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miércoles, 17 de junio de 2026

Inexorable (2021)




Director: Fabrice du Welz
Bélgica/Francia, 2021, 98 minutos

Inexorable (2021) de Fabrice du Welz 


Marcel Bellmer (interpretado magistralmente por Benoît Poelvoorde) es un escritor que sufre un agudo bloqueo creativo tras el éxito de su primera novela. En busca de paz e inspiración, Marcel se muda junto a su esposa y editora Jeanne (Mélanie Doutey) y su hija pequeña a la majestuosa y aislada mansión familiar de ella. Pero la frágil estabilidad de la familia se tambalea con la llegada de Gloria (Alba Gaïa Bellugi), una joven misteriosa, tímida y de mirada penetrante que se obsesiona rápidamente con Marcel y logra introducirse en la casa como niñera. Aunque lo que parece el inicio de un caso de "atracción fatal" pronto se revela como una trampa mucho más profunda, donde los secretos del pasado reclaman su deuda...

Dirigida por el belga Fabrice du Welz —un auténtico maestro del cine europeo de género y pieza clave del llamado "Nuevo Extremismo", con títulos en su haber como Calvario (2004) o Alléluia (2014)—, Inexorable (2021) es un thriller psicológico asfixiante que rinde homenaje a los clásicos de invasiones domésticas de los años 90, si bien con ese toque turbio, visceral y desasosegante tan propio de su director. Por eso rehúye los caminos más predecibles de Hollywood, evitando el susto fácil y el morbo gratuito. En su lugar, du Welz cocina el conflicto a fuego lento, construyendo una atmósfera de paranoia claustrofóbica dentro de un espacio gigantesco.



A nivel actoral, el peso de la película recae sobre un triángulo impecable. Acostumbrado a menudo a la comedia, Benoît Poelvoorde ofrece aquí una actuación descarnada, transmitiendo a la perfección el patetismo de un hombre, atrapado en su propia mentira, que se desmorona bajo el peso de la impostura. En cambio, Alba Gaïa Bellugi, como Gloria, es el verdadero motor de la inquietud. Su interpretación es fascinante, ya que transita con suma sencillez entre la vulnerabilidad de una niña herida y la fría determinación de una psicópata implacable. Por último, ​Mélanie Doutey aporta un cierto toque aristocrático, completando así el ecosistema familiar que ya estaba roto antes de que irrumpiera la amenaza externa.

Visualmente, la película se beneficia de la fotografía de Manuel Dacosse (colaborador habitual de du Welz), quien utiliza una paleta de colores otoñales, sombríos y texturas analógicas que hacen que la mansión se sienta como un mausoleo vivo en el que la cámara persigue a los personajes a través de pasillos interminables, generando una sensación constante de que alguien acecha desde las sombras. Cualidades que, en definitiva, no reinventan el género, pero que confirman hasta qué punto un planteamiento predecible puede resultar absolutamente fascinante cuando el responsable, como du Welz, es un cineasta con pulso de hierro.



martes, 16 de junio de 2026

El dosier Maldoror (2024)




Título original: Maldoror
Director: Fabrice du Welz
Bélgica/Francia, 2024, 155 minutos

El dosier Maldoror (2024) de Fabrice du Welz 


La más reciente obra del director belga Fabrice du Welz supone un descenso a los infiernos de la condición humana, así como el retrato implacable de un caso de negligencia institucional. Inspirada libremente en el infame asunto Dutroux, el escándalo de pederastia que sacudió los cimientos de Bélgica en los años 90, Maldoror (2024) evita el morbo fácil del true crime convencional para desarrollarse como un thriller obsesivo, asfixiante y moralmente devastador. 

La trama sigue a Paul Chartier (interpretado con intensidad magnética por Anthony Bajon), un joven e idealista gendarme asignado a una unidad secreta cuya misión es vigilar a un peligroso depredador sexual que acaba de salir en libertad condicional. Pero cuando dos niñas desaparecen, la investigación se convierte para Chartier en una obsesión absoluta. Sin embargo, el verdadero enemigo no es sólo el monstruo que opera en las sombras, sino una burocracia disfuncional, la guerra de egos entre diferentes cuerpos policiales y una incompetencia sistémica que sabotea cada intento de hacer justicia. Por eso, a medida que el sistema le falle a las víctimas, Chartier iniciará una cruzada solitaria que amenaza con destruir su propia cordura.



Aun así, du Welz no busca el impacto a través de la violencia explícita, sino que el horror radica en lo que se intuye, en una atmósfera densa y en la frustración burocrática. En ese sentido, el director retrata al antagonista no como una mente maestra del crimen, sino como un ser mediocre, miserable y desagradable que logra operar impunemente porque el sistema que debería detenerlo está roto. Lo cual deja entrever una evidente crítica institucional, ya que la película es un reflejo feroz de cómo la falta de comunicación entre la gendarmería y la policía nacional, sumada a la complacencia política, costó vidas humanas.

Aunque el peso emocional recae sobre los hombros de Anthony Bajon. Su transformación física y psicológica a lo largo del metraje es brutal, pues pasa de ser un joven recluta lleno de esperanza a un hombre consumido por la rabia, con la mirada vacía de quien ha mirado demasiado tiempo al abismo. En cambio, el reparto secundario (que incluye, entre otros, a Laurent Lucas, un habitual de du Welz, y Sergi López) aporta una solidez tremenda, construyendo un microcosmos de personajes grises donde nadie es completamente inocente. El resultado es un largometraje denso, doloroso y profundamente perturbador que emparenta con el David Fincher de Zodiac (2007) o el Denis Villeneuve de Prisoners (2013) y cuyo título (una referencia a la maldad inherente en Los cantos de Maldoror del Conde de Lautréamont) hace justicia a la obra: un viaje cinematográfico impecable sobre cómo el intento de combatir a los monstruos puede terminar por convertirnos en uno de ellos.



lunes, 3 de febrero de 2020

Volando juntos (2019)




Título original: Donne-moi des ailes
Director: Nicolas Vanier
Francia/Noruega, 113 minutos, 2019

Volando juntos (2019) de Nicolas Vanier


A fuerza de abusar de ella, la frase "Basado en una historia real…" ha terminado por convertirse, paradójicamente, en una coletilla que precede a las películas más inverosímiles que uno pueda imaginar. Y eso es justo lo que le ocurre a Donne-moi des ailes, cinta francesa enmarcada en el habitual ecologismo de salón que tan buenos réditos acostumbra a proporcionar a las producciones concebidas para disfrute de toda la familia.

Thomas (Louis Vazquez) es el típico adolescente, adicto a los videojuegos y perpetuamente enganchado a su teléfono móvil. Fuera de si el lugar en el que se encuentra dispone o no de conexión wifi, nada parece interesarle lo más mínimo. Hasta el día en que su madre lo manda a la Camarga para pasar las vacaciones en compañía de su padre (Jean-Paul Rouve), un biólogo extravagante obsesionado con la idea de salvar de la extinción a los gansos salvajes.



A partir de ese momento, todo lo demás vendrá rodado: Thomas accede a embutirse en la tela de saco que utiliza su padre para que los polluelos le sigan, les toma cariño, aprende a pilotar un ultraligero y, emulando El maravilloso viaje de Nils Holgersson (que, de repente, se convierte en su libro de cabecera), vuela hasta Noruega sin escalas, ida y vuelta. Vamos: que lo de Lindbergh, a su lado, fue una minucia…

Por último, y para que el "milagro" sea todavía más increíble, el chaval lo peta en las redes sociales, medio mundo lo aclama y la otra mitad (integrada por los políticos y autoridades que, en principio, se oponían a la gesta por considerarla un atentado contra la salud pública) se desdicen de sus críticas y/o impedimentos legales para acoger al padre como a un héroe (y no como a un embustero que falsificó los permisos para tirar adelante con su heroica cruzada animalista). Por supuesto, los padres de Thomas se reconcilian (como no podía ser menos) y, he ahí la guinda a tantos lugares comunes, se cierra la película con otro topicazo, esta vez en forma de proverbio indio: “No heredamos la tierra de nuestros ancestros, sino que la tomamos prestada de nuestros hijos…”


sábado, 21 de noviembre de 2015

Conexión Marsella (2014)




Título original: La French
Director: Cédric Jiménez
Francia/Bélgica, 2014, 135 minutos

« Il faut que justice soit faite... »

Conexión Marsella (2014) de Cédric Jiménez: elenco protagónico


Si hace cuatro años era Olivier Marchal quien dirigía una película centrada en las andanzas de la mafia en Lyon (Los lioneses, 2011), le llega ahora el turno a Cédric Jiménez con Conexión Marsella, ambientada en dicha ciudad entre los años 1975 y 1981. Se trata de uno de los periodos más convulsos de la historia del crimen organizado, ya llevado en su día a la pantalla por William Friedkin a través de la mítica The French Connection (1971).

Basada en personajes reales, Conexión Marsella recrea la campaña que el juez Pierre Michel (Jean Dujardin) emprendió contra el emporio de la droga que controlaba Gaëtan "Tany" Zampa (Gilles Lellouche). Empresa nada fácil, teniendo en cuenta que los tentáculos de la organización se extendían desde el Ayuntamiento hasta altos cargos de la policía, lo que, a la hora de la verdad, convertía a Zampa en prácticamente un intocable.

Pero, aun a riesgo de poner en peligro su integridad y la de su familia, los métodos de Michel (que le valdrán el apodo de cowboy) darán poco a poco sus frutos y el cerco alrededor de los laboratorios clandestinos que depuraban la heroína antes de mandarla a Nueva York se irá estrechando.

Aparte de los ya mencionados Dujardin y Lellouche, son varios los actores del reparto que merece la pena destacar. Tal es el caso, por ejemplo, de Benoît Magimel, quien en su papel de gánster apodado el Loco representa la típica deserción del otrora fiel servidor. O el veterano Féodor Atkine, que se atreve a encarnar a Gaston Defferre, el que fuera alcalde socialista de Marsella durante infinidad de años (y que en el film es presentado como un político corrupto sin ambages). Guillaume Gouix interpreta al joven agente José Álvarez, uno de los pocos que se mantiene insobornable dentro del cuerpo. Nada que ver con Gérard Meylan: habitual de la filmografía de otro marsellés ilustre (Robert Guédiguian) da vida a Ange Mariette, una verdadera manzana podrida. En cuanto a los roles femeninos, cabe señalar la presencia de Mélanie Doutey como esposa de Zampa (curiosamente, en la vida real ella y Lellouche fueron pareja y tienen una hija en común) y, sobre todo, la de Céline Sallette como mujer del juez Michel.

Por lo demás, se podrán encontrar en Conexión Marsella los tópicos habituales de este tipo de películas: tiroteos a mansalva, persecuciones en coche (y en moto), drogas, corrupción, violencia, traiciones y una banda sonora repleta de canciones que marcaron época.

El director Cédric Jiménez dando indicaciones a Jean Dujardin