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miércoles, 7 de octubre de 2026

Coyote vs. ACME (2026)




Director: Dave Green
EE.UU., 2026, 103 minutos

Coyote vs. ACME (2026) de Dave Green


Dice uno de los personajes de Coyote vs. ACME (2026) que los dibujos animados son resilientes y que, por eso, pueden recibir todo tipo de golpes sin mayores consecuencias. Curiosa e inusual reflexión en una película que recrea el universo del mítico cartoon de la Warner combinando actores reales con animación (aunque, para ello, el Correcaminos y su perseguidor deban comunicarse mediante carteles, circunstancia que el primero de ellos atenúa ligeramente con sus habituales "¡Bip-Bip!").

De nuevo el desierto de Nuevo México vuelve a ser escenario de trepidantes e interminables carreras entre dos animales cuya "existencia" gira en torno de una dinámica que a priori parece más propia del perro y el gato. Pero sus creadores, básicamente Chuck Jones para la serie Looney Tunes, así lo quisieron y las continuas trifulcas entre uno y otro forman parte ya de nuestro imaginario colectivo.



La novedad, en todo caso, estriba en el hecho de que el guion de Samy Burch plantea un hipotético juicio en el que el cánido se querella contra el fabricante de la variada gama de artilugios deficientes con los que, desde tiempo inmemorial, pretende dar caza a su largamente codiciada presa. El abogado Kevin Avery (Will Forte) se encargará de representarlo, pese a no ser él mismo mucho más hábil que su propio cliente, mientras que en el bando contrario deberá verse las caras con el fornido Buddy Crane (John Cena).

Así pues, la cinta supone un triunfo del humor slapstick y la nostalgia bien entendida, aparte de recordatorio del valor de lo artesanal frente a otros formatos de animación que imperan hoy en día. En ese sentido, Dave Green logra equilibrar con maestría el absurdo clásico de la historieta mediante una sátira legal sorprendentemente ingeniosa y un núcleo emocional genuino, elevando la premisa de un simple gag a hito contemporáneo del cine híbrido. Porque, lejos de ser un mero producto de entretenimiento nostálgico, la película se consolida como una obra inteligente, desternillante y profundamente humana que demuestra que, incluso frente a las corporaciones más implacables, el verdadero talento siempre encuentra la forma de prevalecer.



sábado, 20 de enero de 2024

Nebraska (2013)




Director: Alexander Payne
EE.UU., 2013, 115 minutos

Nebraska (2013) de Alexander Payne


Hay diálogos de Nebraska (2013) que rozan lo delirante. Sirva, a modo de ejemplo, la escena en la que los Grant, la familia protagonista, visita el cementerio local de Hawthorne y la madre (June Squibb) pasa revista a las lápidas de los parientes o viejos conocidos que allí yacen enterrados. Pocas veces se ha visto en una película (por lo menos en el cine estadounidense) semejante cantidad de mala leche comprimida en tan pocos minutos.

Parece muy probable que la genialidad de esta atípica road movie en blanco y negro (y que conste que ello sería extensible al conjunto de la filmografía de su director) reside en una sabia combinación de humor y crítica social cuyo resultado más certero constituye el retrato de la América profunda y decadente de la recesión económica de hoy en día (o de hace una década, que para el caso es lo mismo).



De igual forma, la insólita relación paternofilial que constituye la esencia del argumento, magistralmente interpretada por el tándem Bruce Dern-Will Forte, arroja la impronta de un tipo de antihéroes que precisamente por lo quijotesco de sus respectivas intenciones (cruzar el país para cobrar el millón de dólares que jamás ganó; hacer feliz, en la recta final de su existencia, al padre alcohólico que nunca ejerció verdaderamente como tal) se acaban ganando la simpatía del espectador desde el minuto uno.

Aunque, si bien se mira, el patetismo de la propuesta de Alexander Payne había ya tenido un claro precedente algunos años antes con la no menos entrañable The Straight Story: Una historia verdadera (1999) de David Lynch, otra cinta de carretera con similares vínculos familiares, en aquel caso fraternos, que, tal vez por estar producida por la Disney, no hurgaba tanto (o en la misma proporción que Nebraska) en las heridas de una sociedad (la del sobrepeso y el desempleo) bastante menos idílica de lo que a menudo se nos ha hecho creer.