lunes, 15 de mayo de 2017

Los demonios (2015)












Título original: Les démons
Director: Philippe Lesage
Canadá, 2015, 118 minutos

Los demonios (2015)

A nuestro juicio, tres son los momentos clave en Les démons. El primero de ellos tiene lugar en los vestuarios de la piscina: mientras Félix y su amigo encierran en una taquilla al otro menor, vemos cruzar al fondo a un adulto. Sin llegar a detenerse, contempla la escena durante unos segundos para, acto seguido, desaparecer indiferente por nuestra derecha. Podría haber intervenido, evitando así el vano sufrimiento de alguien más débil. Pero no: lo que hagan los demás no es asunto suyo. El segundo de dichos instantes esenciales se produce durante la escena en la que el socorrista baja de su coche para engatusar a la posible víctima que acaba de divisar en plena calle: justo cuando parece haberse ganado la confianza del chico diciéndole que conoce a su madre y lo convence para que se vaya con él, aparece una mujer en la puerta de un comercio. Es evidente que la señora debe de haber escuchado la conversación o que, como mínimo, ha sido testigo de algún gesto que inequívocamente denote el embaucamiento que acaba de tener lugar. Y, sin embargo, no dice nada. Parece como si la impasibilidad fuese la que rige el mundo. De modo que cuando Félix, ya casi al final de la película, desista de seguir tirando de la bolsa de basura semienterrada que acaba de encontrar en el bosque (he ahí el tercer momento clave), podemos decir que ha terminado de contagiarse, definitivamente, de la maldad que lo rodea.



Algún publicista desaprensivo ha tenido a bien parangonar la ópera prima de Philippe Lesage (quien hasta ahora sólo había dirigido documentales) con el cine de Haneke, lo cual es poco menos que una condena, puesto que un debutante difícilmente ganará en la comparación con un maestro de sobras consagrado. En todo caso, sí que es cierto que alguna pequeña pincelada puede recordar a Caché (2005), sin que ello implique necesariamente el hablar de influencia. Así pues, Los demonios compartiría con la obra del alemán esa inquietante desmitificación de la inocencia infantil en la sociedad del teórico bienestar, a la par de una turbadora sensación de que las cosas verdaderamente importantes suelen acontecer fuera de campo.

Sólo faltaría añadir el uso certero de determinados fragmentos musicales (temas de La Pasión según San Mateo de Bach o Finlandia de Sibelius) para que el resultado final sea una radiografía precisa de esos fantasmas que enturbian la conciencia de los personajes. Inseguridades que van a condicionar, y de qué manera, su normal desarrollo afectivo o sexual tanto en el ámbito familiar como en el escolar.

P.D.: Quienes hayan reparado en el oscuro profesor que a duras penas puede caminar apoyándose sobre una muleta, deberán saber que está interpretado por el propio Philippe Lesage, director de la película.


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