martes, 7 de abril de 2026

Election (1999)




Título en español: Elecciones
Director: Alexander Payne
EE.UU., 1999, 103 minutos

Election (1999) de Alexander Payne


Muchas de las constantes del cine de Alexander Payne estaban ya presentes en Election (1999), aparente comedia de instituto que encierra, sin embargo, una demoledora visión crítica de la clase media norteamericana. En ese sentido, sus protagonistas son personajes que responden al arquetipo de loser con el agravante de que lo que dice su voz en off no se corresponde con la realidad mediocre que muestran los hechos en pantalla. Se trata, en una palabra, de perdedores que se ven a sí mismos mejor de lo que en realidad son.

El más patético de todos ellos sería, sin lugar a dudas, McAllister (Matthew Broderick) cuyo ojo hinchado a causa de la picadura de una avispa constituye la imagen más elocuente de su propia ridiculez. Profesor de Historia en el instituto de una pequeña localidad de la América profunda, su existencia discurre impartiendo clases a unos adolescentes a quienes intenta explicar la diferencia entre ética y moral y una vida familiar marcada por la falta de sintonía con su esposa Diane (Molly Hagan).



Lo irónico del caso es que la conducta de McAllister resulta de todo menos ejemplar, especialmente en su forma de interponerse en el camino de la perfeccionista Tracy Flick (Reese Witherspoon) para que ésta, la típica alumna sobresaliente, no alcance la presidencia del consejo estudiantil. Y es que, a diferencia de los villanos obvios, Jim se cree una buena persona. Sin embargo, su obsesión por detener a Tracy nace de un resentimiento personal y una superioridad moral injustificada. De ahí que Payne, como apuntábamos más arriba, utilice la voz en off para mostrar la desconexión entre lo que el personaje afirma y lo que realmente siente.

Filme incómodo, construido a partir de una innegable voluntad desmitificadora, parece sugerir que los procesos electorales no tratan sobre quién es el mejor líder, sino sobre quién manipula mejor el sistema o quién resulta menos irritante. En ese sentido, la falacia de la democracia, aplicada al microcosmos académico en el que transcurre la acción, adquiere un tono de sátira mordaz que conecta de pleno con el estilo igualmente socarrón de otros cineastas por entonces en pleno auge como, por ejemplo, Judd Apatow o Paul Thomas Anderson.



No hay comentarios:

Publicar un comentario