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martes, 14 de julio de 2020

Scaramouche (1952)




Director: George Sidney
EE.UU., 1952, 115 minutos

Scaramouche (1952) de George Sidney


De nuevo George Sidney y de nuevo, como advertía el departamento publicitario de la Metro, "aventura, intriga y romance en Technicolor". Aunque esta vez sin la presencia de Gene Kelly, quien, a pesar del éxito cosechado cuatro años antes con Los tres mosqueteros (1948), fue requerido por los estudios en el último momento para protagonizar otro proyecto (un musical titulado Cantando bajo la lluvia, que cambiaría para siempre la carrera del actor y hasta la de la historia del cine).

Scaramouche representa, como pocos títulos surgidos de aquella factoría de sueños, la época dorada de Hollywood brillando en su máximo esplendor. Con una portentosa dirección artística de fastuosos decorados e insuperable vestuario de época, cuidado hasta el más mínimo detalle, que rezuma el profundo conocimiento y savoir faire del equipo humano que se encargó de levantar ésta y otras obras maestras con el sello inconfundible MGM.



Espadachines, cabalgatas y pelucas empolvadas: rasgos definitorios de una historia de regusto versallesco cuyo elemento característico reside, sin embargo, en adaptar los tipos de la Commedia dell'arte a los estándares de la industria del entretenimiento. Que, por aquel entonces, tenía su máximo referente en el musical, motivo que explicaría el innegable carácter coreográfico de una puesta en escena que culmina en el clímax de ese célebre duelo a espada en el interior del teatro (con sus casi ocho minutos, el más largo jamás filmado) entre el marqués de Maynes (Mel Ferrer) y André Moreau (Stewart Granger).

Una trama en la que resuenan los ecos de la incipiente Revolución Francesa a través de un libelo, titulado Liberté, égalité, fraternité, que inunda hasta el último rincón palaciego para exasperación de María Antonieta (Nina Foch) y el resto de aristócratas ociosos que protagonizan esta historia. No obstante, el guion (quizá porque ya era así en la obra de Rafael Sabatini que lo inspira) pone el acento en el carácter seductor de André, enamorado de Aline (Janet Leigh) pero visceralmente atraído hacia Lenore (Eleanor Parker), y, sobre todo, en su afán por averiguar quién fue su padre, lo cual, como es lógico, no sólo hace avanzar el relato, sino que acabará deparando más de una sorpresa.


lunes, 13 de julio de 2020

Los tres mosqueteros (1948)




Título original: The Three Musketeers
Director: George Sidney
EE.UU., 1948, 125 minutos

Los tres mosqueteros (1948) de George Sidney


Esta joya del cine de aventuras, magníficamente fotografiada en Technicolor por Robert H. Planck (quien aquel año optó al Óscar en dicha categoría), se apropia de los personajes de la novela histórica de Dumas con la finalidad de sublimarlos en una superproducción de la Metro-Goldwyn-Mayer al más puro estilo Hollywood.

A este respecto, conviene señalar, antes que nada, el acierto en la elección del reparto, con un siempre sonriente Gene Kelly, todo agilidad y arrojo, en el papel de D'Artagnan; Vincent Price maquinando en la sombra como lo haría Richelieu en la vida real (y entiéndase este adjetivo en su doble acepción homófona, derivada de realidad y de realeza) o Lana Turner retrotrayendo al siglo XVII los arquetipos del cine negro para encarnar en la pérfida Lady de Winter una femme fatale avant la lettre.



Se trata, por tanto, con esas reyertas de espadachines que tienen más de acrobacia circense que de verdadera trifulca, de una fórmula heredera de la ya explotada una década antes por la Warner en cintas como Robin de los bosques (1938). Semejanzas de género y de fondo que el parecido físico de Kelly con Errol Flynn, en absoluto casual, no hace sino acentuar, si bien The Three Musketeers contiene elementos de comedia (por ejemplo la escena de inicio, con D'Artagnan abandonando su Gascuña natal a lomos de un caballo percherón que, al llegar a la corte, será el hazmerreír de todo París) menos evidentes en el filme de Curtiz.

Unos materiales de base literaria a los que la meca del cine ya había recurrido con asiduidad en el pasado (y a los que volvería, una y otra vez, en el futuro), pero que, sin embargo, esta versión abarcaba por vez primera en su totalidad, respetando, con alguna que otra licencia (por ejemplo, en el caso del insidioso Richelieu, a quien se le retira la condición de cardenal, o en el de Constance, que en el libro está casada con el posadero...) la trama original tal y como fuera concebida por Alejandro Dumas.