domingo, 17 de junio de 2018

La teoría del todo (2014)

















Título original: The Theory of Everything
Director: James Marsh
Reino Unido/EE.UU./Japón, 2014, 123 minutos

La teoría del todo (2014) de James Marsh

Por paradójico que parezca, hay películas en las que lo cinematográfico queda en un segundo plano: surgidas del empeño por convertir la vida de alguna celebridad en materia fílmica, al final, este tipo de proyectos, conocidos en la jerga cinéfila como biopics, acaban siendo vehículos al servicio de las excepcionales dotes interpretativas del actor o actriz encargados de meterse en la piel del personaje en cuestión. Como Ray (Taylor Hackford, 2004) o La vie en rose (Olivier Dahan, 2007), The Theory of Everything formaría parte de dicha nómina. A la cual podríamos añadir el Gandhi (1982) de Lord Richard Attenborough, por citar algún ejemplo anterior en el tiempo.

¿Significa eso que la ardua tarea llevada a cabo, respectivamente, por Jamie Foxx, Marion Cotillard, Eddie Redmayne o Ben Kingsley carece de mérito? No, ni mucho menos: que la mímesis, como ya estableció Aristóteles, es fin esencial del arte. Sin embargo, hay un detalle que conviene no pasar por alto: todos ellos, sin excepción, fueron merecedores del Oscar (y aun del Globo de Oro e, incluso, del BAFTA). Y ya se sabe que los premios son el más poderoso mecanismo de promoción del que se ha dotado la industria para publicitar sus películas.

Hawking (Eddie Redmayne) y sus hijos

¿Cómo puede uno, por tanto, tomarse mínimamente en serio La teoría del todo después de que Pasolini y otros autores realizasen la mayor parte de sus obras maestras con el único concurso de actores no profesionales? Evidentemente, no hay ni punto de comparación posible entre uno y otro planteamiento, aunque es muy probable que para cualquiera que se tenga a sí mismo por cinéfilo el centro de interés gravite en torno al mensaje y, en menor medida, alrededor de la habilidad del intérprete para metamorfosearse.

Dicho lo cual, llegamos al caso concreto de la película que nos ocupa. Y, ¿qué es lo que encontramos? Pues, precisamente, muchas intimidades y poca ciencia. Porque, en su afán vulgarizador de llegar a todo tipo de públicos, los responsables del mismo deben de haber considerado más interesante centrarse en aspectos de tipo personal (la vida afectiva y familiar de Stephen Hawking, los primeros síntomas y la evolución posterior de su enfermedad degenerativa...) que no profundizar en ninguna de las trascendentales teorías que formuló, por lo que el título elegido se nos antoja más bien equívoco y un tanto tramposo. Aun así, si juzgamos la mayoría de cintas que han abordado la figura de alguna personalidad importante del ámbito científico, entre ellos los filmes sobre Pasteur (el de Sacha Guitry de 1935 y el de William Dieterle del 36), Marie Curie (Marie Noëlle, 2016) o Una mente maravillosa (Ron Howard, 2001), veremos que el denominador común en la mayoría de casos es que lo humano tiende a imponerse sobre lo erudito.

Los auténticos Stephen y Jane Hawking en 1965 (izquierda)

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