miércoles, 17 de abril de 2019

Django desencadenado (2012)
















Título original: Django Unchained
Director: Quentin Tarantino
EE.UU., 2012, 165 minutos

Django Unchained (2012) de Quentin Tarantino

Si hubiese que destacar uno de los rasgos que más y mejor definen el estilo de Quentin Tarantino a la hora de tratar la violencia en su cine ése es, sin ningún género de dudas, el ensañamiento. Sobre todo cuando se trata de ajustar cuentas con el villano de turno. Curiosa puesta al día, por cierto, del concepto clásico de catarsis que, a buen seguro, le ha reportado pingües beneficios a lo largo de su dilatada carrera como cineasta (que, por otra parte, ello sea moralmente reprobable ya es harina de otro costal).

En su flamante nuevo libro, Jordi Picatoste Verdejo (Barcelona, 1980) lleva a cabo un exhaustivo análisis de la veintena larga de títulos (el próximo agosto, cuando se estrene Once Upon a Time in Hollywood, serán ya veintiuno) que conforman el personal universo de uno de los directores más influyentes (si no el que más) de nuestro tiempo. Con la proyección del díptico Django, el periodista presentaba esta tarde El efecto Tarantino en la Filmoteca de Catalunya.

Franco Nero (derecha) en un breve cameo

A diferencia del spaghetti wéstern de Corbucci, condicionado por las limitaciones tanto técnicas como económicas propias del género, el tarantiniano Django desencadenado bebe de muy diversas fuentes. Y es que, con su habitual despliegue de medios (el rodaje se prolongó a lo largo de ciento treinta jornadas de intenso trabajo), el director estadounidense es especialista en dar una segunda vida a todas esas referencias —no sólo cinéfilas, sino también musicales— que, en lo sucesivo, quedarán indisociablemente ligadas a su filmografía.

La idea de que un docto cazarrecompensas alemán (Christoph Waltz) se dedique a libertar esclavos afroamericanos en 1858 puede parecer, a simple vista, tan disparatada e históricamente improcedente como el hecho de ametrallar a Hitler en Malditos bastardos (2009). Pero ya se sabe cómo funcionan estas cosas: lo primordial no es tanto el rigor histórico, sino cuán efectivas resulten, a nivel narrativo, las distintas escenas que conforman el guion, amén de que, otorgándole el protagonismo al personaje de Jamie Foxx, Tarantino pretendía vindicar, de alguna manera, el pasado esclavista norteamericano.


4 comentarios:

  1. Efectista o no, me parece un título excelente, con diálogos y escenas inolvidables.

    Me he hecho seguidor de tu blog, no sé porqué todavía no lo era (el icono de Spiderman es gentileza de mi hijo el pequeño).

    Un abrazo y feliz Semana Santa.

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    1. Por supuesto: la película es un diez.

      Y en cuanto a lo de haberte hecho seguidor del blog, pues muchas gracias y bienvenido a bordo (aunque de facto hacía mucho tiempo que ya lo eras).

      Disfruta de las vacaciones y hasta pronto.

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  2. Hola Juan!
    Lo primero confesar mi veneración por Tarantino, suelo revisar con cierta frecuencia sus titulos y cada vez estoy mas convencido de que con los años sus peliculas ganan enteros. Es cierto que en ocasiones se pasa de frenada con algunas escenas en las que abunda la sangre (personalmente creo que el final de "Los odiosos ocho" fastidia un poco el resultado) pero al fin y al cabo eso se ha convertido un poco en su marca de fabrica. No soy mucho de tener en cuenta ciertas licencias historias, si la historia me entretiene puedo pasar por alto eso que comentas acerca de rigor, aunque tambien reconozco que disfruto cuando en una pelicula se ha tenido en cuenta este aspecto en particular.
    Por cierto, desconozco el motivo por el cual mi icono (Fco. López Sánchez) sale sin figura.
    Lo dicho, interesante como de costumbre tu reseña.
    Saludos!

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    1. Desde luego hay que reconocer que Tarantino sabe hacer películas y cómo tenernos en vilo durante más de dos horas.
      Y en cuanto a lo de la figura del icono, pues ni idea, Fran: misterios de la informática.
      Gracias por pasarte por el blog y por tus siempre constructivos comentarios.

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