miércoles, 12 de agosto de 2026

El eclipse (1962)




Título original: L'eclisse
Director: Michelangelo Antonioni
Italia/Francia, 1962, 126 minutos

El eclipse (1962) de Michelangelo Antonioni


Tanto que se habla últimamente de espacios liminales, a raíz del éxito de producciones de terror psicológico como Backrooms (Kane Parsons, 2026), y resulta que Antonioni ya los había mostrado en L'eclisse (1962). Aunque esas extensiones urbanas, ultramodernas y desiertas, ejercen, en manos del cineasta italiano, una función muy distinta, metáfora de la misma incomunicación que dará título a su célebre trilogía (en su momento, ya tuvimos ocasión de abordar La aventura (1960) y La noche (1961), los otros dos filmes que la integran).

En ese mismo orden de cosas, la belleza enigmática de Monica Vitti y Alain Delon, en sintonía con la fotografía en blanco y negro de Gianni Di Venanzo, produce un efecto cuya frialdad es la nota predominante en una amalgama donde lo mismo tiene cabida la arquitectura futurista que los vetustos templos de época romana. Y así, el twist con el que se inician los títulos de crédito dará paso a una banda sonora de resonancias vanguardistas, compuesta por Giovanni Fusco, e incluso a ritmos africanos, en la misma medida que los edificios en construcción y el silencio de los barrios residenciales conviven con el estrépito de los agentes de la Bolsa de Comercio.

Imagen elocuente de las muchas cosas que separan a la pareja protagonista


Será en ese contexto, a veces gélido, a veces artificial, en el que confluyan dos almas solitarias, si bien la relación entre Piero (Delon) y Vittoria (Vitti) tiene más de desencuentro que de idilio romántico. De ahí esas miradas perdidas en el vacío de unos personajes eclipsados (nunca mejor dicho) por la enajenación emocional del ambiente que los rodea. Tal vez porque, aunque surja entre ambos una atracción magnética, el abismo existencial y el ritmo frenético de la sociedad de consumo condicionan constantemente su acercamiento.

Ambientada en la Roma de principios de los años sesenta, en pleno milagro económico, la película funciona como una crítica feroz contra el capitalismo salvaje y el consumismo alienante, vorágine monetaria en medio de la cual los sentimientos quedan reducidos a mercancía. El caso es que, después de que Vittoria y Piero acuerden reencontrarse en la esquina habitual de su vecindario, ninguno de los dos acudirá a la cita. En lugar de eso, la cámara recorre los lugares donde antes estuvieron juntos, demostrando que el mundo físico sigue su curso aunque las historias de amor se extingan. Siete minutos, en lo que supone uno de los finales más controvertidos jamás filmados, durante los que la ausencia humana adquiere protagonismo absoluto.



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