Mostrando entradas con la etiqueta Max Riemelt. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Max Riemelt. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de febrero de 2024

La ola (2008)




Título original: Die Welle
Director: Dennis Gansel
Alemania/Francia, 2008, 107 minutos

La ola (2008) de Dennis Gansel


Lo que debía ser un simple proyecto educativo en torno al concepto de autocracia se le acaba yendo de las manos a un profesor cuyos métodos entusiasman peligrosamente a los alumnos del instituto de enseñanza secundaria en el que ejerce como docente y entrenador de waterpolo. Teniendo en cuenta que dicha institución se encuentra, además, en Alemania, los paralelismos con el ascenso del nazismo se vuelven todavía más evidentes.

Son varios los motivos que hacen de Die Welle (2008) una película especialmente turbadora, sobre todo porque nos recuerda lo fácil que resulta despertar entre los jóvenes un instinto sectario que fomente la obediencia ciega y el culto a la personalidad. A este respecto, bastarán tan sólo unos cuantos elementos identitarios (un nombre, un logo, un saludo, un uniforme...) para que los miembros de La Ola se dejen arrastrar hacia una vorágine de fatales consecuencias.



Pese a tratarse de un caso extremo, basado en una experiencia real que tuvo lugar en California en 1967, el guion pone de manifiesto que son los individuos más vulnerables quienes acogen con mayor entusiasmo la posibilidad de ver compensados sus complejos en el seno de una organización donde el carácter de cada uno queda eclipsado bajo la uniformidad de sus camisas blancas. Así pues, Wenger (Jürgen Vogel) se viene arriba cuando comprueba que hasta la directora del centro le felicita por la labor que está llevando a cabo con los chicos, mientras que el pobre Tim (Frederick Lau), el típico alumno retraído y con problemas familiares, cree haber encontrado finalmente una comunidad en la que encaja.

Nadie mejor que un realizador alemán para plantear tremenda situación, a sabiendas de que todo lo que diga levantará ampollas en un país en el que el solo recuerdo de lo que acarrea un régimen dictatorial suele poner en guardia a la opinión pública. En ese orden de cosas, la dirección de Dennis Gansel resulta ágil y fresca, si bien un tanto truculenta en su afán de llevar al límite el desenlace de la misma.



domingo, 3 de marzo de 2019

Amnesia (2015)




Director: Barbet Schroeder
Suiza/Francia, 2015, 96 minutos

Amnesia (2015) de Barbet Schroeder


Lo que, en opinión de muchos, no pasa de ser una segunda parte oficiosa de More (1969) plantea, en realidad, una profunda y madura reflexión en torno a temas como el paso del tiempo, el choque generacional o el sentimiento de culpa. En ese sentido, Amnesia es, sin lugar a dudas, un título lo suficientemente explícito como para irse por las ramas: de ahí que sus protagonistas anden a vueltas con el pasado como quien no logra zafarse de una pesada carga.

Y es que nos encontramos frente al que, a todas luces, tiene aspecto de ser uno de los proyectos más personales de Schroeder, habida cuenta de que la casa en la que transcurre la acción (que es la misma en la que, por cierto, filmó su primera película, la ya mencionada More) fue adquirida por su madre en los años cincuenta. De hecho, el personaje de Martha (Marthe Keller) plantea no pocos paralelismos con ella, toda vez que ambas mujeres huyeron de la Alemania nazi y que tanto la una como la otra se negaron a volver a hablar la misma lengua que Hitler.



Por ello, la irrupción del joven Jo (Max Riemelt) en ese coto vedado trastocará el orden, rígido pero seguro, del que se ha dotado Martha para preservar su madurez de los fantasmas de un pasado doloroso. Y si bien, en un principio, la música electrónica del aspirante a DJ parece rejuvenecerla, lo cierto es que con la llegada de la madre de Jo y de su abuelo (Bruno Ganz) la sombra del nazismo volverá a planear sobre los recuerdos de unos y de otros como la herida lacerante que es y que nunca llegó a cerrarse del todo.

Queda, por último, el desencanto respecto a la Ibiza que fue refugio del inconformismo hippie y que la especulación urbanística, como consecuencia directa del turismo de masas, hace ya mucho tiempo que convirtió en un mero cementerio de elefantes. Así pues, la Marthe Keller de Amnesia toma el relevo de la Mimsy Farmer de More de igual modo que las sombras que Martha y Jo proyectan sobre las paredes del salón emulan el antiguo fulgor de una época que se fue para no volver jamás. Quizá por ello el misticismo de la música de Pink Floyd ha dado paso a la fiebre consumista de las pistas de baile; los personajes (aburguesados) ya no toman drogas, sino paella y buen vino y el amor imposible entre la mujer madura enfadada con el mundo y el mozalbete que intenta desvelar su misterio se revela como la última (y única) de las utopías.