lunes, 15 de junio de 2026

Message from the King (2016)




Título en español: Mensaje del Rey
Director: Fabrice du Welz
Reino Unido/Francia/Bélgica/EE.UU., 2016, 102 minutos

Message from the King (2016) de Fabrice du Welz


Lejos de ser una simple cinta de acción genérica, Message from the King (2016) reutiliza los códigos del neo-noir de los años 70 para ofrecer una mirada cruda y desmitificadora de Los Ángeles. Dirigida por el belga Fabrice du Welz, se trata de un thriller que a menudo pasa desapercibido en el catálogo de Netflix, pero que merece ser tenido en cuenta. Su premisa es deliberadamente simple: Jacob King (interpretado por un soberbio Chadwick Boseman cuatro años antes de su fallecimiento prematuro, víctima de un cáncer) viaja desde Ciudad del Cabo a Los Ángeles para buscar a su hermana Bianca, quien ha desaparecido tras meterse en problemas con el submundo criminal de la zona. Pero cuando Jacob descubre que su hermana ha sido torturada y asesinada, su misión cambia de la búsqueda inicial a una implacable sed de venganza. Aunque lo que sigue no será una coreografía estilizada de peleas, sino un descenso a los infiernos donde King opera con precisión de carnicero y paciencia de cazador.

El mayor acierto de la puesta en escena consiste en filmar Los Ángeles a través de los ojos de un extranjero. Así pues, ni vemos palmeras luminosas ni el glamour de las colinas ni playas idílicas. Todo lo contrario: el L.A. de Message from the King es una colección de moteles de mala muerte, callejones sórdidos, clínicas dentales clandestinas y fiestas privadas donde la élite blanca abusa de los más vulnerables. En ese orden de cosas, el choque cultural experimentado por Jacob King representa la mirada del Tercer Mundo sobre el Primero, ya que viene de la realidad violenta de Sudáfrica, pero se encuentra con un contexto norteamericano que es corporativo, cínico y desalmado.



A diferencia de otros thrillers contemporáneos, saturados de efectos especiales y montajes hiperactivos, du Welz apuesta por una violencia física, sucia y con peso en la que cada golpe duele. De ahí que las armas preferidas de King no sean rifles de asalto de última generación, sino cadenas de bicicleta y llaves inglesas, dando pie a un panorama que evoca directamente al Paul Schrader de Hardcore (1979) o al John Boorman de A quemarropa (1967). De hecho, tal y como ocurría con el personaje de Lee Marvin en esta última película, Jacob King es un hombre de pocas palabras, cuya quietud resulta tan peligrosa como sus estallidos de violencia.

En definitiva, nos hallamos ante una producción que ni inventa nada (ni tampoco lo pretende), el valor de la cual radica en su ejecución precisa y una atmósfera opresiva reforzada por la fotografía de tonalidades ocre de Monika Lenczewska. En ese sentido, se trata más bien de un recordatorio de que el cine de venganza puede ser algo más que entretenimiento escapista, llegando a convertirse en un estudio de personajes rotos, un comentario social sobre la explotación de los inmigrantes en EE.UU. e incluso una obra de género sólidamente construida.



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