sábado, 9 de junio de 2018

Sierra maldita (1954)















Director: Antonio del Amo
España, 1954, 94 minutos

Sierra maldita (1954) de Antonio del Amo

Cuenta el romance que las mujeres de un pueblo andaluz y moruno contemplan cada día temblorosas un picacho entre la bruma: la Niña Negra. Un hombre desgració a una mujer entre sus riscos y la dejó abandonada a su ventura. Los lobos dieron fin a la tragedia. Puebla de Arriba fue, desde entonces, maldita, como su sierra. Sus pastos y sus tierras se secaron y las mujeres allí nacidas ya no alumbraron un nuevo ser. Los hombres, con la superstición a cuestas y despreciando las entrañas yermas, iban al valle a buscar esposas. Y un año tras otro, las hembras malditas de Puebla de Arriba bajan a la Virgen de Puebla del Valle a implorar la dicha del dolor de madre. Son las cobijadas. Cobijadas por herencia moruna en un pañuelo negro, como su pena, que casi les tapa la cara para que por sus ojos escape la leyenda maldita. Bajan temblando por la sierpe empinada y, sin atreverse a mirar al pueblo fecundo, que les roba, entre los gritos de su feria, los pensamientos de unos mozos vendidos por el fatalismo. Porque Puebla del Valle es una gran guitarra donde la mano del destino lleva tocando una copla alegre durante siglos y siglos...

El espectador desavisado tal vez caiga en el error de considerar que Sierra maldita es una película de alto contenido etnográfico. Craso error: su trasfondo de nopales, tapias derruidas y mujeres con cántaro hace de ella una postal genuinamente pintoresca, cierto, pero nada más. Rodada, bajo la dirección de Antonio del Amo, en las localidades almerienses de Mojácar, Garrucha y Níjar una década antes de la eclosión del espagueti wéstern, la cinta no sólo saldría vencedora del Festival de Cine de San Sebastián, sino que compitió por el León de Oro en Venecia. Lo cual nos da una idea del alcance que tuvo la fuerza de sus imágenes.



Sin embargo, la forma de hablar de los personajes denota un andalucismo impostado, toda vez que Almería no es zona de seseo. De la misma manera que en la caracterización de las cobijadas se advierte un innegable influjo mejicano, quizá pensando en la posible carrera internacional del filme, auspiciado y distribuido por la Paramount.

De cualquier modo, el guion de Alfonso Paso y José Luis Dibildos va más allá de las típicas rencillas a lo Villarriba y Villabajo: a caballo entre un cierto influjo lorquiano y el misterio de una imprecisa leyenda local, las fuerzas telúricas desatadas en torno a la Niña Negra tejerán una intrincada maraña entre los habitantes de Puebla de Arriba y Puebla del Valle, muchos de ellos rudos carboneros, cuyo férreo atavismo sólo podrá ser derrotado por los amores de Juan (Rubén Rojo) y Cruz (Lina Rosales).


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