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domingo, 9 de octubre de 2016

La Dolores (1940)




Director: Florián Rey
España, 1940, 85 minutos

La Dolores (1940) de Florián Rey


El indiscutible talento de Florián Rey se percibe en la plasticidad de la mayoría de encuadres de La Dolores, así como en la destreza que demuestra a la hora de ejecutar los movimientos de cámara, notablemente el travelín. Es asimismo relevante el simbolismo de algunos elementos, en especial los barrotes de las ventanas que tan a menudo se interponen entre el objetivo y la protagonista, y cuyo uso (y abuso) pretende expresar el cautiverio moral que padece la muchacha (Concha Piquer) por culpa de la copla difamatoria que ha propagado el barbero Melchor (Manuel Luna).

Por más que sonría, la Dolores es esclava de la maledicencia

Del resto de la película poco más se puede decir, si no es mencionar lo pintoresco de un Aragón idílico que jamás existió fuera del cine y de la obra teatral homónima de Josep Feliu i Codina en la que se basa la ópera de Tomás Bretón.

lunes, 15 de junio de 2015

La verbena de la Paloma (1935)




Director: Benito Perojo
España, 1935, 78 minutos

La verbena de la paloma (1935)


Estrenada en tiempos de la Segunda República, la versión que llevó a cabo Benito Perojo de la célebre zarzuela compuesta por Ricardo de la Vega (libreto) y Tomás Bretón (música) supo captar a la perfección el espíritu festivo de la misma. Los tipos, los ambientes populares, la esencia del Madrid castizo de organillos y chulapas de 1893 quedan estupendamente retratados en el filme. 

El actor Miguel Ligero (1890-1968), una celebridad en el cine español de los años treinta, fue el encargado de dar vida a don Hilarión el boticario y no sería la última vez, por cierto, ya que, en 1963, volvería a interpretar al mismo personaje en la adaptación de Sáenz de Heredia.

De entre los otros secundarios, también es destacable, por lo deliberadamente grotesco de su caracterización, Dolores Cortés en el papel de la bigotuda tía Antonia, la casamentera con la que viven las hermanas Casta y Susana.

Lo demás es de sobras conocido y forma parte de nuestro acervo cultural: el honrado cajista Julián que bebe los vientos por la ingrata Susana; el bueno de don Hilarión debatiéndose entre "una morena y una rubia"; la siempre afable "señá" Rita consolando y aconsejando a Julián...