domingo, 6 de marzo de 2022

Mamma Roma (1962)




Director: Pier Paolo Pasolini
Italia, 1962, 106 minutos

Mamma Roma (1962) de Pier Paolo Pasolini


¿Una película de Pasolini o una película de la Magnani? La cuestión, probablemente, no admite una única respuesta, ya que Mamma Roma (1962) son, de hecho, dos filmes en uno. Por una parte, el otrora poeta, reconvertido en cineasta un año antes, afrontaba su segundo largometraje, tras el inesperado éxito de Accattone (1961), con mayor ambición en lo que a perfeccionamiento técnico se refiere. De ahí que, además de su habitual gusto por muchachos de la calle de rostro expresivo, Pasolini requiriese como protagonista los servicios de una gran diva que le proporcionase la proyección internacional necesaria de cara a su participación en el Festival de Venecia.

El resultado fue una obra maestra, excelentemente fotografiada en blanco y negro por Tonino Delli Colli, en torno a una mujer y madre, verdulera de día y prostituta de noche, lenguaraz como ella sola, que se desvela por conseguir que su hijo Ettore deje de lado las malas compañías y se ponga a trabajar. Sin embargo, la carga simbólica del personaje no acaba ahí, puesto que el sobrenombre de Mamma Roma la convierte en personificación de aquellos mismos ambientes marginales tan del gusto del director.



Muchos son los detalles que la fuerza visual de las imágenes hará perdurar en la memoria del espectador sensible a la belleza al modo pasoliniano: los sobacos sin depilar de Bruna (Silvana Corsini), las bocas desdentadas de unos y otros, los restos de un acueducto entre los bloques de viviendas de un barrio obrero, el interno de un hospital penitenciario que recita de memoria un pasaje de la Divina comedia, los planos frontales de Anna Magnani hablando a cámara, sus disertaciones caminando en plena noche junto a posibles clientes, el atípico convite nupcial con cerdos pululando a los pies de los invitados y canciones difamatorias improvisadas sobre la marcha...

En todo caso, el principal juego iconográfico que aquí se plantea deja entrever una evidentísima alegoría cristiana cuya fuente de inspiración más reconocible pudieran ser la Pietà de Miguel Ángel o el Cristo yacente de Mantegna. Curiosa aproximación, en clave pretendidamente marxista, a los problemas cotidianos de una masa social desclasada y sin mayor anhelo que vivir al día.



6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Enorme: tanto, que Pasolini prefería filmarla de los hombros para arriba y así evitar sus gesticulaciones.

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  2. Una obra maestra que contiene elementos que el director recuperará posteriormente (la iconografía pictórica en clave religiosa, el sentimiento edípico) y referencias al neorrealismo que le sirve de inspiración (Anna Magnani corriendo por las calles de Roma; la presencia de Lamberto Maggiorani, protagonista de "Ladrón de bicicletas", en el papel del enfermo al que roban una radio en el hospital).

    Un abrazo.

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    1. Pasolini llegó al cine italiano, efectivamente, para ponerlo todo patas arriba y crear (a partir de elementos previos) un nuevo lenguaje cinematográfico.

      Un abrazo.

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  3. Hola Juan!
    Otra de las muchas asignaturas pendientes que tengo con el cine. Estaba leyendo algunas de tus ultimas entradas y no paro de anotar e incluir pelis en "la lista"...
    Saludos y feliz semana!

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    1. Me parece a mí que, a estas alturas, esa lista tiene que ser interminable, Fran.

      Saludos. Ya se te echaba de menos por aquí.

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