sábado, 16 de junio de 2018

Viajes con mi tía (1972)




Título original: Travels with My Aunt
Director: George Cukor
EE.UU., 1972, 108 minutos

Viajes con mi tía (1972) de George Cukor


El mismo aire decadente que encontramos en La vida privada de Sherlock Holmes (1970) de Billy Wilder, en Un gángster para un milagro (1961) de Capra o en Mujeres en Venecia (1967) de Mankiewicz; la misma grandilocuencia caduca de las superproducciones Bronston rodadas en España; un similar gusto por los ambientes aristocráticos venidos a menos que, poco después, aparecerá en Nina (1976) de Minnelli y en ¿Víctor o Victoria? (1982) de Blake Edwards se halla presente en Viajes con mi tía. No en vano, su director (un George Cukor que había iniciado su fecunda carrera a principios de los años treinta) compartía con los anteriores un pasado esplendoroso en el Hollywood dorado que ahora se veía en la necesidad de buscar nuevas vías de financiación en Europa.

En ese sentido, Travels with my aunt es una película fuera de época, pues, en plena efervescencia del movimiento contracultural, el glamur y sofisticación propios del toque Cukor no parecían encajar demasiado bien con el rock, las drogas y el amor libre. Y, sin embargo, todos esos elementos aparecen de un modo u otro a lo largo del relato. Parece como si el realizador americano, a través de la vieja dama cosmopolita encarnada por Maggie Smith, quisiera entonar el canto del cisne para despedirse de un mundo, el suyo, que, en esencia, ya no existe.



Por ahí, lo que le ocurre a Cukor no es tan diferente a lo que vivieron los cineastas arriba mencionados: el propio Wilder, sin ir más lejos, también recurrirá en Fedora (1978) a una mujer experimentada para ilustrar los estragos sobre usos y costumbres que un día estuvieron en boga y que ahora el paso del tiempo ha reducido a cenizas. La diferencia estriba en que en Travels with my aunt se opta por enfocar el tema en clave de comedia nostálgica, presentando a un flemático empleado de banca inglés (Alec McCowen) cuya monótona vida da un giro de 180 grados cuando, en el funeral de su madre, conoce a una estrafalaria señora que dice ser su tía Augusta.

Rodada en diferentes localizaciones europeas (Londres, Milán, París, Almería...), la acción se trasladará incluso hasta un inverosímil Estambul en el que el Orient Express finaliza su recorrido y desde donde los protagonistas son deportados no sin que antes el apocado Henry haya tenido ocasión de compartir vagón y experiencias con una desinhibida turista americana que viaja de camino a Katmandú.

Aunque si por algo es recordado este filme crepuscular entre nosotros es por el hecho de que José Luis López Vázquez interpreta a un distinguido millonario francés que colecciona las amantes a pares, en lo que supuso una interesante incursión del actor español, al que de manera inmediata e injusta se le suele asociar con un tipo de cine mucho más burdo, en el universo fílmico de uno de los grandes.


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