Director: Fabrice du Welz
Francia/Bélgica, 2014, 85 minutos
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| Colt 45 (2014) de Fabrice du Welz |
Además de buena puntería, el agente Vincent Milès (Ymanol Perset) posee también una cuenta que saldar con Milo Cardena (Joey Starr), antiguo compañero (y en cierto modo maestro), ahora implicado en una red criminal contra la que la gendarmería lucha incansablemente. A grandes rasgos, el planteamiento de Colt 45 (2014) se inscribe en unos códigos perfectamente compatibles con los del wéstern. Y no sólo por un título con claras reminiscencias del lejano Oeste, sino sobre todo por abordar el tema de la venganza entre viejos camaradas o el carácter de justiciero de su protagonista.
Elemento aparentemente discordante en la filmografía de Fabrice du Welz, su condición de trabajo de encargo no impide, sin embargo, rastrear algunas de las constantes frecuentadas por el cineasta belga. Como, por ejemplo, el carácter obsesivo de un personaje, virtuoso del tiro, que prefiere quedarse en el anonimato de los laboratorios y los campos de prácticas antes que patrullar las calles. Y es que en Colt 45, el director traslada la oscuridad rural de sus obras anteriores al asfalto y a los pasillos lúgubres de las comisarías de París.
El peso dramático recae sobre un trío de personajes atrapados en una red de manipulaciones. Así pues, Vincent encarna a la perfección la inocencia corrompida. De hecho, su lenguaje corporal, retraído y tenso, denota la angustia de un joven en estrés constante. Cardena, en cambio, aporta el magnetismo rudo de un ser maquiavélico, un depredador que huele la debilidad de Vincent y la explota. Por último, los comandantes Christian Chávez (Gérard Lanvin) y Luc Denard (Simon Abkarian) representan las dos caras de la vieja guardia policial, sumidos en una guerra de egos y poder donde los subordinados son simples peones sacrificables.
Situada en la periferia del aclamado polar francés contemporáneo, esta incursión en el thriller de acción y corrupción policial que prometía ser una obra cumbre del género quedó, no obstante, marcada por una producción tumultuosa que alteró el resultado final. Efectivamente, el rodaje estuvo repleto de desencuentros creativos insalvables entre Fabrice du Welz, los productores y el actor Gérard Lanvin. La situación escaló a tal punto que el director abandonó el proyecto (o fue apartado) antes de que concluyera el montaje definitivo. Lo cual se traduce en pantalla de dos formas muy evidentes: por una parte, un ritmo atropellado, con apenas 85 minutos de metraje, provoca que la película se sienta apresurada en su tercio final, como si faltasen escenas de desarrollo de personajes y subtramas que justificaran mejor la evolución de Vincent. Por otra, las elipsis abruptas propician que la narrativa avance a trompicones, dejando cabos sueltos e incoherencias en el guion escrito por Fathi Beddiar. De modo que lo que comienza como un estudio pausado de personajes termina convirtiéndose en un clímax de acción acelerado.



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