miércoles, 8 de abril de 2015

Shirin (2008)




Director: Abbas Kiarostami
Irán, 2008, 92 minutos




En una sutil pirueta que muestra su vertiente más experimental, Kiarostami nos relata una bella leyenda sobre el sacrificio femenino a través del rostro de ciento catorce famosas actrices de teatro y cine iraníes a las que se une la estrella francesa Juliette Binoche: espectadoras mudas en una proyección de Khosrow y Shirin, poema épico persa del siglo XII escrito por Nizami Ganjavi (1141-1209) y puesto en escena por el propio Abbas Kiarostami. 

El desarrollo de dicha adaptación -todo un clásico, aun hoy en día, en Persia y buena parte de Oriente Medio, que cuenta el apasionado romance entre un príncipe persa y una princesa armenia- permanece invisible para el espectador de la película, pues, aunque escuchemos el texto, las imágenes de la historia son exclusivamente contadas por los emocionados rostros de las mujeres que están viendo el espectáculo.

Así, de manera sucesiva, iremos contemplando sus lágrimas, sus risas o su inquietud. Mahnaz Afshar, Pegah Ahangarani, Taraneh Alidoosti, Kamand Amir Soleymani... son sólo algunas del centenar largo de intérpretes en cuyas facciones se irá posando el encuadre. De modo que, una vez más, como ya sucediera en Ten (2002), se confiere el protagonismo absoluto del filme a las mujeres, con toda la carga revolucionaria que ello implica en una sociedad islámica. También, aunque en segundo plano, vemos a algunos hombres entre el público, como por ejemplo al actor Homayoun Ershadi, protagonista de El sabor de las cerezas (1997).

Quizá el resultado final no sea apto para el prosaico paladar de algunas retinas occidentales, cuya paciencia, sin duda, se puede ver colmada, pero lo que parece innegable es la exquisitez de semejante planteamiento artístico.








Juliette Binoche protagonizaría en 2010 Copia certificada

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