sábado, 25 de junio de 2016

La canción de Aixa (1939)




Director: Florián Rey

España/Alemania, 1939, 98 minutos

La canción de Aixa (1939) de Florián Rey


Ruiseñor, enséñame a cantar / las ansias de amor / que me hacen llorar. / Todo era en mi vida sombra / y él quien me abrió esta herida / es luz y miel. / Por amor me quiere encadenar / quien hace soñar a mi corazón. / Vida entre la muerte y... / sueño con quererte, pero no sé. / Veneno en la flor / y en el goce, dolor. / Corazón que vive para amar / o aprende a sufrir / o sabe callar...

Es de sobras conocida la actividad que determinadas estrellas del cine español llevaron a cabo en Alemania durante la contienda civil y posterior posguerra, sobre todo desde que Fernando Trueba dirigiera La niña de tus ojos en 1998. Una de las cintas que se rodaron durante dicho periodo, en los estudios E.F.A. de Berlín, fue La canción de Aixa, adaptación de la novela homónima de Manuel de Góngora protagonizada por Imperio Argentina y que dirigiera el que aún entonces era su marido, Florián Rey, en 1939.

A priori el filme no deja de ser una recreación idílica del mundo árabe en la línea del costumbrismo romántico decimonónico. En ese sentido, el objetivo perseguido por sus creadores no iría más allá de situar la acción en un espacio exótico que favoreciese el escapismo de unos espectadores ávidos de evadirse de los horrores de la reciente guerra civil. Sin embargo, el análisis atento del mismo demuestra que eran muy otras las verdaderas intenciones que ocultaba.

Abslam (Manuel Luna) y Aixa (Imperio Argentina)

De entrada hay que tener en cuenta que las tropas del Cuerpo de Ejército Marroquí se destacaron, desde su creación en 1937, por un especial encarnizamiento a la hora de combatir a las órdenes del bando franquista. Por lo tanto, no hay lugar a dudas de que una película como La canción de Aixa perseguía dulcificar la imagen de los cabileños, mostrándolos como individuos nobles, leales, sofisticados y al mismo tiempo apegados a sus tradiciones.

Relacionado con esto último, es importante tener en cuenta que, ya desde la escena inicial en un bar de Tetuán, se hace especial hincapié en lo distintos que son los dos primos Tahibi: si Hamed (Ricardo Merino) viste un moderno esmoquin blanco, bebe alcohol, tiene coche y muestra abiertamente su rechazo por los prejuicios de la forma de vida bereber, Abslam (Manuel Luna) aparece, en cambio, ataviado con turbante y uniforme militar y se escandaliza al ver y oír hablar así a su pariente: "¿Y llamas prejuicios a la fe y a las leyes de nuestros abuelos?" No es casualidad que sea precisamente Abslam, el protagonista y caudillo vencedor del filme, quien lleve a cabo este alegato en favor de las tradiciones: a fin de cuentas, también la España de Franco pretendía ser la "reserva espiritual de Occidente".

Por último, es necesario tener presente que en 1939 Marruecos era un protectorado español: así lo venía siendo desde 1912 y así fue hasta su independencia en 1956. Por consiguiente, no es exagerado calificar La canción de Aixa de filme colonialista, toda vez que procura presentar la vida en aquel territorio como un apacible lugar que sirve de marco a los amoríos de la bella mestiza.

En todo caso, y en vista de que no se trata de una película ideológicamente inocente, si que vale la pena, al menos, destacar la espléndida banda sonora del compositor Federico Moreno Torroba (1891–1982) como uno de los puntales de La canción de Aixa.


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