viernes, 3 de noviembre de 2017

Lágrimas negras (1998)














Directores: Ricardo Franco y Fernando Bauluz
España, 1998, 104 minutos



ISABEL: Me gustas mucho, pero todavía tengo miedo. 
ANDRÉS: Miedo, ¿por qué? Yo no voy a hacerte ningún daño. 
ISABEL: Lo que me da miedo es que el daño te lo acabe haciendo yo a ti…

Hay algo inquietante en Lágrimas negras. Tal vez porque su director y alma mater del proyecto, Ricardo Franco, falleció en pleno rodaje con apenas cuarenta y ocho años; tal vez porque Fernando Bauluz, su ayudante y responsable de acabar la película, moriría en 2004 a los cincuenta y tres; quizá por la enfermiza historia de amor autodestructivo que cuenta; a lo mejor por el áspero laconismo que transmite su título...

En cualquier caso, el malditismo fue uno de los elementos que Ricardo Franco cultivó a lo largo de su carrera, desde Pascual Duarte (1976) o Los restos del naufragio (1978), pasando por las tribulaciones de los Panero en Después de tantos años (1994), hasta desembocar en el triángulo de La buena estrella (1997). Vidas marginales la mayor parte de ellas, marcadas por la locura en varios casos, a las que Lágrimas negras venía a añadirse como lánguido canto del cisne.



Que fue una obra rematada por otro se nota en lo irregular de su desarrollo, en la premura que transmiten determinadas escenas (y, ciertamente, ya tuvo mucho mérito el que pudiese acabarse y ser estrenada, cosa que no siempre está garantizada tratándose del cine español). Con todo, el paso del tiempo hace que esas costuras sean más evidentes, lo cual le añade, por otra parte, un cierto encanto crepuscular a la película.

Respecto a la relación a tres bandas que se establece entre Andrés (Fele Martínez), Alicia (Elena Anaya) e Isabel (Ariadna Gil), le falta la intensidad que el director había logrado obtener de los actores en su anterior trabajo, donde las actuaciones de Jordi Mollà, Antonio Resines y Maribel Verdú rayaban lo excepcional. Aunque de poco sirve especular, puesto que lo que hubiera sido capaz de conseguir Ricardo Franco de haber dirigido íntegramente Lágrimas negras quedará para siempre en la nómina de lo que pudo haber sido y no fue.


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