sábado, 24 de junio de 2017

La honradez de la cerradura (1950)




Director: Luis Escobar
España, 1950, 82 minutos

La honradez de la cerradura (1950)


Cine negro con música de organillo y olor a fritanga. Por su ambientación y las escenas de café concierto, La honradez de la cerradura recuerda un tanto al Edgar Neville de los años cuarenta. Aunque las estrecheces económicas de la pareja protagonista (con un jovencísimo Paco Rabal) y determinadas localizaciones en el barrio chino barcelonés nos hacen pensar en un filme tres años posterior: Hay un camino a la derecha de Rovira Beleta. Lo cual no tiene nada de sorprendente, habida cuenta de que la ópera prima del más tarde célebre Luis Escobar fue supervisada por dicho realizador catalán. De hecho, hay incluso alguna secuencia planificada de forma muy similar en ambas películas. Como, por ejemplo, aquélla en la que Ernesto / Miguel (Rabal en los dos casos) avanza a duras penas por una concurrida calle para, finalmente, subir a grandes zancadas las escaleras del domicilio familiar.

Aunque, puestos a buscar parecidos razonables, si hay una película que recuerda especialmente al planteamiento de esta adaptación del drama homónimo de Benavente, ésa es, sin lugar a dudas, Muerte de un ciclista. Con unas connotaciones muy distintas, claro está, pero igualmente marcada por la presencia inquietante de un chantajista que pretende sacar partido del secreto celosamente guardado por Ernesto y Marta (Mayrata O'Wisiedo).

Visualmente, La honradez de la cerradura contiene diversas soluciones de lo más acertado. Una de las más llamativas, tal vez por lo que tiene de metafórico, es aquélla en la que vemos los billetes encomendados por la anciana vecina salir despedidos desde el interior de un armario abierto: sutil economía de medios para indicar cómo el dinero, sobre todo cuando se obtiene sin esfuerzo, vuela que da gusto. Y notable presagio que augura cuál será el desenlace.

En todo caso, la clave de las desventuras de este joven matrimonio la dan ellos mismos al mantener el diálogo siguiente mientras se van a dormir:

MARTA: Es muy hermoso el mar. Hay muchas hermosuras en el mundo. 
ERNESTO: Y con tantas hermosuras, qué fea y qué triste suele ser la vida. 
MARTA: Para los pobres, como nosotros. 
ERNESTO: No, nosotros no podemos siquiera llamarnos pobres. Hay algo peor que la pobreza, la escasez. Escasez de todo. De dinero, de alegría y hasta de tristezas. Porque todo es mezquino en esta vida de escasez. Escasez de todo.

Por eso no es de extrañar que, a pesar de su honradez, caigan en la tentación de gastarse las 80.000 pesetas de doña Matilde, creyendo que ése será el fin de sus estrecheces y el principio de la felicidad. A fin de cuentas, como le espetará el pérfido cuñado de la criada, la suya es "la honradez de las cerraduras: no abriría un mueble con palanqueta o con ganzúa, pero si el dinero estaba como olvidado encima del mueble... Vaya si se lo llevaría, ¡como se llevó éste!"


No hay comentarios:

Publicar un comentario