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martes, 30 de abril de 2019

Vivir deprisa, amar despacio (2018)




Título original: Plaire, aimer et courir vite
Director: Christophe Honoré
Francia, 2018, 132 minutos

Vivir deprisa, amar despacio (2018)
de Christophe Honoré


Plaire, aimer et courir vite arranca con unos créditos en los que, un poco a la antigua usanza, apenas se consigna el apellido de los distintos profesionales que han trabajado en la película: Chevrin, Hymans, Honoré... Primer indicio de una cierta voluntad vintage que se respira a lo largo de todo el filme, cuya acción se sitúa en 1993, y motivo por el que la pareja protagonista se conoce durante la proyección de un título tan significativamente asociado a aquella época como El piano de Jane Campion.

También la sombra del sida planea amenazadora sobre el relato, recuerdo de la epidemia que fue y del estigma que marcó a toda una generación. Porque, entre bromas y veras, con su habitual estilo desenfadado, Christophe Honoré hace balance de lo que supuso su juventud en aquel París de los noventa, al que llegó siendo un muchacho de provincias dispuesto a dejarse deslumbrar por el encanto de la ciudad de las luces y los placeres de la vida mundana.



Arthur (Vincent Lacoste) es su alter ego en la ficción, motivo por el que el director proyecta sobre el personaje algunas de sus obsesiones más recurrentes, como cuando, al visitar el cementerio de Montmartre, le hace sentarse junto a la tumba de François Truffaut (1932-1984) o la del dramaturgo Bernard-Marie Koltès (1948-1989), de quien después se citarán unas palabras en algún momento del diálogo.

Jacques (Pierre Deladonchamps) representa, en cambio, el desencanto de la madurez y, por ende, al Honoré de hoy en día: el que echa la vista atrás para, lejos de lamentarse por los errores del pasado, proclamar a los cuatro vientos lo que dice la letra de "Les gens qui doutent", una vieja canción de Anne Sylvestre (incluida en la banda sonora) que parece escrita a propósito para la ocasión: « J'aime ceux qui paniquent / Ceux qui sont pas logiques / Enfin, pas 'comme il faut' [...] Même s'ils passent pour des cons ».


martes, 9 de abril de 2019

Mentes brillantes (2018)




Título original: Première année
Director: Thomas Lilti
Francia, 2018, 92 minutos

Mentes brillantes (2018) de Thomas Lilti


Thomas Lilti, el cineasta que iba para galeno, tiene nueva película. Que, como ya viene siendo habitual en él, gira en torno a un tema que conoce al dedillo: en este caso, el de la ardua preparación a la que deben someterse quienes aspiran a cursar la carrera de Medicina (de hecho, ése es el título original en francés del filme: Première année). A este paso, y tras haber dirigido Hipócrates (2014), convertida después en serie de televisión, y Un doctor en la campiña (2016), Lilti va camino de aburrir a propios y extraños a base de estrujar hasta el empalago siempre el mismo asunto.

En el caso particular de Mentes brillantes (absurdo título con el que el filme ha sido rebautizado aquí en España) la historia se centra en dos estudiantes, Antoine (Vincent Lacoste) y Benjamin (William Lebghil), cuyas respectivas capacidades de aprendizaje son tan opuestas como complementarias. El primero, inseguro y taciturno, pretende compensar su indecisión empollando a todas horas; el otro, en cambio, afronta con mayor serenidad el reto de superar el examen de ingreso. Resultado: mientras que Benjamin sale más o menos airoso del lance, Antoine quedará expuesto a sucesivas crisis de ansiedad al no ver recompensado con buenas notas su ingente esfuerzo.



Que Thomas Lilti tira de experiencias autobiográficas a la hora de escribir sus guiones queda fuera de dudas, toda vez que tanto el protagonista de la ya mencionada Hipócrates así como el de la película que nos ocupa se llaman igual, lo cual llevaría a pensar que Benjamin bien pudiera ser una especie de trasunto del propio director.

Sea como fuere, el tal Lilti hace gala de una similar caligrafía en todos sus trabajos. Algo que puede apreciarse desde la elección de los actores (Lacoste es la segunda vez que trabaja a sus órdenes) hasta en las canciones que incluye en la banda sonora: si Médecin de campagne contenía la desgarradora "Wild Is The Wind" interpretada por Nina Simone, en Première année se sirve de un hit pachanguero de Donna Hightower ("This World Today Is A Mess") para subrayar la idea de que ni la vida ni los estudios conviene tomárselos excesivamente en serio.


lunes, 4 de septiembre de 2017

Los casos de Victoria (2016)




Título original: Victoria
Directora: Justine Triet
Francia, 2016, 97 minutos

Los casos de Victoria (2016)


Es tanta la sutileza de lo que se propone mostrar la directora Justine Triet con su segundo largometraje (La bataille de Solférino había sido el primero, en 2013) que difícilmente podía llegar a buen puerto: una comedia que es un drama y, al mismo tiempo, una película de juzgados en la que también intervienen animales y niños... Ummm... Demasiadas cosas a la vez. Ya se sabe: quien mucho abarca...

Que la bella Victoria (Virginie Efira) es un caos de mujer salta enseguida a la vista, pero de ahí a llamarla "superheroína de los tiempos modernos", como reza el cartel promocional de la película, media un abismo. ¿Por qué debería ser merecedora de tal apelativo una abogada divorciada que apenas se ocupa de sus dos hijas, que recibe en su habitación a desconocidos con los que contacta a través de internet mientras las niñas juegan en la sala de estar con el canguro de turno?



Bueno, claro: es que para los integrantes de la generación Y eso de ser desorganizado es el summum de la fascinación y, por más que la protagonista pretenda hacernos creer que busca un poco de estabilidad en su vida, lo cierto es que a buen seguro que, para muchos, el atractivo principal de Los casos de Victoria será verla a ella fluctuando en ese apartamento desordenado, ora riendo ora desmayándose.

Una boda que acaba con la novia acusando al novio de apuñalarla; un dálmata y un chimpancé testificando en el ulterior juicio; un litigio paralelo en el que Victoria acusa a su ex de difamarla aireando intimidades en un blog... Ciertamente, Hawks, Wilder o Leo McCarey habrían hecho maravillas con unos ingredientes tan disparatados, no así una directora carente de la agudeza de aquellos grandes maestros.


lunes, 25 de julio de 2016

Lolo, el hijo de mi novia (2015)




Título original: Lolo
Directora: Julie Delpy
Francia, 2015, 99 minutos



¿Qué ocurriría si mezclásemos al protagonista de Tanguy (Étienne Chatiliez, 2001) con Damien, el niño de La profecía (Richard Donner, 1976)? Esa misma pregunta es la que debió hacerse Julie Delpy a la hora de planificar su última película. ¡Pero qué inteligente es esta chica! En Lolo vuelve a demostrarnos una vez más, y ya van unas cuantas, que tiene un don especial para la comedia ácida. Y si encima le añadimos la vis cómica de Dany Boon el resultado es irresistible.

Porque a la típica comedia familiar basada en los conflictos intergeneracionales Lolo le añade un puntito de mala leche que roza la perversidad. Y sus personajes, además, con la salvedad del ingenuo Jean-René (Boon), tampoco es que tengan pelos en la lengua, precisamente: Violette (Delpy) y Ariane (Karin Viard) representan a la perfección a ese tipo de mujer que, habiendo superado el ecuador de la cuarentena, están ya de vuelta de todo (como pone de manifiesto, por ejemplo, la franqueza con la que hablan de sexo). Separadas y con hijos adolescentes, su objetivo es, por tanto, llenar el vacío de sus vidas sentimentales, aunque sin calentarse demasiado la cabeza.

Pero en el caso de la hipocondríaca Violette la cosa no acaba de funcionar y es ahí donde radica el meollo de la trama. ¿Tendrá algo que ver su adorado hijo/artista Lolo (Vincent Lacoste)...?

Tras protagonizar Hipócrates, Vincent Lacoste es ahora Lolo


Sin embargo, y aparte de lo cruel que puede llegar a ser un hijo malcriado, el filme satiriza asimismo muchos más aspectos, como el cinismo de los progres parisinos o la impericia provinciana de Jean-René. Con la guinda, por otra parte, de alguna que otra aparición estelar.


jueves, 24 de septiembre de 2015

Edén (2014)




Directora: Mia Hansen-Løve
Francia, 2014, 131 minutos

Edén (2014) de Mia Hansen-Løve


If in death I am dead,
then in life also
dying, dying...
And the women cry and die.

"The Rhythm" - Robert Creeley

Después de Tout est pardonné (2007), Le père de mes enfants (2009) y Un amour de jeunesse (2011), la joven cineasta francesa Mia Hansen-Løve contraataca de nuevo con Edén, una historia sobre un DJ parcialmente inspirada en la vida de su hermano Sven, coguionista junto con ella del film.

Todo comienza en 1992, cuando Paul Vallée (interpretado por Félix de Givry, en lo que representa su segunda incursión cinematográfica tras su debut en Después de mayo) frecuenta con sus amigos las fiestas rave. Inmediatamente Stan (Hugo Conzelmann) y Paul decidirán formar Cheers, su propio dúo de música electrónica. A lo largo de veinte años, asistiremos a los avatares de su carrera, repleta de altibajos tanto a nivel personal como profesional.

En el terreno afectivo, la vida de Paul es de una inestabilidad notable, pues no solamente cambia de pareja bastante a menudo sino que también se distancia de su familia. Dotado para la escritura, abandonará sin embargo su tesina.

Mientras tanto, Cheers parece funcionar bastante bien y sus miembros llegarán incluso a pinchar en el PS1 de Nueva York. Pero el tiempo pasa y con él las modas: Paul no sabrá renovarse y llegará un momento en el que, abrumado por las deudas, tocará fondo, a lo cual habrá que sumar su coqueteo con las drogas.

Edén refleja todo un periodo de la música moderna y, aunque el metraje sea un tanto excesivo y a nivel de guion uno pueda sentirse en ocasiones un tanto desorientado, lo cierto es que en su tramo final la película mejora.


Paul Vallée (Félix de Givry) pinchando en Nueva York
Los Daft Punk

miércoles, 13 de mayo de 2015

Hipócrates (2014)




Título original: Hippocrate
Director: Thomas Lilti
Francia, 2014, 102 minutos

"Ce n'est pas un métier, médecin, c'est une espèce de malédiction"

Hipócrates (2014) de Thomas Lilti


Hemos visto tantas series americanas de médicos guaperas, desde Urgencias hasta House, con sus sofisticados quirófanos tan alejados de nuestra realidad cotidiana que, de repente, sorprende que una película como Hipócrates nos recuerde sin ambages lo cutres que suelen ser por aquí los hospitales de la sanidad pública.

No en vano, su director (el francés Thomas Lilti, 1976) es también médico generalista a la par que director de cine. Sabe, por tanto, de qué habla. Curiosamente, es asimismo (al igual que Benjamin, el protagonista de su segundo largometraje) hijo de un doctor. Que nadie se extrañe, pues, si Hipócrates (2014) está plagada de referencias autobiográficas, a las que a menudo habrá que sumar las ligadas (¿cómo no?) a los consabidos recortes que este y otros sectores han venido padeciendo en los últimos tiempos.

A este respecto, es interesante el tándem que forman Benjamin (Vincent Lacoste) y Abdel (Reda Kateb), ambos médicos residentes aunque con formas de ser y origen social sensiblemente distintos. De todas formas, ello no es óbice para que acaben conectando e incluso influyéndose mutuamente. Les une, a pesar de sus diferencias, una vocación sincera que les obliga a implicarse en su trabajo más allá de lo estrictamente profesional, a veces hasta salir perjudicados, sabedores de que sus pacientes son personas que sufren y por las que vale la pena luchar.

Abdel (Reda Kateb) y el Profesor Barois (Jacques Gamblin)


Así pues, la escena en la que el personal sanitario prácticamente se amotina contra los gerentes del hospital reivindicando una mejora en sus condiciones de trabajo es sencillamente admirable. En este sentido, el film pretende homenajear a algunos miembros de este colectivo. Thomas Lilti ha dicho: "Al principio no quería centrarme en Benjamin sino rendir homenaje a los médicos extranjeros que conocí durante mi trabajo en el hospital. Ellos son los que me enseñaron Medicina. Ellos son los que cubren los turnos de noche, los que están ahí cuando las cosas se ponen feas. Son extranjeros  de entre 35 y 45 años con mucha experiencia y con los que estableces vínculos de amistad y fraternidad". Y eso mismo es lo que ya hemos dicho que le acabará sucediendo al novato Benjamin con el argelino Abdel.

El médico griego del siglo V antes de Cristo que da título a la película nos legó un juramento público que hacen los que van a empezar sus prácticas con pacientes o se gradúan en medicina. De eso trata precisamente Hipócrates: de la ética como único camino para sacar a la medicina del marasmo en el que se encuentra en Francia y en tantos otros países del, en teoría, primer mundo europeo.

Benjamin (Vincent Lacoste)