martes, 14 de abril de 2020

El coche de pedales (2004)




Director: Ramón Barea
España/Portugal, 2004, 92 minutos

El coche de pedales (2004) de Ramón Barea


Segundo largometraje dirigido por el actor Ramón Barea (Bilbao, 1949) tras la comedia monjil Pecata minuta, que supuso su debut en la dirección allá por 1998. Historia de posguerra, presumiblemente autobiográfica, que, por su planteamiento, puede recordar a los trabajos como director del también intérprete Carlos Iglesias, y que contó con la presencia, en el papel principal, del malogrado Álex Angulo. De hecho, lo que son las cosas, el actor había iniciado su carrera, con apenas dieciocho años, en las filas del grupo teatral alternativo Karraka, que casualmente dirigía el propio Barea.

Don Pablo Magaña (Angulo) es uno de aquellos personajes disparatados pero entrañables, todo corazón. Regenta una academia que lleva su nombre en la que, además de secretariado, contabilidad y cultura general, el buen hombre enseña esperanto. Pero no tiene muchos alumnos, por lo que, en sus ratos libres, ejerce como representante de grifería para la casa Roca, aunque tampoco goza de mucho éxito haciendo de comercial... Sin embargo, y a pesar de vivir continuamente entrampado, ello no es óbice para que don Pablo y los suyos se muestren siempre de buen talante.



Refugiado en las ensoñaciones de un mundo de fantasía, en el que lo mismo dialoga con su ángel de la guarda que se le aparece el comandante Diego Valor y su cohorte de pilotos siderales, Pablito asiste atónito a los tejemanejes del entorno familiar: una casa muy humilde donde llegar a fin de mes es todo un arte, pero en la que tanto sus padres como su hermana son ricos en ilusión. No obstante, el niño bebe los vientos por un cochecito de pedales que llama su atención desde la vitrina de la tienda de juguetes en la Plaza Mayor del pueblo. Lástima que la ilusión no baste para pagar las 5375 pesetas de su importe, prohibitivamente caro...

Y, por si todo esto no fuera poco, las ideas libertarias de don Pablo le cuestan el rechazo de la familia de su mujer (Rosana Pastor), amén de alguna que otra cuenta pendiente con la Justicia en vísperas de una visita oficial del Caudillo (o "Patas cortas", como suele llamarlo en la intimidad del hogar). En definitiva, la cinta destila un tono de optimismo frente a la adversidad, reforzado por el punto de vista ingenuo del niño (cuyo clan irá siendo presentado, a medida que avance la acción, mediante sus palabras sobreimpresas: "Mi padre", "Mi madre", "Mi hermana"...) que conecta de pleno con el planteamiento de La vita è bella (1997) de Roberto Benigni.


2 comentarios:

  1. Hola Juan!
    No la he visto pero me interesa la trama, otra mas para la lista...
    Por cierto, ¿que tal el niño? Es que lo de los actores infantiles a veces...
    Venga, saludos!

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    Respuestas
    1. El niño... Pues normal: no me consta que haya hecho más películas. Pero vaya, la película se deja ver.

      Saludos.

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