como la vida misma, fue sin embargo el primero y el último de su efímera carrera, ya que la actriz fallecería al año siguiente del estreno.

Por lo demás, el tramo final de la película es una lección de cómo gestionar la tensión dramática sin recurrir a efectismos. De hecho, a medida que la amistad entre Jane y Sadie se consolida, regalándonos momentos de gran ternura, el espectador carga también con la angustia del secreto: ¿qué pasará cuando la anciana descubra el origen de la generosidad de su "amiga"? Y Baker resuelve el dilema de una manera brillante en la última secuencia, sin necesidad de catarsis ni perdón explícito, apoyándose en un plano sostenido, una mirada en el cementerio que resume el peso de la soledad, el agradecimiento y el complejo entendimiento mutuo. Y es que en un mundo donde todo parece hacerse por interés, Starlet constituye una fábula honesta sobre la bondad imprevista, recordándonos que, a veces, las relaciones más puras nacen de los secretos más inconfesables.



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