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miércoles, 16 de julio de 2025

Tres amigas (2024)




Título original: Trois amies
Director: Emmanuel Mouret
Francia, 2024, 117 minutos

Tres amigas (2024) de Emmanuel Mouret


Fiel a su estilo, inconfundiblemente deudor de Rohmer y el mejor Woody Allen, el cineasta francés Emmanuel Mouret se lanza en Trois amies (2024) a uno de esos típicos enredos en los que al final se pierde la cuenta de quién engaña a quién y de quién está enamorado cada personaje. Aunque esto último casi forma parte de las convenciones propias del género y es posible que ni ellos mismos lo tengan del todo claro.

Por otra parte, el hecho de que los protagonistas sean amigos cuyas trayectorias se entrelazan le otorga a la trama un matiz aún más rocambolesco, si cabe, por lo que tiene de "doble traición" el convertir a amantes y cornudos, al mismo tiempo, en confidentes de sus aventuras amorosas.



Sin embargo, la cinta encierra una sorpresa a nivel narrativo al hacer que el narrador de los acontecimientos sea un difunto (Vincent Macaigne), lo cual aporta una nota luctuosa al conjunto, alejándolo de la frivolidad propia de lo que sería un simple vodevil en sentido estricto. Así pues, el espíritu de Victor no sólo nos pone en antecedentes mediante su voz en off, sino que él mismo asistirá perplejo a algunos de los acontecimientos protagonizados por su viuda.

Maestro indiscutible de las comedias románticas inteligentes y los dramas sutiles que exploran la complejidad de las relaciones humanas, Mouret regresa a las pantallas con la misma elegancia y agudeza que caracteriza sus trabajos anteriores. Y lo hace, en esta ocasión, para dejar en el aire preguntas como si una relación puede subsistir sin amor o, incluso, a propósito del verdadero significado de la pareja y el adulterio en la vida adulta.



lunes, 3 de julio de 2023

Las cosas que decimos, las cosas que hacemos (2020)




Título original: Les choses qu'on dit, les choses qu'on fait
Director: Emmanuel Mouret
Francia, 2020, 123 minutos

Las cosas que decimos, las cosas que hacemos (2020)


El preciosismo que transmiten las imágenes de Les choses qu'on dit, les choses qu'on fait (2020), en especial cuando la acción se sitúa en plena naturaleza, queda además subrayado mediante una banda sonora repleta, entre otras, de piezas tan célebres como el "Claro de luna" de la Suite Bergamasque de Debussy, la Gymnopédie Nº1 de Satie o el Adagio para cuerdas de Samuel Barber. Tópicos que, unidos a la morosidad de sus dos horas largas de metraje, conforman una película donde los devaneos amorosos de sus protagonistas parecen estar conectados por una especie de armonía universal.

En ese sentido, el guion del propio Emmanuel Mouret se recrea en los mismos lugares comunes, de un romanticismo sofisticado, por los que transita buena parte de su filmografía, adoptando, en esta ocasión, una estructura que bien pudiera recordar a la de determinadas novelas decimonónicas. Así pues, Daphné (Camélia Jordana) y Maxime (Niels Schneider) se explicarán el uno al otro los pormenores de sus respectivas relaciones sentimentales, hasta que finalmente, a fuerza de confidencias, termine saltando la chispa entre ambos.



El problema es que, tal y como reza el título del filme, a menudo media una distancia enorme entre lo que se dice y lo que se hace. De hecho, los personajes de las diversas tramas se unen y se separan con una facilidad pasmosa, dando a entender el carácter volátil de la pasión. Lo cual no impide, por otra parte, que tanto ellos como ellas se entreguen recíprocamente mientras arde el deseo en sus corazones.

De hecho, el viejo filósofo de ese documental en cuyo montaje trabaja Daphné aporta algunas claves al respecto: "El ser humano es feliz no poseyendo, sino dando..." Sabias palabras que contrastan con el sufrimiento de quienes se aferran a una aventura más allá del momento presente. Porque si alguna lección encierra esta historia, con todos sus enredos y demás complicaciones, es que hay que vivir el instante.



domingo, 2 de julio de 2023

Crónica de un amor efímero (2022)




Título original: Chronique d'une liaison passagère
Director: Emmanuel Mouret
Francia, 2022, 101 minutos

Crónica de un amor efímero (2022)


Un encanto típicamente parisino se respira de principio a fin de esta Chronique d'une liaison passagère (2022) con la que el francés Emmanuel Mouret ahonda en algunos aspectos que ya abordaba en su anterior película, Les choses qu'on dit, les choses qu'on fait (2020). Aunque, en realidad, eso de que sus personajes reflexionen en voz alta sobre la naturaleza de las relaciones amorosas viene de muy lejos, por lo que podría considerarse una constante a lo largo de su carrera, prácticamente un rasgo de estilo. Así, por ejemplo, L'art d'aimer (2011) reunía diversas historias románticas, siempre con la capital francesa como telón de fondo.

Pero centrándonos en lo verdaderamente remarcable del filme que nos ocupa, puede que lo más llamativo derive de una cierta inocencia que desprende la pareja protagonista, esa naiveté, rayana en torpeza, que hace que Simon (Vincent Macaigne) no pare de mencionar a su mujer y a sus hijos durante las primeras citas con Charlotte (Sandrine Kiberlain) o el carácter desinhibido de esta última a la hora de afrontar una aventura con un hombre casado.



El uso como leitmotiv de "La Javanaise" de Gainsbourg, en versión de la no menos mítica Juliette Gréco, junto con piezas clásicas de Mozart, le da a la puesta en escena un aire muy nouvelle vague, entendiendo por dicha etiqueta una forma de hacer cine que basa su razón de ser en lo que se dice (y cómo se dice) más que en lo que ocurre. A este respecto, resulta de una enorme belleza el recurso empleado hacia el final de la película, cuando la cámara recorre los espacios vacíos en los que antes solían encontrarse los enamorados.

De si implicar a terceras personas en una relación da buenos resultados, o no, habrá opiniones diversas. De momento baste decir que Simon descubre tarde que es un hombre lento. Y que Charlotte, a su vez, encuentra el verdadero amor donde menos lo esperaba. Lo interesante es que el guion, coescrito entre Pierre Giraud y el propio Mouret, rehúye cualquier tipo de morbosidad cuando plantea opciones amatorias que van más allá de lo tradicional.



martes, 16 de abril de 2019

Dobles vidas (2018)




Título original: Doubles vies
Director: Olivier Assayas
Francia, 2018, 108 minutos

Dobles vidas (2018) de Olivier Assayas


Tanto el tratamiento de la imagen (la película se ha rodado en Súper 16mm, algo inusual hoy en día) como la propia estructura de Doubles vies (2018), basada esencialmente en el diálogo de los personajes, remiten de inmediato al universo de cineastas como Woody Allen o Éric Rohmer (o eso, al menos, es lo que hacen notar la mayoría de reseñas sobre el último filme de Olivier Assayas). En realidad, es muy probable que el director francés haya pretendido, más que rendir homenaje a la manera de hacer cine de los grandes maestros (que también), llamar la atención sobre un mundo que se acaba, por lo menos tal y como lo habíamos conocido hasta la fecha.

A tal efecto, las continuas referencias a la crisis del sector editorial, los nuevos hábitos de los lectores y la irrupción del fenómeno blog deben entenderse como los síntomas de un cambio de ciclo, con la inevitable incertidumbre que comporta el saber que aquello que amamos tiene los días contados.



De ahí a hablar del futuro del cine en tanto que arte no hay más que un paso. Porque el avispado Assayas, que ha elegido a un editor (Guillaume Canet) y a un novelista (Vincent Macaigne) en horas bajas como protagonistas de su historia, podría perfectamente haber abordado el tema con tan sólo cambiar un par de palabras de su propio guion. Concretamente, cuando el personaje de Pascal Greggory se asombra de que la gente prefiera leer los libros en el móvil y no en papel. ¿Acaso no ocurre lo mismo con las pelis?

De todas formas, conviene no perder de vista que Doubles vies es una comedia y que, por lo tanto, las cuitas de Alain (el librero adúltero), Selena (Juliette Binoche), Léonard (el escritor que se resiste a admitir sus traumas llamándolos autoficción) y Valérie (Nora Hamzawi) deberían hacernos sonreír más que preocuparnos. A fin de cuentas, quienes se tomen la molestia de ir a ver un filme de estas características —es decir: los que aún compran cedés (¡o vinilos!), prefieren disfrutar del cine en pantalla grande o de la lectura en letra impresa— ya son plenamente conscientes de formar parte de una especie en vías de extinción. O no.


viernes, 26 de enero de 2018

C'est la vie (2017)




Título original: Le sens de la fête
Directores: Olivier Nakache y Éric Toledano
Francia/Canadá/Bélgica, 2017, 117 minutos

C'est la vie (2017)


Se equivoca Lluís Bonet Mojica cuando, en La Vanguardia de hoy, califica a C'est la vie de "pirueta comercial". En eso y en recordar por enésima vez el ya cansino sonsonete de que Nakache y Toledano fueron también los directores de Intocable. Porque si uno se para a pensar, bajo esa apariencia de screwball comedy hilarante con música de Avishai Cohen se esconden momentos de una conmovedora belleza rayana en lo tragicómico: pobres diablos que se esfuerzan en vano en aparentar el caché que nunca tendrán, sus personajes forman un heterogéneo grupo dedicado, con más pena que gloria, a la organización de banquetes de boda.

Encabeza el reparto Max (Jean-Pierre Bacri), ese hombre hastiado de un trabajo que no le gusta y a quien Josiane (Suzanne Clément), su compañera y amante, le ha dado un ultimátum: o deja de una vez por todas a su mujer para estar con ella o lo suyo se terminó. El fotógrafo Guy (Jean-Paul Rouve) tiene en común con su amigo Max el hecho de pertenecer a una generación analógica a la que ya hace rato que se les pasó el arroz, puesto que ni el uno ni el otro saben manejarse adecuadamente con las nuevas tecnologías: si el uno no se aclara con el corrector automático a la hora de enviar un WhatsApp, dando lugar a más de una situación embarazosa, el otro ni siquiera sabe lo que es una app...



No son los únicos desplazados: vestido con un lamentable pantalón de pijama cuando no está de servicio, al camarero Julien (Vincent Macaigne) le cuesta aceptar que ya no es profesor, razón por la que tal vez se dedica a corregir continuamente a todo el mundo. Como también resulta enormemente patético James (Gilles Lellouche), cantante de orquesta cuyo verdadero nombre es Étienne y que lo mismo canta en italiano que en portugués que en el idioma que haga falta (por supuesto, todos en su vertiente macarrónica). Se lleva a matar con Adèle (Eye Haidara), la temperamental asistente de Max, aunque ya se sabe que los que se pelean se acaban deseando y ellos no parece que vayan a ser una excepción a dicha regla. Por último, Pierre (Benjamin Lavernhe) es el arrogante novio que aburrirá a los comensales con un inacabable discurso tan pedante como soporífero.

Es, precisamente, cuando vemos a Pierre avanzar por los aires, en el momento álgido de su performance, que el espectador cobra conciencia del verdadero alcance dramático de ese grupo humano: "Y en el mundo, en conclusión, / todos sueñan lo que son, / pero ninguno lo entiende". Le sens de la fête, título original del filme, nos muestra el gran teatro de la vida, donde cada uno interpreta su papel como buenamente puede y aun arriesgándose a que todo se vaya a pique en cualquier momento. Suerte que la pareja de tamiles que forma parte de la plantilla hará las delicias de los novios con un improvisado espectáculo que viene a demostrar lo ridículo de los sofisticados preparativos en plan rococó (con palacio versallesco y lacayos con peluca empolvada) que habían planificado con tanto esmero.


jueves, 29 de diciembre de 2016

Las inocentes (2016)




Título original: Les innocentes/Niewinne/Agnus Dei
Directora: Anne Fontaine
Francia/Polonia, 2016, 115 minutos

Las inocentes (2016) de Anne Fontaine


Tras el éxito de películas como Ida (Pawel Pawlikowski, 2013) o La religiosa (Guillaume Nicloux, 2013) nos llega ahora Las inocentes, coproducción francopolaca ambientada en un convento de monjas justo al acabar la IIª Guerra Mundial. Curiosamente, se da la circunstancia de que la actriz Agata Kulesza, que en Ida interpretaba el personaje de Wanda, es ahora una madre abadesa con enormes dificultades para saber gestionar una atroz situación que la desborda.

Porque en ese convento son muchas las novicias que han quedado embarazadas de resultas de las crueles violaciones a las que se han visto sometidas, de forma sistemática, por parte de soldados soviéticos. Inmenso dolor al que habrá que añadir la rigidez de unos preceptos que acabará derivando, en no pocas de ellas, en complicados casos de conciencia de muy difícil solución. Porque fe y maternidad no eran, a priori, realidades compatibles para dichas mujeres.



En una encrucijada similar se encuentra la joven doctora francesa Mathilde Beaulieu (interpretada por Lou de Laâge), teniendo en cuenta que el código deontológico de los profesionales de la medicina puede llegar a ser tan o incluso más estricto que el de las propias religiosas. De hecho, como facultativa de la Cruz Roja, Mathilde está obligada a atender únicamente a los ciudadanos franceses supervivientes de los campos de exterminio nazi. Con lo que al implicarse en el auxilio de las hermanas benedictinas también está, de alguna manera, faltando a sus "votos".

Es, en definitiva, Las inocentes una película muy de mujeres, de camaradería femenina frente a la adversidad. A decir verdad, los papeles masculinos quedan relegados a simples comparsas: el doctor judío Samuel (Vincent Macaigne), el Coronel (Pascal Elso)... son apenas los únicos hombres con un rol más o menos relevante que intervendrán (amén de los rudos soldados rusos, cuya aparición en pantalla es meramente puntual).


jueves, 24 de septiembre de 2015

Edén (2014)




Directora: Mia Hansen-Løve
Francia, 2014, 131 minutos

Edén (2014) de Mia Hansen-Løve


If in death I am dead,
then in life also
dying, dying...
And the women cry and die.

"The Rhythm" - Robert Creeley

Después de Tout est pardonné (2007), Le père de mes enfants (2009) y Un amour de jeunesse (2011), la joven cineasta francesa Mia Hansen-Løve contraataca de nuevo con Edén, una historia sobre un DJ parcialmente inspirada en la vida de su hermano Sven, coguionista junto con ella del film.

Todo comienza en 1992, cuando Paul Vallée (interpretado por Félix de Givry, en lo que representa su segunda incursión cinematográfica tras su debut en Después de mayo) frecuenta con sus amigos las fiestas rave. Inmediatamente Stan (Hugo Conzelmann) y Paul decidirán formar Cheers, su propio dúo de música electrónica. A lo largo de veinte años, asistiremos a los avatares de su carrera, repleta de altibajos tanto a nivel personal como profesional.

En el terreno afectivo, la vida de Paul es de una inestabilidad notable, pues no solamente cambia de pareja bastante a menudo sino que también se distancia de su familia. Dotado para la escritura, abandonará sin embargo su tesina.

Mientras tanto, Cheers parece funcionar bastante bien y sus miembros llegarán incluso a pinchar en el PS1 de Nueva York. Pero el tiempo pasa y con él las modas: Paul no sabrá renovarse y llegará un momento en el que, abrumado por las deudas, tocará fondo, a lo cual habrá que sumar su coqueteo con las drogas.

Edén refleja todo un periodo de la música moderna y, aunque el metraje sea un tanto excesivo y a nivel de guion uno pueda sentirse en ocasiones un tanto desorientado, lo cierto es que en su tramo final la película mejora.


Paul Vallée (Félix de Givry) pinchando en Nueva York
Los Daft Punk

miércoles, 18 de marzo de 2015

2 otoños, 3 inviernos (2013)




Título original: 2 automnes, 3 hivers
Director: Sébastien Betbeder
Francia, 2013, 91 minutos

Treintañeros desorientados

2 otoños, 3 inviernos (2013)


A simple vista, 2 otoños, 3 inviernos no parecería el mejor de los títulos posibles, habida cuenta de que la última película de los hermanos Dardenne se titula Dos días, una noche. Sin embargo, el film del francés Sébastien Betbeder (Pau, 1975) se estrenó justo un año antes que el protagonizado por Marion Cotillard: en mayo de 2013 el primero y en el mismo mes, pero de 2014, el segundo. Luego es a los belgas a quienes debería acusarse de falta de originalidad.

Aunque no son estos detalles tiquismiquis los realmente destacables en este caso sino el hecho de constatar cómo, poco a poco y de un tiempo a esta parte, se va haciendo evidente en el último cine galo una cierta tendencia a intentar recuperar la frescura por la que en su día descollaron los directores de la Nouvelle vague. Títulos como, por ejemplo, Declaración de guerra (2011), La fille de nulle part (2012), La chica del 14 de julio (2013) o este mismo 2 otoños, 3 inviernos son inmejorable prueba de ello.

En la película que ahora nos ocupa Arman (Vincent Macaigne)  toma la determinación, a los 33 años, de darle un giro radical a su existencia. Así pues, los fines de semana sale a correr por el parque, decide dejar el tabaco y se propone buscar un empleo mejor. Entretanto se cruzará en su camino Amélie (Maud Wyler), una chica que también ha optado por hacer ejercicio los sábados. A lo largo de los dos otoños y tres inviernos que reza el título, las vidas de Amélie, Arman y su amigo Benjamin (Bastien Bouillon) se entremezclarán, repletas de un sinfín de escollos que deberán ir sorteando con mayor o menor fortuna.



El planteamiento de la historia, a modo de piezas numeradas y con su propio título (como si se tratara de un puzle) es atrevido si se lo compara con las tendencias al uso, aunque no novedoso. Quizá de ahí las diversas citas cinéfilas que contiene la película: se incluye un fragmento de La salamandra de Alain Tanner y otro de La noche de los muertos vivientes de George A. Romero; el protagonista tiene colgado en casa un cartel de Cuatro noches de un soñador de Robert Bresson... ¿Declaración de principios sobre la tradición cinematográfica con la que se pretende conectar? ¿O más bien caricatura de los gustos fílmicos de unos treintañeros que no han sabido encontrar su lugar al llegar a la edad adulta? Probablemente, lo uno y lo otro.

En todo caso, mientras ni aquí ni en casi ninguna parte se apueste por un tipo de cine más arriesgado y se siga insistiendo con denuedo en complacer por sistema al espectador, habrá que celebrar que al menos nos lleguen de vez en cuando propuestas algo más audaces desde el país vecino. Ya lo dijo Woody Allen en el desenlace de Un final made in Hollywood alzando los brazos al cielo: "Thank God the French exist!!" ("¡Gracias a Dios que existen los franceses!")

Benjamin y Arman: ¿treintañeros o tardoadolescentes?