Título original: Kuang ye shi dai
Director: Bi Gan
China/Francia/EE.UU., 2025, 160 minutos
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| Resurrection (2025) de Bi Gan |
Más que una película, Resurrection (2025) constituye una experiencia visual que sumerge al espectador en un estado cercano a la hipnosis. De hecho, un fuerte componente onírico flota en el ambiente de principio a fin de un filme que reúne a diversas criaturas de la noche al tiempo que rinde homenaje a la propia historia del cine. De ahí la profusión de referencias, como la de El regador regado de los Lumière, en un extraño relato alegórico que certifica la muerte del arte cinematográfico en tiempos nada propicios para la creación artística.
La acción nos sitúa en un futuro distópico donde, a cambio de la inmortalidad, la especie humana ha renunciado a la capacidad de soñar. En esta sociedad estéril y ultrarracional, existe, sin embargo, un grupo minoritario conocido como los Delirantes: seres considerados monstruosos que se niegan a abandonar el anhelo de fantasía. La historia arranca cuando una mujer, interpretada por Shu Qi, sigue los pasos de uno de los últimos delirantes (Jackson Yee), a quien encuentra refugiado en un antiguo fumadero de opio dentro de una vieja película muda, consumiendo amapolas para alimentar sus visiones moribundas. Al descubrir que este ser esconde un proyector de cine dentro de su propio cuerpo, ella decide cargar el proyector con celuloide para permitirle revivir sus vidas pasadas a lo largo de un siglo de recuerdos cinematográficos antes de su muerte definitiva.
A diferencia de la narrativa lineal de Hollywood, Resurrection se fragmenta de manera episódica. Ello explica que, estructuralmente, la película se divida en segmentos que se corresponden directamente con los seis sentidos del pensamiento budista: la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto y la mente. A lo largo de estos capítulos, el protagonista adopta diferentes identidades, mutando de género y de tono estético. Así pues, la trama transita gradualmente desde el expresionismo alemán, pasando por el noir, hasta desembocar en un descomunal y virtuoso plano secuencia de media hora de duración ambientado en una ciudad portuaria durante la víspera de Año Nuevo de 1999.
Como ya hiciera previamente en Largo viaje hacia la noche (2018), el chino Bi Gan despliega todo un alarde técnico aun a riesgo de percibirse como mero ejercicio de estilo o pastiche de homenajes a directores. Visualmente, el trabajo del director de fotografía Dong Jingsong resulta superlativo, pues logra capturar la textura táctil de los elementos recurrentes en el imaginario de Bi Gan: la cera derretida, los cigarrillos encendidos en la penumbra, el agua estancada y los reflejos distorsionados. Además, la película muta de relación de aspecto según la época cinematográfica que evoca, envolviendo al espectador en un viaje por la historia del medio. Mención aparte merece la banda sonora, a cargo de la agrupación francesa de música electrónica M83, cuya partitura opera como puente emocional que une los fragmentos inconexos de la película. En ese sentido, su fusión de arreglos ambientales, sintetizadores de difusión electrónica y reminiscencias de orquestas clásicas provee de cierta cohesión a un relato deliberadamente críptico. En definitiva, Resurrection nos dice que el cine ha muerto, sí, aunque al mismo tiempo parece desearle larga vida mediante un artefacto hábilmente diseñado para revivir lo invisible.



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